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lunes, 8 de mayo de 2017

Hoy 8 y 9 de mayo se celebran los Días del Recuerdo y la Reconciliación Conmemoración de la Segunda Guerra Mundial

Por Compartiendo mi Opinión
Hoy 8 de mayo y mañana 9 se celebran como los Días del Recuerdo y la Reconciliación Conmemoración de la Segunda Guerra Mundial.

El 22 de noviembre de 2004 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró los días 8 y 9 de mayo Días del Recuerdo y la Reconciliación Conmemoración de la Segunda Guerra Mundial. 

En virtud de la resolución 59/26, la Asamblea General declaró que son una ocasión propicia para el recuerdo y la reconciliación y, sin perjuicio de que los Estados Miembros dediquen otras fechas a la victoria, la liberación o la conmemoración, invitó a todos los Estados Miembros, organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, organizaciones no gubernamentales y particulares a que observaran anualmente uno de esos días, o ambos, en forma apropiada para rendir homenaje a todas las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. 

La Asamblea hizo hincapié en que este acontecimiento histórico estableció las condiciones que permitieron crear las Naciones Unidas para preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra, y exhortó a los Estados Miembros de las Naciones Unidas a que aúnen sus esfuerzos para hacer frente a los nuevos desafíos y amenazas, asignando un papel fundamental a las Naciones Unidas, y a que hagan todo lo posible para resolver las controversias por medios pacíficos, de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas y sin poner en peligro la paz y la seguridad internacionales.

El 2 de marzo de 2010, en virtud de la resolución 64/257 y recordando que en 2010 se celebraba el sexagésimo quinto aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, la Asamblea General invitó a todos los Estados Miembros, organizaciones del sistema de las Naciones Unidas, organizaciones no gubernamentales y particulares a que observen estas fechas en forma apropiada para rendir homenaje a todas las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. La Asamblea General celebró una sesión extraordinaria y solemne, en la segunda semana de mayo de 2010, en memoria de todas las víctimas de la guerra.

domingo, 25 de enero de 2015

Celebrarán 70 aniversario de la liberación de Auschwitz

Tomado de El País

El presente aún pesa en Auschwitz
La ausencia de Putin empaña el 70 aniversario de la liberación del campo nazi por el Ejército soviético y refleja el alejamiento de Moscú de la UE

Por Luis Doncel

Pese al tiempo transcurrido, Jósef Paczynski parece no haber olvidado ni un día de los cinco años que pasó en Auschwitz. Cuando el martes se conmemore el 70 aniversario de la liberación del lugar que simboliza la barbarie nazi, este hombre a punto de cumplir los 95 años podrá recordar, por ejemplo, la primera vez que tuvo que cortar el pelo al carcelero mayor del campo de concentración y exterminio, el alemán Rudolf Höss. “Entró y no dijo absolutamente nada. Claro que pensé que podría matarlo, pero sabía lo que me pasaría a mí y a muchos de los prisioneros. Conocía las represalias habituales”, asegura no muy lejos del lugar donde sufrió lo que hoy resulta imposible de imaginar.
Una docena de jefes de Estado —entre ellos los presidentes de Francia, Alemania, Polonia y Ucrania— rendirán homenaje a los más de 1,1 millones de hombre y mujeres que murieron en Auschwitz y a los 7.000 que quedaban con vida el 27 de enero de 1945, cuando por fin fueron liberados por el Ejército Rojo. Los soldados soviéticos se encontraron entonces un panorama que el superviviente Primo Levi describiría más tarde como “un inmenso lodazal en el que a medida que la nieve se derretía los cadáveres y la muerte envenenaban el aire”.
Pero más que la presencia de François Hollande o Joachim Gauck, destacará la ausencia del ruso Vladímir Putin, que sí participó en una conmemoración parecida hace 10 años. El conflicto ucranio ha tensado tanto las cuerdas entre Moscú y las capitales europeas que Putin prefiere renunciar a recordar un momento glorioso de la historia rusa si para ello tiene que dejarse fotografiar con líderes como el ucranio Petró Poroshenko o el polaco Bronislaw Komorowski. En representación de España irá el presidente del Congreso de los Diputados, Jesús Posada; y EE UU y Reino Unido enviarán a miembros de sus Gobiernos.
La polémica estalló hace dos semanas, cuando Putin anunció que no acudiría a Auschwitz, situado en territorio polaco, porque no había sido invitado por las autoridades del país, que desde el inicio del conflicto en Ucrania han destacado por su dureza contra Rusia. “Nadie ha recibido una invitación oficial. Contactamos con las embajadas de los países interesados para preguntarles si enviarían una delegación y quién la presidiría. Y por supuesto que Rusia estaba entre los contactados”, responde a un grupo de periodistas internacionales Piotr Cywinski, director del Museo Auschwitz-Birkenau. Cywinski habla no muy lejos de las celdas donde los nazis castigaban a morir por inanición y de los cubículos del tamaño de una cabina de teléfono donde se podían hacinar durante varias noches cuatro o cinco prisioneros considerados rebeldes por sus carceleros.

