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domingo, 26 de septiembre de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR. ODIOSAS COMPARACIONES

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

Las comparaciones son odiosas. Eso ya lo sabemos. Sin embargo, desoyendo nuestra voz interior, lo seguimos haciendo. Como padres, por ejemplo, tendemos a comparar a nuestros hijos, tanto entre ellos mismos como con el resto.

  

Sin darnos cuenta, lo que estamos haciendo es etiquetarlos en una serie de aspectos que deseamos para ellos sin contar con lo que son y lo que les gustaría ser. No les permitimos ser ellos mismos. De esa manera los convertimos en seres inseguros, con baja autoestima y con una relación en cierto modo conflictiva con los padres al punto de que puedan pensar que jamás llegarán a complacernos en su totalidad. 

 

Peor aún es cuando la comparación es entre hermanos, porque eso inevitablemente crea rivalidades y celos en la familia. En el afán de motivarlos, se les exige que sean iguales o mejores en ciertos aspectos y a lo mejor el hijo no está interesado o tiene otras cualidades. 

 

Uno puede sobresalir en el desarrollo físico y ser muy bueno en los deportes mientras que otro puede destacar en las matemáticas o literatura. “La personalidad comienza donde las comparaciones se terminan”, solía decir el genial diseñador alemán Karl Lagerfeld, que por años estuvo a cargo de la casa Chanel. 

 

El motivo de esta tendencia está relacionado con lo que hemos vivido culturalmente y eso explica por qué lo usamos como referencia de nuestras aspiraciones. Los latinos somos muy proclives a eso, incluso se extrapolan en artistas, deportistas y escritores. Así, con facilidad podemos decir que alguien es la Marilyn Monroe salvadoreña, el Messi cuscatleco o el Michael Jackson vernáculo. 

 

Como conglomerado de una cultura y valores latinos nos comparamos sobremanera con los sajones, teutones, nórdicos o cualquiera que nos pueda aventajar. Normalmente esa tendencia a usar la comparación la usamos también para sentirnos mejor con alguien que consideramos inferior.  A la larga es falta de seguridad en nosotros mismos.

 

Debemos reconocer que algún tipo de comparación podría no resultar nociva, sobre todo si no lo usamos como recurso trillado una y otra vez. Sin embargo, desgraciadamente siempre terminamos cayendo en la repetición, ya sea para ponderar o para minimizar. Y de repente entonces surgen frases como “Mira tu primo, obedece a su mamá y no protesta” o “deberías de aprender de Fulanito, que siempre trae buenas notas”. 

 

La psicóloga estadounidense Rebecca Schrag Hershberg, autora de The Tantrum Survival Guide, afirma que “vivimos en una cultura que fomenta la competencia y el individualismo sobre la comunidad y el colectivismo, y esto ciertamente no excluye a los padres”. Para ella, “siempre habrá otro niño que sea más inteligente, más atlético, más talentoso, más obediente que el tuyo, así como niños que no sean tan inteligentes, atléticos, talentosos y obedientes como el tuyo. Pero comparar a sus hijos con los demás nunca es una buena idea, y oponerse a esta tendencia requiere intencionalidad y práctica".

 

Podemos, en cambio, hablar de valores, actitudes que nos agradan o disgustan en general. Sobre ellos se puede tratar de percibir qué es lo que los define y qué les gustaría adquirir. En síntesis, aceptar tal cual son, disfrutando de sus virtudes y desafiando sus defectos. 

 

Por lo general, a cualquier joven las comparaciones le harán sentirse inseguro y dudoso de su identidad, lo que provocará una incomodidad para moverse en todos los ámbitos.

 

Lo bueno es que con una terapia adecuada esa inseguridad puede desaparecer con cierta facilidad.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

domingo, 1 de agosto de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR. VERGUENZA: PROS Y CONTRAS

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

 

“No tenga pena”. La frase, muy escuchada y repetida hasta el hartazgo, se replica como si bastaran esas simples palabras mágicas para controlar la vergüenza. No, definitivamente es algo más complejo. La vergüenza es parte tanto de la naturaleza animal como  humana.

