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sábado, 19 de enero de 2019

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: NECESIDAD DE EMOCIONES FUERTES


Por Dra. Margarita Mendoza Burgos
 


Durante los últimos años hemos visto cómo proliferan las películas de terror en las carteleras de cine: actividades paranormales, muñecas diabólicas, monjas asesinas, niños poseídos, zombies insistentes y otros personajes desfilan por las pantallas en franquicias que se reproducen como conejos. 

Es cierto que son filmes que se hacen sin un gran presupuesto y que no necesitan una megaestrella como vehículo de promoción, pero la explicación principal de por qué se producen tanta cantidad es muy sencilla: cuentan con un público cautivo muy grande. 

No es una novedad que las cintas de terror tienen una enorme aceptación, especialmente entre los jóvenes. ¿Alguna vez se han preguntado por qué? ¿Es que nos gusta sufrir? 

No, no es eso. Sin embargo, hay que reconocer que las emociones fuertes son muy importantes para nuestro organismo y bienestar ; especialmente en nuestra mente, ya que activan una serie de sensaciones necesarias para ambos. En un inicio, en tiempos del hombre primitivo, vivir era una emoción constante. Se vivía cargando y descargando adrenalina, donde entraban en juego la hormona activadora y la hormona del placer. Ahora hay tanto bienestar que se ha perdido el deseo de leer y transportarnos a otros mundos a través de la literatura, la rebeldía de la poesía o el delirio de un buen concierto. 

En ese sentido, y volviendo al comienzo, una película de terror es un buen estimulante. Genera sensaciones tan diversas como arrobamiento, distracción, sensación de euforia, y, al final, confort. Para explicarlo científicamente, cuando sentimos temor, el cerebro libera adrenalina, pero al verificar que la situación es segura activa la dopamina, el neurotransmisor asociado al placer y la recompensa. Lo curioso es que cuando ha terminado la película la emoción se prolonga durante un buen rato y esto contagia la actividad siguiente. Es lo que se conoce como la transferencia de excitación, por lo tanto las actividades posteriores serán sin duda será más intensas. 

Según la psicóloga española Isabel Serrano-Rosa, “la psicología clínica utiliza esta capacidad de recreación mental del temor con fines terapéuticos. El miedo patológico lleva a tres conductas disfuncionales: evitar las situaciones temidas, la ilusión de control y pedir ayuda en exceso. Sólo hay una solución para los miedos: afrontarlos" 

El problema surge, en todo caso, cuando queremos llevar al extremo estas sensaciones y ya no basta una película de miedo o un concierto o no encontramos formas de estimularnos de forma adecuada como las mencionadas anteriormente. Y no lo digo por practicar deportes extremos, que puede ser una excelente opción. Me refiero a cuando se recurre a las drogas, el alcohol, los retos virales o los juegos de azar para generarnos ese subidón. Y eso se potencia si se hace en grupo, pues si bien hay personas que tienden a ser más solitarias lo más común es que se desinhiban actuando en grupo, lo cual genera una transmisión sensorial más profunda. 

Un subidón exprés, como es el que provoca el consumo de drogas, nos retrata como ciudadanos del mundo moderno: pretendemos lograr algo al instante y sin esfuerzo, una muestra más que nos hemos convertido en una sociedad pasiva, haragana y que todo lo quiere ya. Recordemos que lo que menos cuesta se disfruta menos. Las emociones las queremos en el momento, sin dedicar tiempo a elaborarlas. Esto contrasta con el hombre antiguo, que disfrutaba del placer de la caza para alimentarse y la alegría de sobrevivir cada día era suficiente reto. Además, si el efecto es inmediato también lo será menos duradero, y se irá desvaneciendo con mayor rapidez. Por eso se busca una y una otra vez, repitiendo dosis y procesos en un círculo vicioso que puede ser letal.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.

sábado, 5 de enero de 2019

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: Propósitos de Año Nuevo: ¿Autoengaño, justificación, metas o sueños?


Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

A partir del 2 de enero empiezo la dieta. Este año dejo de fumar. En 2019, prometo, que ya no gastaré tanto. Ya no beberé. Retomaré la universidad. Volveré a la Iglesia. Buscaré trabajo. Terminaré la tesis. Me anotaré en el gimnasio… 

Nuestros propósitos indudablemente están cargados de buenas intenciones, sobre todo en estos últimos días del año. Sin embargo, el sueño de cumplirlos no es otra cosa que la licencia que necesitamos para pasar los últimos días de diciembre sin demasiado remordimiento.

Para eso tenemos la justificación perfecta: si me excedo en las comidas de Navidad no hay problemas, es la última oportunidad que me queda antes de someterme a un estricto régimen alimenticio. Y lo mismo con los últimos cigarros, las últimas compras inútiles, los últimos días de ocio antes de enfocarnos en nuestro verdadero objetivo......pero todos sabemos que no es así, sobre todo porque la escena se repite cada diciembre con los mismos resultados: no somos capaces de cumplir con nuestros propósitos. No llegamos ni a febrero. Nos engañamos a nosotros mismos y volvemos a caer en la trampa año tras año. ¿Qué nos hace pensar que el comenzar un año haremos las cosas que antes no pudimos hacer?

Yo lo atribuyo a una especie de ritual mágico en nuestra cabeza. Creemos que al terminar un ciclo de vida, como el que marca el fin de año, las circunstancias y los proyectos fluirán con mayor facilidad. En realidad, el tiempo es una creación del hombre y no todos coinciden en qué momento comienza el año. Chinos y judíos, entre otros, no nos dejan mentir.

Es cierto que los ciclos que empiezan y terminan sirven al ser humano para organizar su tiempo, ya que de otra forma sería más caótico. Aún así, muchas personas administran su tiempo de forma bastante desordenada, como si el tiempo y la vida fueran eternos y dejan casi siempre para mañana lo que deben hacer hoy.

Gracias a eso es que Enero es, para la mayoría de nosotros, el mes que marca un antes y un después. El de la redención. Sirve para confirmar lo que no hicimos y redoblar la apuesta para el siguiente. “Este año sí”, nos decimos con una marcada convicción que con el correr de los días irremediablemente se irá evaporando. 

Una de las explicaciones para esos continuos fracasos tiene que ver con las metas. De entrada nos proponemos hacer cosas que sabemos que no vamos a cumplir. Se entiende que las metas son más bien deseos o sueños y no objetivos reales. Tampoco las elaboramos de manera realista, con plazos y pequeños logros, sino como por arte de magia. Uno no pasa del sedentarismo total a correr los 42 kilómetros de un maratón. Hay pasos intermedios que deben contemplarse y que ayudarán a lograr el objetivo final. Primero habrá que correr 5 kilómetros, luego 10...porque de nada sirve prometerse a sí mismo que adelgazará el próximo año si no incluye acciones concretas. Por ejemplo, es mejor plantearse no comer pan e incluir verduras en la alimentación.

A la voluntad hay que ayudarla con métodos. No basta con decir “no gastaré tanto” si no se elabora un presupuesto. 

Las metas son apenas el nombre que damos a lo que queremos obtener, luego deben desglosarse y planificar una serie de pasos de corto, mediano y largo alcance para irlas logrando.

Y, lo más importante, ir midiendo dichos pasos. “Lo que no se mide, no se puede mejorar”. Dicha frase, cuya autoría se le atribuye al abogado y filósofo austríaco Peter Drucker, es la clave. Si no logramos medir nuestros progresos será difícil alcanzar la meta, por eso es bueno trazarse plazos y medir su cumplimiento. Un estudio realizado por la Universidad de Scranton, Pensilvania, es revelador: el 92% de las personas que establece propósitos de año nuevo fracasa. Esto es como consecuencia de la ausencia de un plan para lograrlo: no hay método ni plazo.