“El señor Putin tiene a finales de enero una agenda muy intensa ligada a cuestiones de la política nacional. Representará a Rusia el jefe de la Administración Presidencial, Serguéi Ivanov”, responden en la embajada rusa en Berlín. La polémica ha llegado a tal extremo que el ministro de Exteriores polaco restó importancia a la ausencia de Putin con el argumento de que fueron tropas ucranias del Ejército soviético las que entraron en Auschwitz en 1945. “Todo el mundo sabe que el Ejército Rojo estaba formado por distintos grupos étnicos que participaron en esa heroica batalla. Sería aconsejable no esparcir más histeria antirrusa y dejar de faltar al respeto la memoria de los que dieron su vida para liberar Europa”, respondió el Gobierno ruso.

Mientras todas las miradas se dirigen a Moscú, los organizadores de la ceremonia insisten en que los protagonistas de la jornada no serán los líderes presentes. Acostumbrados a pronunciar discursos, los reyes, príncipes y presidentes se limitarán en esta ocasión a escuchar los testimonios de hombres y mujeres que sí pueden imaginar el sufrimiento de prisioneros como Paczynski porque pasaron por algo parecido.
“Por cuestiones de edad, este es el último aniversario redondo con un número importante de supervivientes. Por eso ellos serán el centro de atención y no habrá discursos de políticos. Será muy emotivo escuchar a los testigos, pero debemos pensar cómo las generaciones posteriores a la guerra mantendremos la memoria”, añade el director del museo en el que se ha convertido el antiguo campo nazi, que el año pasado recibió 1,5 millones de visitantes.
El martes estarán presentes unos 300 antiguos cautivos. Pero Paczynski no será uno de ellos. “Me gusta verme con antiguos compañeros, pero no iré a la conmemoración. ¿Qué haría yo allí? Me volvería todo: recordaría a los colegas que seleccionaban para ir a trabajar y a los que iban al barracón número 11, al que llamábamos el de la muerte. No me deja indiferente”, asegura.
Sí acudirá Tadeusz Smreczynski, que entró en Auschwitz con 19 años, y atiende a los periodistas en Cracovia, a unos 70 kilómetros del campo. ¿Guarda rencor a los que le hicieron sufrir tanto? “Muchas veces me reúno con jóvenes alemanes. Mi experiencia me dice que no hay pueblos buenos o malos, sino que en todas partes el delito es posible y en todas partes hay seres humanos capaces de lo más noble”. 

sábado, 3 de enero de 2015

Otto Skorzeny: Comando nazi, miembro de las SS, guardaespaldas de Eva Perón y granjero en Irlanda

Tomado de BBC Mundo

 Otto Skorzeny fue un destacado agente nazi durante la Segunda Guerra Mundial. A la derecha, trabajando en su granja en Irlanda

El guardaespaldas nazi de Eva Perón que terminó de granjero en Irlanda
Otto Skorzeny fue uno de los soldados favoritos de Hitler, que cobró fama por el rescate de Benito Mussolini de un hotel en medio de los montes Apeninos en Italia, en el que permanecía preso, por el que el líder italiano se salvó de ser entregado a los Aliados.
Durante la Segunda Guerra Mundial lo llamaban "el hombre más peligroso de Europa".
Después del conflicto bélico viajó a Buenos Aires, Argentina, donde se convirtió en asistente del presidente Juan Domingo Perón y guardaespaldas de su mujer, Eva Perón, con quien –según rumores– tuvo incluso una relación romántica.