Está muy conectada con los principios y valores, con el agrado o desagrado que causamos para nosotros mismos y para el resto. Por eso tememos  enfrentarnos al miedo, al juicio negativo de los otros y el propio.

 

Gran parte de esa pena interior es aprendida a través de la crianza. Y así, cuanto más represiva sea la crianza, mayor serán los sentimientos de vergüenza. Esta es una consecuencia lógica: la represión mina nuestra autoestima.

 

Definitivamente hay una relación entre la autoestima y la vergüenza. 

 

Lo que normalmente nos provoca vergüenza son aquellas situaciones en las cuales nos sentimos humillados y cuanto más personas se dan cuenta, mayor será el grado de la misma. Hacer algo incorrecto es una de ellas, ya sea de forma involuntarias o porque fue a propósito y alguien nos haya descubierto.  

 

Es curioso porque los seres humanos nacemos sin vergüenza. Esa sensación de pena la adquirimos a medida que crecemos. Esto ocurre entre los dos y tres años de vida, cuando el niño ya es consciente de sí y sabe que las personas que se encuentran a su alrededor consideran que algunos de sus comportamientos son impropios.  De hecho, no es casualidad que la gente suela desinhibirse con el alcohol o las drogas, porque precisamente esas sustancias provocan la pérdida de contacto con la realidad.   

 

Algo es seguro: la vergüenza condiciona nuestro actuar, y en muchos casos puede ser una mochila pesada de llevar.

 

Hay personas que pueden sentir excesivo temor a quedar en ridículo o a ser rechazados y debido a ello se aplican una especie de autocensura. Es decir, dejan de intentar muchas situaciones o actos en los cuales sienten que no darán el ancho y quedarán expuestos a la humillación.

 

Es cierto que la vergüenza nos evita, muchas veces, hacer el ridículo. Pero también es la excusa perfecta para evitar esforzarnos por intentar algo para lo cual al final hasta podemos ser muy buenos. 

 

Entonces se convierte en un lastre para nuestro desarrollo. Por ejemplo, cuando evitamos determinadas situaciones que realmente nos harían bien solo porque tenemos miedo a cometer un error y quedar expuestos.

 

Para eso es importante identificar si la nuestra es una vergüenza funcional o disfuncional. La primera es la que nos ayuda a evitar errores y protegernos en determinados contextos amenazantes. La otra, en cambio, es la que tiende a invadirlo todo para bloquearnos y no dejarnos progresar. 

 

Un buen ejemplo de cómo superar una vergüenza disfuncional es el caso de Demóstenes, gran orador griego, quien era tartamudo. Sin embargo, esa incapacidad no le paralizó ni le frustró. Todo lo contrario, se metía piedritas en la boca para practicar hasta lograr vencer su impedimento y llegar a ser un renombrado orador. Recordemos que la tartamudez aumenta con el temor y/o ansiedad de quedar mal al hablar. Por eso es importante, antes que nada, identificar cuáles son las cosas que nos dan vergüenza y trabajar en ellas. 

 

Puede ser hablar en público, bailar, ser más sinceros con los demás, etc. Si la vergüenza es debido a baja autoestima o temores infundados se puede mejorar muchísimo. 

 

Será más difícil cuando sea provocada por algo que realmente hemos hecho mal y queda en evidencia. El tiempo y el tratar de resolver la situación de la mejor manera posible también pueden ayudar.

 

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

 

sábado, 17 de julio de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: AMAXOFOBIA: LA PADECES?

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos


Probablemente no sea una de las patologías más famosas, pero la amaxofobia puede complicarnos la vida, precipitar nuestras ansiedades y desafiar nuestro autoestima hasta bloquearnos mentalmente.

Del griego “amaxos” (carro) y “phobos” (miedo), se trata del temor irracional que muchos sufren al conducir un vehículo. 

 

Tampoco es casualidad que esta particular fobia la sufran más las mujeres que los hombres. La cultura machista y tercermundista de Latinoamérica imposibilita acabar con el paradigma del slogan “mujer al volante, peligro constante”. Por lo tanto, ese tipo de etiquetas no hace más que transmitirles miedo e inseguridad.    