Existen muchas fórmulas prefabricadas que nos quieren vender. Libros de dietas o de consejos para hacer todos los cambios que nos propongamos hacer y que nunca logramos, pero la verdad es que si el deseo no viene de nosotros mismos, de nada servirán las palabras de los gurúes. Está comprobado: las personas que más logran sus metas son aquellas que las deciden por sí mismos, porque están convencidos de que necesitan un cambio en su vida.

Hay una delgada línea entre las metas y los sueños. Lo que los separa es la planificación del objetivo a lograr e iniciar pasos para el mismo. Es preferible tener menos metas y cumplirlas que muchas y fracasar en el intento. Enero de 2019 ofrece una nueva oportunidad: mismos objetivos, pero diferentes métodos.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.

domingo, 9 de diciembre de 2018

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: LA TEMIDA MUERTE


Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

Siempre vemos a la muerte con recelo y temor. Es inevitable. Muchos, incluso, desarrollan un miedo excesivo, algo que la ciencia llama tanatofobia -en honor al dios griego Tanatos, al que se le encomendaba la tarea de quitar la vida a los hombres- y que puede resultar perturbador. 

Pero es lógico que tengamos temor, es el miedo a lo desconocido, a dejar de existir de la forma que conocemos. 

“Lejos de considerar la muerte como algo natural ligado a nuestra condición de seres orgánicos, morir es una tragedia para la existencia humana”. La reflexión surge de los psicólogos españoles Francisco Cruz Quintana y María Paz García Caro, autores del libro SOS, déjame morir: ayudando a aceptar la muerte. “En una sociedad desarrollada donde hay objetos y soluciones para casi todo lo imaginable resulta incomprensible que aún no se haya encontrado remedio a la muerte, a lo que nos hace morir”, concluyen. 

Y es que la muerte sigue siendo un misterio. De alguna forma las religiones desean dar soporte al miedo y a la incertidumbre sobre lo que habrá más allá de la muerte. Pero la verdad es que no estamos preparados para afrontar ese momento: ni el nuestro ni el de nuestros seres queridos. Las religiones viven centradas en eso, nos ayudan a encontrar una explicación a la misma y, sobre todo, a tener esperanza ante ella. 

Sin embargo, en el hogar esos temas son tabú, porque se siente que es como llamar a la muerte solo por el hecho de hablar de ella. Lo mismo por preparar testamentos, por pedir no tener asistencia extra para vivir o para hablar de cremación o entierro cuando llegue la hora. 

Aquellos con profunda fe aceptan la muerte como algo natural, lo consideran parte de un proceso y no el final de una vida. Otros, como en el caso de los enfermos terminales o gente que sufre mucho, ven a la muerte como una solución. Actualmente, con el tema de la eutanasia -también llamado suicidio asistido-, una persona enferma puede decidir en qué momento quiere morir. Claro, esto en caso de que viva en uno de los países donde esto se considere legal, como Bélgica, Holanda o Japón. Hace poco, un señor de 104 años pidió morir y lo hizo cantando y alegre. 

Una interrogante interesante es ¿cómo reaccionaría un ser humano si supiera la fecha exacta de su muerte? Imagino dos tipos de casos. Para algunos creo que podría ser más atemorizante: entrarían en pánico y hasta morirían antes por el susto, ya sea de un ataque al corazón u otra enfermedad. Otros, en cambio, planificarían mejor sus días, disfrutarían más su tiempo y valorarían todo lo que han logrado. 