Skorzeny y Juan Domingo Perón
Así que cuando este hombre, que cargaba semejante hoja de vida, viajó a Irlanda en 1957 en un intento de convertirse en un sencillo granjero no dejó de despertar algunas suspicacias.
Sus 1,93 metros de estatura y 114 kilos de peso, pero sobre todo la enorme cicatriz que atravesaba su mejilla izquierda, lo convertían en una figura llamativa en la apartada localidad de Kildare, en el centro del país.
Los reportes de la prensa irlandesa de aquel entonces retrataban a Skorzeny como un "glamuroso hombre del espionaje", recuerda el periodista irlandés Kim Bielenberg.
"Fue presentado como el salvador de inocentes del Tercer Reich. El tono de los periódicos era más de admiración que de repudio", explicó Bielenberg. 

Skorzeny intentó quedarse de forma permanente en Irlanda.
"Parecía que era respetado por sus proezas militares", añadió.
Sin embargo, el gobierno irlandés no se quedó tan tranquilo. Algunos parlamentarios comenzaron a buscar respuestas a algunas preguntas candentes: ¿qué estaba haciendo un tipo como él en Irlanda?, ¿quería iniciar actividades nazis en Irlanda?
Para saberlo habría que revisar un poco de su pasado.
El hombre más peligroso de Europa
Nacido en Austria en 1908, durante la Segunda Guerra Mundial Skorzeny ocupó varias posiciones destacadas.
En abril de 1943 fue puesto al frente de las fuerzas especiales alemanas, donde comandó un pelotón de élite de las SS (Escuadas de defensa del nazismo).
El 25 de julio de 1943, Hitler se enteró del secuestro de su aliado, el líder italiano Benito Mussolini, y le pidió a Skorzeny que se encargara del rescate del "Duce".
Durante varios meses "Caracortada" –como era llamado por su cicatriz– buscó información confiable sobre la ubicación de Mussolini.
Hasta que en el mes de septiembre de ese año logró dar con él: estaba en un hotel ubicado en una remota colina de los montes Apeninos, en el norte de Italia.
El rescate de Mussolini en septiembre de 1943 fue la mayor proeza de quien era conocido también como "Caracortada".

Skorzeny junto a Mussolini después del rescate en Septiembre de 1943
Con un ataque sorpresa efectuado por varios paracaidistas, desarmó sin lanzar un solo disparo a la guardia de carabineros que custodiaban al recién derrocado líder italiano y lo condujo sano y salvo a la capital austríaca, territorio nazi en aquel entonces.
Con semejante éxito, Skorzeny fortaleció su prestigio y fue ascendido a mayor.
El primer ministro británico Winston Churchill calificó el rescate como un acto de "gran audacia militar".
Juicio por crímenes de guerra
Hacia 1944, la Segunda Guerra Mundial seguía un curso desfavorable para el nazismo. La última misión importante de Skorzeny fue la batalla de las Ardenas, en diciembre de 1944.
Fue allí donde surgió una de las acusaciones más graves contra Skorzeny: intento de asesinato del general estadounidense Dwight D. Eisenhower, quien posteriormente se convirtió en presidente de su país.