 

En España, la Fundación CEA comprobó que la amaxofobia es un problema al que tiene que hacer frente más del 28% de los conductores. Dentro de ese universo, el 55% son mujeres frente al 45% de los hombres. Además, el estudio afirma que es un problema que tiende a agravarse con la edad.

 

Aquí pareciera que subirse a un automóvil y manejar equivale a subirse a un ring de boxeo y pelear por sobrevivir en un mundo agresivo y sin reglas, donde todo vale.

 

 Por eso el miedo podría ser una respuesta lógica ante semejante escenario y predispone a la persona al punto de ver peligro donde no lo hay.

Alguien que padece amaxofobia no solo sobrestima el peligro que podría tener enfrente sino que además subestima sus propias capacidades para conducir. Y eso le anula y le limita, provocando pánico y descontrol a través de sudores, vértigos, mareos, taquicardias, depresión y agarrotamiento muscular. 

 

Según estadísticas globales, uno de cada 9 conductores tienen episodios de ansiedad al volante, y uno de cada 5 deja de conducir a causa de ello. 

 

En muchos casos, el origen de la fobia está relacionado con experiencias pasadas negativas, especialmente si han protagonizado accidentes viales traumáticos. Sin embargo, también hay gente primeriza que no desea tomar esa responsabilidad con todos los riesgos que conlleva.  

 

También influye la manera en que aprendimos a manejar. Es importante que quien nos enseña nos infunda no solo conocimiento sino también seguridad. Curiosamente, aquellos que aprenden a conducir solos son los menos temerosos.

 

Si bien conducir un vehículo es algo sencillo, lo que a veces provoca temor es la peligrosidad que representa la interacción con otros choferes en un ambiente caótico, la estrechez de las calles, la mala señalización, la imprudencia y/o el exceso de peatones. En ese sentido, la persona con miedo que inevitablemente está obligada a conducir tiene muchas más posibilidades de sufrir un accidente: sus reacciones tenderán a ser más lentas e inseguras. 

A pesar de todo, muchos de estos problemas se pueden resolver practicando hasta ir soltándose y tomando confianza. Pero si ya es parte de una fobia desarrollada, el panorama es más complicado, en ese caso requerirá una terapia más a fondo con técnicas cognitivo conductuales y relajación.


Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.

sábado, 8 de mayo de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: PADRES QUE ODIAN

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

Es bastante común escuchar a hijos que odian a sus padres, y las razones pueden ser múltiples. Sin embargo, es difícil encontrar procesos inversos. 

Es decir, padres que odian a sus hijos. Difícil, pero no imposible… Por supuesto que se puede rechazar a un hijo y hay un abanico de posibles argumentos: nos recuerda a alguien no querido, pensamos que puede quitarnos el amor de pareja o porque verdaderamente ha incurrido en una falta grave, entre otros.

 

El sentimiento surge del amor entrelazado con la vergüenza por sentir esa emoción. “Este proceso tiene una base científica, ya que el amor y el odio comparten los mismos circuitos cerebrales”, explica en su libro el psicólogo británico Simon Baron-Cohen.

 

La intensidad y algunas razones probablemente dependerá de la edad de los hijos, pero la animadversión puede ser producto de una violación o de una relación romántica de la cual ya no deseamos ni acordarnos. Cuando ocurre que el odio puede ocasionar daño -incluso físico- en un hijo. “Amor y odio son dos emociones intensas que circulan en dirección contraria por la misma carretera”, agrega Baron-Cohen.

 

Un buen ejemplo de una relación tóxica entre madre e hija está muy bien representada en la reciente película Corre (Run), disponible en Netflix y entre las 10 más vistas en El Salvador en las últimas semanas.

 

En dicha historia, una madre somete a todo tipo de daños físicos a una hija que va un poco más allá de la típica relación inestable entre padres e hijos. Pero la posibilidad de un daño está latente, sobre todo cuando es provocado por factores ajenos al hijo o sobre los cuales éste no tiene posibilidad de hacer nada. 

 

En algunas ocasiones el odio puede ser generado por una decepción. Es decir, el hijo no cumple las expectativas que se planteaban sus padres. Definitivamente en estos casos estará mezclado con una dosis de culpa, además de la vergüenza.  El progenitor puede sentir que no logró darle a su hijo herramientas para lograr lo que él o ellos esperaban de este hijo. Además, es probable que haya cargado en las espaldas de su hijo todo lo que él quiso y no pudo ser.  