A la muerte hay que darle la importancia que se merece. Ni más ni menos. Pero no nos debe condicionar nuestras vidas. Hay algunos hechos que podrían ayudar a desdramatizar el tema. Por ejemplo, vivir una vida rica o productiva, sin asignaturas pendientes. Por otro, tener fe en la vida eterna al final de los tiempos, una creencia religiosa que genera paz y ayuda a aceptar la muerte. También es importante planificar temas como el testamento, la cremación o el entierro y otras voluntades. Pero, por sobre todas las cosas, empezar a hablar con total naturalidad de la misma. Al fin y al cabo, a todos nos llegará la hora.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades. 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.

domingo, 2 de diciembre de 2018

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: Castigo vs Concientización


Por Dra. Margarita Mendoza Burgos
 
El uso de castigos en la educación de los hijos es una práctica habitual, tanto en forma verbal como física. Ninguno de los dos es del todo recomendable, y el límite es tan difuso que en muchos casos linda -o directamente entra- en el terreno del maltrato. Para empezar, deberíamos actualizar el término y erradicar la palabra “castigo”, que de por sí suena fea. Quizás lo más recomendable es utilizar la frase “concientizar al niño de las faltas que comete”. 

Pues sí, toda mala acción debe tener una consecuencia. Ellos mismos deben aplicarse una sanción apropiada a su edad y congruente a la falta cometida. Pero debemos tener claro que este proceso de concientización inicia desde muy temprano, incluso desde el embarazo. Napoleón Bonaparte decía: "Los niños se educan 20 años antes de que nazcan". Es decir, con nosotros como padres. Al niño hay que enseñarle a respetar siendo respetado, a no dañar haciéndole ver las consecuencias de lo mismo. Pero criamos seres egoístas, que se consideran pequeños reyecitos y al salir al mundo reciben rechazo con estas conductas. 

Si bien lo ideal es que ellos propongan la sanción, debe tratarse de algo que produzca un efecto en el infractor: puede ser un tiempo fuera, hacer planas, no tener un helado… O, en caso de los adolescentes, un determinado período sin su teléfono celular. Mucho de esto dependerá de cada hogar. Lo importante es despertar conciencia más que poner a alguien morado a golpes sin entender el por qué. Porque de ser así, eso generará un ser que odie al mundo, se sienta víctima y luego planee una venganza contra la humanidad. 

En general, las madres son las que más aplican castigos físicos. Del mismo modo, los progenitores de nivel sociocultural más bajo tienden a poner en práctica medidas disciplinarias más drásticas. Según un estudio, el 52% de las madres consideraba que no debían haber empleado el castigo físico más de la mitad de las veces que lo hicieron. Otro informe científico demostró que mientras más fueron golpeados niños de tres a seis años, peor fue su comportamiento dos años después. La represión física, además, genera efectos colaterales como complicaciones emocionales. 

Es que a veces castigamos con enojo, y eso está mal. No solo se trata de condenar la violencia física sino la verbal y la psicológica, que a veces pueden dañar más. Es fundamental no dejar que las faltas lleguen al extremo para concientizar y encontrar sanciones adecuadas. 

Hay ocasiones que se puede permitir un nalgada en casos puntuales o una palmada en la mano, también un jalón si se va a tirar a la calle… Pero gran parte del problema, como decía Napoleón, está originado en los padres. Los adultos no prevenimos sino que vivimos como autómatas, y cuando algo pasa respondemos abruptamente, porque jamás nos hemos planteado riesgos al criar un niño. 

Los padres, por ejemplo, no protegemos las áreas donde cocinamos y los niños se pueden quemar. Vamos por la calle y se nos olvida que llevamos un niño, Así, cientos de cosas. Somos padres porque la naturaleza nos hizo para serlo, pero no tomamos conciencia de lo que implica la paternidad... Definitivamente es mucho más que concebir y parir. 
En caso de que estos métodos de concientización no funcionen, lo recomendable es acudir a terapia para tener un punto de vista neutral, discreto y fidedigno. Sabemos que un profesional no tomara partido y velará para que encontremos la mejor solución, consensuada y justa.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
Consultas on line www.dramendozaburgos.com

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.