En Irlanda fue presentado como el salvador de inocentes del Tercer Reich. El tono de los periódicos era más de admiración que de repudioKim Bielenberg, periodista irlandés
Diez días después del suicidio de Hitler en mayo de 1945, Skorzeny se rindió ante un escuadrón estadounidense.
Estuvo en el banquillo de acusados en los juicios de Dachau en 1947 por crímenes de guerra, especialmente por la ofensiva en Ardenas, pero no se le encontró responsable de aquellos hechos.
Sin embargo, debía responder por otros crímenes ante demandas de otros países y se lo mantuvo como prisionero de guerra, pero logró huir con la ayuda de excompañeros de las SS.
Primero fue a España y desde allí viajó varias veces a Buenos Aires. Allí conoció al presidente Juan Domingo Perón y se convirtió en asistente y guardaespaldas de su esposa, Eva Perón.
Skorzeny se convirtió en uno de los agentes favoritos de Adolfo Hitler durante la segunda parte de la Segunda Guerra Mundial.
Según informes, llegó incluso a impedir un atentado contra la carismática mujer del mandatario.
Agasajado en Irlanda
En junio de 1957, el exagente nazi viajó a Irlanda, donde fue recibido como un héroe.

"De acuerdo con el Evening Press el lugar donde fue agasajado Skorzeny a su llegada estaba lleno de representantes de distintos sectores de la sociedad y varios parlamentarios", le dijo Bielenberg a la BBC.
Y personalmente el periodista irlandés cree que esa cálida bienvenida fue lo que lo animó a comprarse una granja en Kildare.
"Reggie Darling, un historiador de la zona, lo recuerda como un hombre grande, llamativo por su enorme cicatriz y que no era precisamente muy amable y a quien no le interesaba cruzarse mucho con la gente local".


Ruta de escape
Una de las sospechas que marcó la vida del exagente nazi es que debido a que no estaba siendo buscando por crímenes de guerra se le acusaba de estar ayudando a escapar a sus excompañeros en las filas del nazismo hacia Sudamérica o Estados Unidos.

Skorzeny viajó a Buenos Aires donde se convirtió en asesor del presidente Juan Domingo Perón y guardaespaldas de su esposa, Eva Perón.
A pesar de sus continuas peticiones y de que tenía permiso para estar temporalmente en Irlanda, nunca se le permitió el acceso a territorio británico.
Y algunos reportes de periódicos en 1960 apuntalaron las sospechas sobre el exagente: varios diarios publicaron la historia de que Skorzeny había abierto una ruta de escape de compañeros nazis desde España y su granja en Irlanda era el lugar donde se podían esconder.
Pero, de nuevo, nunca se pudieron comprobar estas acusaciones.

Skorzeny en España
¿Por qué semejante recibimiento?
Para Bielenberg lo cierto es que existen razones justificadas para explicar el recibimiento de héroe para un exagente nazi muy cercano a Hitler: se explica por el contexto y la época.
"En ese tiempo había una actitud de cierto nacionalismo –contra Reino Unido– que sostenía que 'el enemigo de mi de enemigo es mi amigo'", recordó.
Y añadió: "Pero cuando se fueron conociendo detalles del holocausto (nazi), esa percepción fue cambiando poco a poco". 

Los medios irlandeses estuvieron atentos a los movimientos del exagente nazi por el centro del país.
Después de esos primeros días, también fue cambiando la mirada de los vecinos irlandeses sobre Skorzeny.
En los archivos oficiales se pueden leer extensos documentos de autoridades irlandesas, como el Departamento de Justicia y el de Relaciones Exteriores, expresando preocupación por su presencia en el país.
Sin embargo, cuando en diversas entrevistas se le preguntó a Skorzeny si sus actividades en Irlanda estaban relacionadas con el nazismo, con la política o con actividades antisemitas, el excomando nazi siempre negó esas acusaciones.
También expresó su deseo de quedarse en Irlanda criando caballos, pero a pesar de sus continuas entradas y su propiedad, nunca se le otorgó un visado permanente.
El único refugio estable que encontró fue su residencia de Madrid, donde murió de cáncer en 1975.
Y lo cierto es que él nunca denunció el nazismo y fue enterrado por sus excolegas en un ataúd envuelto en una bandera con los colores nazis.