 

La psicóloga estadounidense Susan Forward escribió un libro llamado 'Padres que odian' que describe algunos de sus comportamientos. 

 

Se trata de emociones bastante comunes de desagrado, que no se identifican con cierto  odio por la connotación tan negativa de esta emoción hacia un hijo, pero esto llevará a pleitos sin explicación o incluso a sabotear inconscientemente a este hijo.  “Creo que los padres también odian a sus hijos.

 

Lo que pasa es que no es lícito decirlo”, afirma la colombiana Pilar Quintana, autora de la novela La Perra, en la que trata con crudeza las frustraciones de la maternidad.

 

En algunos casos, los más extremos, ese odio hacia los hijos puede llegar al asesinato, algo que técnicamente se llama filicidio. 

 

Según un estudio de la revista Forensic Science International, cada año hay al menos 500 casos en los Estados Unidos. Casi el 72% de los niños que fueron asesinados por sus propios padres tenían 6 años o menos. Otro dato: el 41,7%% de los asesinos fueron mujeres, mientras en el 58,3% de los casos fueron hombres. Pero quizás lo que llama la atención es que apenas el 10% de las víctimas fueron asesinadas por sus padrastros o madrastras, por lo que el 90% de las víctimas fueron hijos e hijas biológicos de los asesinos. 

 

Por eso lo recomendable es un buen terapeuta que no tome partido sino que sea bien objetivo y pueda hacer entender estas emociones negativas o sea identificarlas para ir pasando luego a su mitigación.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.   

 

sábado, 27 de marzo de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: COVID EMOCIONES

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

Un antes y un después! Definitivamente aquellos que han padecido el Covid-19 lo consideran un punto de inflexión importante en sus vidas.

Un motivo que puede provocar cambios sustanciales. La primera impresión cuando nos sabemos infectados es el clásico dramatismo del tipo "me voy a morir". Aparecen los primeros síntomas y con ellos también el pánico, asoman la angustia y la frustración y nos preguntamos: “¿por qué me toca a mí?”. A pesar de que el 99% de los enfermos superan dicha enfermedad, la duda se instala en cada uno de nosotros.

Si, por lo contrario, somos afortunados y lo tenemos con pocos o ningún síntoma, entraremos en una inevitable duda diaria. ¿Qué síntomas aparecerán? ¿Sigo en período de incubación? ¿Todavía falta lo peor? ¿A quién habré contagiado? ¿Qué secuelas tendré? Surgirán esas preguntas y también otras, incluso para muchos hasta el temor a la hora de vacunarse. 

El Covid-19 no solo afecta a nuestras vías respiratorias sino que, en forma mucho más sutil, impacta en nuestras emociones hasta transformarnos. Con su complejo comportamiento, este virus tiene la capacidad de convertir a la persona más segura de sí misma en un hipocondríaco de manual, de esos que siempre se sienten enfermos. 

Por lo contrario, si lo vencemos podemos ganar confianza en nosotros mismos y enfrentar la realidad de forma diferente. “Lo que no te mata, te hace más fuerte”, podría ser el lema. 

En fin, podemos volvernos timoratos o salir fortalecidos y decididos a comernos el mundo, dispuestos a afrontar todos los retos que la vida nos plantea desde una óptica distinta. 

Definitivamente hay una sensación mientras padecemos la enfermedad y otra, bastante diferente, después de superarla.

Pasamos de la angustia de morirnos a la satisfacción de ser sobrevivientes, sobre todo en una enfermedad en la cual sabemos puede afectar todos nuestros sistemas. 

En otros casos se pasa de la negación de la enfermedad, de las teorías conspirativas a ir en contra del uso de mascarillas hasta el convencimiento de que es real y hay que prevenirla siguiendo las disposiciones elementales como el distanciamiento social, uso de mascarillas, lavado de manos, etc.

