Por Dra. Margarita Mendoza Burgos
Existen personas que, en cualquier reunión, parecen no poder evitar convertirse en el centro de atención. Este comportamiento no responde a una causa única, sino que se entrelaza con la personalidad, el contexto y las motivaciones particulares de cada individuo.
En algunos casos, se trata de personas con baja autoestima o escaso freno social, que sienten que acaparar la palabra las hace brillar, sin reparar en si ese brillo resulta positivo o no. Hablan de forma casi automática, repitiendo ideas sin demasiada reflexión, convencidas de que solo su punto de vista es válido.
Detrás de esta necesidad de protagonismo suele haber una búsqueda de reconocimiento: sentirse escuchado, admirado o valorado genera una satisfacción que empuja a monopolizar la conversación como forma de validación.
Resulta paradójico, pero muchas veces quienes más hablan lo hacen por temor a pasar desapercibidos o a sentirse poco importantes. En otros casos, sin embargo, simplemente se trata de personas con un estilo comunicativo naturalmente activo, que disfrutan genuinamente de contar historias y participar.
También puede tratarse de un intento de demostrar conocimientos, liderazgo o estatus dentro de un grupo, un rasgo que en ciertos casos se vincula con perfiles narcisistas o histriónicos, especialmente cuando existe una necesidad persistente de admiración.
El entorno, además, cumple un papel importante: alguien que no puede expresarse libremente en su ámbito habitual (laboral o familiar) puede desbordarse verbalmente cuando finalmente se siente libre de esa opresión. Otras veces, simplemente hay una falta de discernimiento o un uso poco reflexivo de la propia inteligencia.
Conviene distinguir dos perfiles bien diferenciados: por un lado, quienes buscan activamente destacar por inseguridades, necesidades emocionales, experiencias pasadas de invisibilidad o rasgos narcisistas; por otro, quienes sobresalen de manera espontánea gracias a su carisma, su energía o su facilidad para comunicarse, sin proponérselo realmente.
En cualquier entorno laboral o social, este tipo de conducta suele generar el mismo efecto: quienes los rodean participan menos, se sienten ignorados o directamente evitan interactuar con la persona que monopoliza la palabra.
Un fenómeno relacionado es el de la atracción entre extrovertidos e introvertidos, que muchas veces funciona como una forma de compensación mutua: cada uno busca en el otro lo que le falta. Sin embargo, esa combinación no siempre resulta armoniosa, y sin un buen consenso entre ambos, cada parte termina tirando para su lado.
Para quienes son introvertidos, la recomendación de los especialistas es clara: establecer límites, comunicar las propias necesidades y resguardar los espacios personales frente a quienes demandan una atención constante.
Convivir con alguien que necesita ser siempre el centro de atención puede resultar agotador, sobre todo cuando se trata de una pareja, un familiar, un compañero de trabajo o un amigo cercano. La clave no pasa tanto por intentar cambiar a esa persona, sino por aprender a manejar el vínculo de manera que no afecte el propio bienestar.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
www.dramendozaburgos.com
Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infanto-juvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.
Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.
Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.
Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.
La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.
Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.
Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.
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