* Esta nota es una adaptación de un artículo escrito por Peter Crutchley y publicado en inglés. Puedes leer el texto original aquí.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Segunda Guerra Mundial se ganó más con el cerebro que con… fuerza

Tomado de ABC 
Alan Turing
 El enigma de “Enigma”: cuando las matemáticas ganaron la guerra

Una biografía de Alan Turing arroja nuevos datos sobre la historia del desciframiento de la máquina


Por Miguel Angel Delgado

Un monumento en Londres rinde homenaje a los héroes de la Batalla de Inglaterra. En él figuran aviadores, soldados, el pueblo bombardeado, las mujeres en las fábricas... Al pie se recoge la frase de Churchill, «nunca en la historia del conflicto humano, tantos debieron tanto a tan pocos». Pero hay una grave carencia, la de los científicos y el personal de Bletchley Park, una mansión reconvertida en instalación militar que albergó la supersecreta GC&CS (Escuela de Códigos y Cifrados del Gobierno), encargada de descifrar las comunicaciones de la red alemana «Enigma».

Un reciente libro («Alan Turing. «El pionero de la era de la información», de B. Jack Copeland, Turner) ofrece un relato preciso de una contribución decisiva a la victoria aliada. Existe consenso en que, sin ella, el curso de la guerra habría cambiado: Inglaterra podía haber sucumbido, el desembarco de Normandía haberse retrasado o fracasado, y el conflicto alargado dos o tres años, con consecuencias imprevisibles.

Inventada en 1918


«Enigma» había sido inventada en 1918 por Arthur Scherbius, y mejorada en 1930. Era una especie de máquina de escribir a la que se añadían tres rotores (cuatro desde 1942) de un total de cinco (posteriormente ocho). La clave dependía de qué rotores se escogían, el orden en que se colocaban, y en qué posición. Los operadores (en los despachos de Berlín, los puestos de mando, en el interior de los tanques, en los submarinos, en los bombarderos, donde fuera, porque «Enigma» era portátil) llevaban con ellos las instrucciones de cómo debían colocarse los rotores, y estas posiciones cambiaban cada pocos días.

Los polacos habían hecho avances penetrando una primera «Enigma», la misma que fue facilitada por Alemania a Francisco Franco en la Guerra Civil y que permitió a Berlín espiar sus comunicaciones. Pero inmediatamente antes de la invasión de Polonia, los alemanes añadieron otro elemento de seguridad, un clavijero de configuración también variable. «Enigma» se volvió indescifrable, aunque eso era matizable: mientras la red de la Luftwaffe fue penetrada justo a tiempo de revelar el inminente inicio del «Blitz», la de los submarinos, con medidas de seguridad adicionales, se resistía.

Pionero de la computación


Uno de los principales cerebros de Bletchley Park era Alan Turing. Cuando se hizo evidente que descifrar «Enigma» sería, ante todo, una labor matemática, los responsables de inteligencia no dudaron en contratar a un joven que ya descollaba como un pionero de la computación. Sin embargo, los militares desconfiaban de los matemáticos por su difícil relación con la disciplina. Uno de los méritos de Churchill fue comprender desde el primer momento que la capacidad para combinar su labor con las acciones militares sobre el terreno sería la única forma de actuar.

Con paciencia, ecuaciones e intuiciones para aprovechar ocasionales fallos de seguridad, el equipo capitaneado por Turing encontró pautas en los mensajes que permitieron entender detalles del funcionamiento, pero el grueso permanecía impenetrable. Para conseguir un avance significativo, pronto resultó evidente que la Marina debería capturar «pellizcos»; es decir, elementos físicos de «Enigma».

El valor de un marino


Era una labor ímproba, porque los alemanes tenían órdenes de deshacerse de todo al ser abordados. Pasaron largos meses sin resultados, hasta que, el 26 de abril de 1940, un marino inglés logró rescatar del agua una bolsa arrojada desde un buque alemán tirándose al mar. La información allí encontrada, aunque fragmentaria, permitió confirmar las ideas de Turing sobre cómo funcionaba la máquina, pero aún faltaba para penetrarla por completo.