Aun así, existe un buen porcentaje de gente que aún luego de padecer el Covid-19 sigue negando o minimizando la pandemia. Y más grave aún cuando estas personas son líderes de naciones como en Estados Unidos, México y Brasil. Si por algo se caracterizaron Trump, López Obrador y Bolsonaro fue por ser testarudos y no defender a sus pueblos como correspondía con medidas tan básicas como obligar el uso de las mascarillas. 

Pero a diferencia de esos líderes, gran parte de la población se ha vuelto más empática y solidaria con acciones concretas como ayudar en la distribución de mascarillas, alimentos, cuidado de niños y de hogares de los sanitarios que están trabajando en contra de la pandemia.

Además, por suerte, definitivamente se ha acabado aquella “caza de brujas” que perseguía y discriminaba a los que padecían la enfermedad o a los que luchaban contra de ella como médicos y enfermeros. 

Al final, tras un año de pandemia, somos destinos. Nuestros sentimientos han cambiado. El coronavirus nos hace entender lo débil de la humanidad y cómo nos igualan las enfermedades. 

Esta nueva realidad nos ha enseñado a que hay que apreciar la vida porque no sabemos cuándo se nos irá, y que lo que más felices nos hace no es el consumismo sino las cosas sencillas: la familia, nuestras mascotas, los amigos, y la grata sensación de ayudar a los más necesitados sin esperar nada a cambio.

  

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos 

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

sábado, 13 de febrero de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: NIÑOS ALTAMENTE DEMANDANTES (NO CONSENTIDOS)

 Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

El doctor William Sears, un pediatra estadounidense de gran renombre y autor de varios libros sobre crianza y medicina, acuñó un término que cada vez es más popular para definir una característica específica: niños de alta demanda.

¿De qué se trata? De aquellos niños que necesitan constantemente la presencia de sus padres, así como su aprobación, y tienen poco control de la frustración. 

 

Teniendo en cuenta que a temprana edad todos los niños son demandantes, probablemente nos lleve un tiempo descifrar si nuestro hijo reúne algunos de los aspectos que definen al “niño de alta demanda”. 

 

Según el Dr. Sears, hay una serie de características que, si se dan en casi su totalidad en la misma persona, representan un signo inequívoco de dicha patología. Por ejemplo, son intensos y expresan todo de forma extrema, tanto la alegría como el enfado o la pena. Son demandantes y necesitan atención continua. 

 

Muestran gran necesidad de contacto físico, exigen cariño, que duerman con sus padres. Además, son impredecibles; es decir que lo que funciona hoy puede que mañana no nos sirva. Tienen gran sensibilidad y perciben cualquier estímulo. 

Al mismo tiempo, son hiperactivos y absorbentes, siempre necesitan más y más. Se alimentan frecuentemente y solo eso les produce confort.

 

No duermen demasiado y se despiertan en la noche o hacen siestas cortas. La sensación que transmiten es de insatisfacción y no saben calmarse por sí solos. Necesitan de alguien más para tranquilizarse.

 

Una vez identificados, el rol de los padres es fundamental para tratarlos. Hay que procurar calmarlos, darles una atención extra, pero al mismo tiempo irlos reconfortando y reforzando su seguridad, su autoestima y su control de la frustración. La paciencia de los padres es un aspecto decisivo, lo mismo que el modo de enfrentar la situación: una predisposición y una actitud positiva siempre funcionan.

Lo  ideal es poder tener ayuda de un profesional, ya que los padres pueden verse desbordados y no saber dónde iniciar a poner la disciplina ni dónde fijar los límites. 

 

Es más, un niño de alta demanda puede influenciar en sus hermanos, sobre todo si es muy inteligente y manipulador. Por eso es importante la asesoría cuando los padres se pierden en el manejo conductual de estos niños y además ellos influyen negativamente en otros. Esta ayuda profesional, además, evitará el riesgo de sobreprotegerlo por parte de los padres. 

 

Mucho más recomendada es todavía en el caso de padres primerizos, ya que aquellos han tenido más hijos podrán notar la diferencia, comparar y poder ser más objetivos a la hora del diagnóstico.

 

Eso mismo le pasó al Dr. Sears, cuando el nacimiento de su cuarta hija le hizo replantearse algunas cosas. A pesar de los años de experiencia, el pediatra se vio desbordado por un temperamento difícil y resistente a todo lo que había funcionado para la crianza de sus anteriores hijos.

