La suerte es una de esas fuerzas invisibles que todos reconocemos, aunque pocos pueden definir con precisión. Algunos la imaginan como una energía casi mágica. No faltan quienes la descartan por completo, convencidos de que solo el esfuerzo personal explica los resultados de la vida. Sin embargo, lo cierto es que la suerte, o al menos el azar, tiene un papel más profundo del que solemos admitir.
Tener suerte no es tan simple como ganar la lotería: incluso para obtener ese “golpe de fortuna” hay que comprar el boleto. Del mismo modo, para aprovechar las oportunidades que aparecen, por más casuales que parezcan, es necesario estar atentos, preparados y con disposición a actuar. De allí la conocida frase: “a la suerte hay que ayudarla”.
Los ejemplos históricos lo ilustran: cuando la manzana cayó sobre Newton, él ya estaba reflexionando sobre la gravedad; cuando Arquímedes entró en su bañera, llevaba tiempo buscando una forma de calcular el volumen de agua desplazada por un cuerpo. El azar fue solo la chispa final de procesos largos de observación, pensamiento y disciplina.
La suerte, por tanto, necesita compañía: iniciativa, constancia, capacidad de tolerar la frustración y esfuerzo sostenido. Muchas veces confundimos la suerte con lo que simplemente es resultado de la perseverancia. Cuando alguien insiste, se sobrepone a las críticas y no se rinde ante los tropiezos, los demás llaman “buena suerte” a lo que, en realidad, es capacidad de aprovechar lo que se presenta. Como decía el productor cinematográfico Samuel Goldwyn: “La suerte es la capacidad de aprovechar las oportunidades que se presentan”.
Se suele decir que hay personas “con demasiada suerte” y otras marcadas por lo contrario. En realidad, factores como la inteligencia emocional y la tolerancia a la frustración influyen en cómo cada uno enfrenta las circunstancias. Hay quienes caen y se levantan más fuertes, y hay quienes se rinden en el primer tropiezo.
La buena suerte también requiere humildad: la capacidad de detectar oportunidades en detalles pequeños o en personas que podrían impulsarnos, pero que a veces despreciamos por considerarlas insignificantes.
También existen mitos y supersticiones alrededor de la suerte, cosas que atraen la buena fortuna o simplemente evitan lo malo. No hace daño caer en ellos de vez en cuando —muchos evitamos pasar bajo una escalera o cruzamos los dedos sin pensarlo—, pero no conviene dejar que esas creencias nos determinen ni confiar en una “estrella” que nos resuelva la vida. Al final, la existencia está hecha de lucha, esfuerzo, ensayo y error.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
www.dramendozaburgos.com
Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infanto-juvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.
Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.
Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.
Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.
La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.
Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.
Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.
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