El golpe más espectacular fue la captura del submarino U-110


Otros «pellizcos» se consiguieron asaltando buques meteorológicos, que al viajar muy hacia el norte llevaban las claves para períodos más largos. Pero el golpe más espectacular fue la primera captura de un submarino, el U-110, tras sus ataques contra un convoy el 9 de mayo, y que tenía su «Enigma» aún conectada cuando fue registrado. La única explicación es que su capitán, Julius Lemp, un héroe de guerra caído en desgracia ante Hitler, y que desapareció en el agua en algún momento del rescate, pensó erróneamente que el submarino se hundiría.

 

Máquinas de cálculo


Para entonces, ya estaban en funcionamiento las «bombas» de Turing, enormes máquinas de cálculo analógicas, que rastreaban la riada de mensajes interceptados en busca de configuraciones de los rotores que dieran textos legibles. Para entonces, 9.000 personas trabajaban en Bletchley Park. Dos mil de ellos estaban asignados a la tarea de supervisar los resultados.
Pronto todo el ejército alemán fue transparente para unos ingleses que leían los comunicados al poco de ser emitidos.

Con consecuencias demoledoras: los submarinos fueron fácilmente cazados y esquivados; Rommel fue derrotado al conocerse sus problemas de combustible; y los soviéticos vencieron en Kursk al darles los británicos información sobre los blindados alemanes. Durante el contraataque que les llevaría hasta Berlín, los rusos se hicieron no sólo con las redes de «Enigma» que se fueron encontrando, sino también con las de «Tunny», una máquina aún más perfeccionada, que entró en pleno funcionamiento en 1942, y que elevaba los rotores a 12, además de tener un método de encriptamiento automático distinto a «Enigma».

Comunicación reventada


Lo más fascinante de «Tunny» es que los criptoanalistas de Bletchley Park consiguieron penetrarla sin ver la máquina. 

A partir únicamente de la señal recibida, el coronel John Tiltman, con una prodigiosa capacidad intuitiva, logró reventar una comunicación de 4.000 caracteres. Posteriormente, un matemático, Bill Tute, dedujo el funcionamiento completo de la máquina. Unido a los métodos de Turing, eso permitió que Tommy Flowers construyera en enero de 1944 «Coloso», el primer gran ordenador, que terminó de vencer definitivamente a «Tunny». Tiltman, Tute y Flowers son otros nombres que deberían acompañar a Turing en el monumento londinense.

Gracias al dominio de «Tunny», Churchill tuvo acceso a información sobre los planes de Stalin cuando los rusos se hicieron con ella. En la Guerra Fría continuó la batalla por la encriptación, por lo que los trabajos de Bletchley Park permanecieron clasificados. Hoy sabemos que marcaron un hecho sin precedentes: por primera vez, la victoria se inclinó hacia el bando que, junto a hombres y equipo, fue capaz de sumar a sus fuerzas las mejores mentes matemáticas (en el caso de Turing y el equipo de Bletchley Park) y los mayores físicos (en el del proyecto Manhattan).
Nunca algo tan teórico tuvo resultados tan inmediatamente palpables para tantos.

James Bond, a la caza de «Enigma»


Ian Fleming

La operación Ruthless («Despiadada») fue una de las más curiosas historias relacionadas con el desciframiento de «Enigma». Ante la dificultad para obtener resultados, la inteligencia naval decidió poner en marcha una operación especial con el fin de hacerse con un equipo completo de la máquina, y encomendó a sus oficiales su diseño. La prioridad fue máxima, porque los continuos bombardeos, sumados al bloqueo de los submarinos alemanes, estaba llevando al límite la resistencia británica, y el tiempo se agotaba.