 

Básicamente lo que se necesita es identificar a los niños de alta demanda para poder comprenderlos y educarlos de la mejor manera posible, sin que sufran ellos y sin que sufran los padres.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

sábado, 5 de diciembre de 2020

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: TIENES RECUERDOS VIVIDOS O PADECES AFANTASIA

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos


Si una enfermedad afecta entre un 2 y un 5 por ciento de la población mundial, debería encender una luz de alerta. Sin embargo, no ocurre eso con la afantasía, un mal que se caracteriza por no poder crear imágenes en la mente y que es casi desconocida para el gran público.

La poca información y la poca divulgación por parte de la comunidad científica quizás se deba  a que no es una enfermedad que provoca la muerte, pero que sí puede generar trastornos mentales. 

 

Por lo general, nuestros recuerdos vienen acompañados de imágenes que vemos de forma natural al recordar cualquier hecho, cosa o persona. Pero en el caso de las personas que padecen afantasía es imposible. Por este motivo, les cuesta realizar descripciones, ya que estas las deben hacer de memoria y sin la ayuda de la visualización cerebral.

 

"La afantasía desafía algunas de nuestras suposiciones más básicas sobre la mente humana", explica Alexei Dawes, de la Escuela de Psicología de la Universidad de Nueva Gales del Sur, Australia. "La mayoría de nosotros asumimos que la imaginación visual es algo que todo el mundo tiene, algo fundamental para la forma en que vemos y nos movemos por el mundo. Pero, ¿qué significa tener una 'mente ciega' para los viajes mentales que hacemos cada día cuando imaginamos, recordamos, sentimos y soñamos?".

 

El mismísimo Dawnes, ansioso por explorar ese universo sin imágenes, condujo un estudio que ha sido publicado recientemente en la revista Scientific Reports y que refleja resultados sorprendentes. Encuestaron a más de 250 personas que sufren esta condición y se concluyó que no solo está asociada con la ausencia de imágenes visuales, sino también con un patrón generalizado de cambios en otros procesos cognitivos importantes. Las personas con afantasía reportaron una reducida habilidad para recordar el pasado, imaginar el futuro, e incluso soñar. 

 

Los participantes del estudio completaron una serie de cuestionarios sobre temas como la fuerza de las imágenes y la memoria. Los resultados se compararon con las respuestas de 400 personas de control independientes. Se pidió a los participantes que recordaran una escena de su vida y que calificaran la vivacidad utilizando una escala de cinco puntos, en la que uno indicaba "Ninguna imagen en absoluto, solo 'sé' que estoy recordando la memoria", y cinco era "Perfectamente claro y tan vívido como la visión normal". 

 

Mientras que las personas con afantasía no habrían podido imaginar una puesta de sol, muchos podrían haber imaginado la sensación de arena entre los dedos de los pies, o el sonido de las gaviotas y las olas chocando.  Sin embargo, el 26 por ciento de los participantes en el estudio afantástico registraron una falta más amplia de imágenes multisensoriales, incluidas las imágenes de sonido, tacto, movimiento, sabor, olor y emoción. 

 

Además, los individuos con afantasía también experimentaron recuerdos menos vívidos de su pasado y reportaron una capacidad significativamente menor para recordar eventos de vidas pasadas en general. Importante: no confundir con el Mal de Alzheimer, donde el enfermo no recuerda. En la afantasía, los recuerdos no tienen el color y la viveza de todos los sentidos.

 

Otra de las razones por las cuales se habla muy poco de esta patología es la falta de información. De hecho, este es uno de los primeros estudios sobre la enfermedad. Es probable que las personas que lo padecen no se den cuenta de ello o no le darán una importancia extrema. A menos que su afantasía sea de las más profundas, ya que hay distintos grados de la misma. En el caso de que el paciente sea consciente del problema, produce una profunda tristeza que puede llegar a la depresión. Si, como mínimo hay un 2% de la población que sufre este mal, quiere decir que al menos hay 150 millones de personas que lo padecen. ¿Y si eres uno de ellos? La respuesta está escondida en tu mente.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.