La más atrevida propuesta vino de la mano del joven capitán de corbeta Ian Fleming, quien años más tarde se convertiría en el célebre creador de James Bond, el agente especial 007 al servicio de Su Majestad, y que en septiembre de 1940 describió una operación que permitía entrever la poderosa imaginación que luego aplicaría a las aventuras de su personaje.

El plan consistiría en aprovechar un bombardeo nocturno sobre Londres para, al alba, hacer despegar un bombardero alemán capturado y pilotado por personal de la RAF. Los británicos irían vestidos con uniformes alemanes, cubiertos con vendas y sangre («para que quede bien», según acotó Fleming), y el avión volaría con un motor apagado y una columna de falso humo para hacerse pasar de forma convincente como un avión alcanzado.

El piloto («fuerte, soltero, que sepa nadar») debía hacer caer al mar el avión sobre el Canal de la Mancha, a la vista de algún barco alemán. Al ser rescatados, los británicos matarían a todos los alemanes y los tiraría por la borda, se haría con el barco y llevarían el buque «y su botín» a un puerto inglés. En suma, una operación que contravenía todas las normas de combate, pero que era muy del agrado de Turing.


Fleming llegó a trasladarse con su equipo a Dover a mediados de octubre para localizar el barco más adecuado para la operación, pero los vuelos de reconocimiento de la RAF no dieron resultado, y finalmente la operación fue suspendida. Frank Birch, responsable de la sección dedicada a la marina alemana, dejó anotado cómo «hace dos días, Turing y Twinn (su asistente) vinieron a mí como dos enterradores a los que les hubieran privado de un bonito cadáver, totalmente alterados por que se hubiera cancelado la operación Ruthless».

domingo, 11 de noviembre de 2012

La amabilidad como método de interrogación en los organismos de inteligencia


Tomado de BBC Mundo

Hanns Scharff, el amable interrogador nazi

Un interrogador de la Luftwaffe, la fuerza aérea alemana, se destacó por usar la persuasión en lugar del castigo para lograr la colaboración de pilotos aliados prisioneros en la Segunda Guerra Mundial.

Según el historiador Julian Putwoski, fue el primero que sistematizó la amabilidad como método para obtener información, una técnica todavía vigente para interrogadores como el ex agente del FBI Ali Soufan ( quien consiguió la confesión del chofer de Bin Laden).

Durante la guerra, muchos pilotos aliados –o terrorfliegers, como los llamaban los nazis– capturados en territorio alemán fueron llevados a Dulag Luft, un campo de detención de prisioneros de guerra y unidad de interrogatorios de laLuftwaffe cerca de la ciudad de Oberursel.

Allí eran confinados en celdas de aislamiento. A pesar de las recomendaciones de la Convención de Ginebra, les esperaba un trato duro. Podían enfrentarse a que les arrancaran las uñas.
Pero los pilotos se sorprendían al encontrarse al Obergefreiter (rango del ejército alemán) Hanns Scharff, que hablaba un inglés fluido gracias a su experiencia como empresario en Sudáfrica antes de la guerra.

Interrogador autodidacta, Scharff usaba la conversación amable en lugar del castigo físico para lograr que los prisioneros aliados revelaran algo más que los habituales nombre, rango y número de serie.

Comenzaba siempre haciendo sus deberes meticulosamente: antes de empezar una sesión de interrogatorio, revisaba toda la información disponible, y se familiarizaba con las circunstancias personales y de servicio del piloto en cuestión.

"Una araña que espera en la tela"

El método Scharff, si puede llamarse así, se basaba en la premisa inicial de que era mejor cooperar con la Luftwaffe en lugar de ser tratado como espía y entregado a la Gestapo, la policía secreta.

Aunque algunos prisioneros mantuvieron la boca cerrada, Scharff se rehusó con firmeza a la coerción física.

"Yo era como la araña sentada en su tela, con todo los elementos que podía utilizar a la mano, excepto la brutalidad"

Hanns Scharff, interrogador de la fuerza aérea nazi

En lugar de tenazas para arrancar información, Scharff obtenía lo que él y sus superiores querían jugando con la sensación de aislamiento del cautivo y con su inseguridad psicológica.

Cuidadosamente, iba desplegando los pequeños fragmentos de información que había aprendido previamente, y así creaba la ilusión de que ya lo sabía todo sobre las actividades del piloto.

Así, el prisionero podía revelar secretos militares incluso sin darse cuenta.

"Yo era como la araña sentada en su tela, con todo los elementos que podía utilizar a la mano, excepto la brutalidad", decía Hanns Scharff, como recoge el documental radiofónico "Interrogadores sin tenazas" realizado por Julian Putwoski y emitido en BBC Radio 4.

Según el relato de quienes fueron interrogados por Scharff, el oficial alemán le daba la vuelta a la relación normalmente hostil entre interrogador e interrogado, y conducía sus sesiones con paciencia y suavidad.

Paseos al zoológico
Los pilotos aliados eran interrogados en un campo de prisioneros de guerra de la fuerza aérea alemana.

Incluso aparentaba ser el mejor amigo de sus interrogados y organizaba actividades especiales fuera del campo de prisioneros.

Una vez, permitió a uno de los aliados pilotar un caza alemán. También se aseguraba de que los retenidos compartieran las abundantes comidas de los pilotos alemanes, que recibieran tratamiento médico y que visitaran el zoológico local.

Después de comprometerse a no hacer ningún intento de escapar, los prisioneros podían realizar paseos por los bosques de Oberursel, con Scharff como acompañante y guía.

Deambulando entre esos senderos al aire libre, conversaban sobre la flora y la fauna, o sobre otros temas ligeros, como por ejemplo, las costumbres sociales de estadounidenses y británicos.

El libro de visitas del buen interrogador

Los exprisioneros no recuerdan haber discutido nada que tuviera alguna relevancia militar con Scharff, pero en realidad, el alemán estaba todo el tiempo dirigiendo un informal pero sistemático interrogatorio y recolectando información útil de inteligencia.

Los interrogados llegaban incluso a revelar sin darse cuenta detalles sobre regímenes de entrenamiento, planes de operaciones, datos sobre armas, bombas, capacidad aérea, maniobras tácticas, indicativos y frecuencias de radiocomunicaciones.

Y antes de partir con destino a otros campos de prisioneros, además, firmaban voluntariamente el libro de visitas del interrogador.

Allí expresaban que se habían sentido tratados de manera profesional y hospitalaria.

Scharff, por su parte, afirmaba que haciéndose amigo de los prisioneros de guerra podía obtener información de 90% de ellos.

Esta era una afirmación audaz, pero lo cierto es que Scharff era un muy buen interrogador.

Clases de "buenas prácticas" de interrogatorio 
 
Las polémicas "técnicas mejoradas de interrogatorio" se usaron en Guantánamo, Abu Ghraib y las cárceles secretas de la CIA.

Después de la guerra, se instaló en Nueva York y pronto comenzó a asesorar al Pentágono.

En la década de 1950, apareció en diarios y revistas como "maestro interrogador", sus antiguos enemigos se volvieron sus amigos y los exprisioneros de guerra comenzaron a recibirlo de buen agrado en sus reuniones.

Pero las actividades de Scharff en Estados Unidos también incluyeron informes para la fuerza aérea de Estados Unidos, y clases de técnicas no coercitivas de interrogatorio para agencias de seguridad e inteligencia.

El "amable interrogador" murió en California hace 20 años, pero su legado sigue vigente.

Su nombre no fue citado en el debate público sobre la moralidad de las llamadas "técnicas mejoradas de interrogatorio" autorizadas por el presidente estadounidense George W. Bush e infligidas a los supuestos terroristas detenidos en la cárcel de Abu Ghraib, en Guantánamo y en los centros secretos de detención de la CIA.

Sin embargo, en la actualidad algunos interrogadores estadounidenses como Ali Soufan, que critican la eficacia de las técnicas utilizadas en la guerra contra el terrorismo, han revivido el interés en la experiencia de Scharff en la Segunda Guerra Mundial.

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