Por Dra. Margarita Mendoza Burgos
Cuando se habla de prostitución, se suele dibujar una figura femenina. Sin embargo, la prostitución masculina existe, tiene raíces históricas profundas y, en los últimos años, gana visibilidad impulsada por transformaciones culturales, mayor liberalidad en la expresión de la sexualidad femenina y el auge de plataformas digitales.
La prostitución masculina no es un invento moderno. En civilizaciones como la griega y la romana ya existían hombres que ofrecían servicios sexuales tanto a mujeres como a otros hombres. Lo que sí es relativamente nuevo es la disposición social para debatir abiertamente. Durante siglos, las normas de género construyeron una masculinidad que no podía admitir vulnerabilidad.
Las motivaciones que llevan a un hombre a ejercer la prostitución no difieren sustancialmente de las que impulsan a las mujeres: la necesidad económica ocupa el primer lugar, más aún en lugares donde escasean las oportunidades laborales.
En países desarrollados, donde la prostitución puede estar regulada o incluso reconocida como actividad profesional, el ejercicio a tiempo completo resulta más viable. En naciones en vías de desarrollo, en cambio, suele tratarse de una actividad paralela, ejercida fuera del horario laboral formal, rodeada de discreción y, con frecuencia, de vergüenza. En El Salvador, como en la mayoría de los casos de Latinoamérica, no es una profesión de la que uno se sienta orgulloso
El atractivo físico de un escort -como generalmente se hacen llamar- es un factor relevante, aunque no absoluto. Unos, por ejemplo, se publicitan por el tamaño de su miembro, incluso detallando los centímetros exactos. Estos, en algunos casos, también se ganan la vida como strippers en despedidas de solteras.
Pero más allá de la apariencia, lo que las clientas también suelen valorar es la capacidad del hombre para hacerlas sentir deseadas, valiosas y atendidas en su totalidad: emocional, sensorial y sexualmente.
Ahí radica una diferencia fundamental con la demanda masculina tradicional, orientada con mayor frecuencia al acto sexual sin mayor preámbulo. Respecto a la edad, predominan los hombres jóvenes, tanto por las exigencias físicas del oficio como por patrones culturales de atracción. El cuidado personal, la higiene y la delicadeza en el trato son atributos igualmente valorados por las clientas.
Uno de los cambios más significativos en este panorama es el incremento de la demanda femenina. Durante décadas, la sociedad tendió a presentar la sexualidad como un impulso predominantemente masculino, minimizando o negando el deseo femenino.
Se sabe que el pico de deseo sexual en los hombres se alcanza alrededor de los 18 años y declina progresivamente, mientras que en las mujeres este apogeo suele producirse entre los 40 y los 50 años, en torno a la perimenopausia. Sin embargo, las razones por las que una mujer recurre a un escort para saciar sus deseos sexuales dan para un artículo aparte, que llegará pronto.
Si bien la prostitución en general carga con un estigma social considerable, los hombres que la ejercen enfrentan un reproche particular. Las normas culturales sobre masculinidad generan una condena adicional: términos peyorativos que los acusan de ser "mantenidos" o de transgredir los roles de género esperados.
Este estigma lleva a la mayoría a mantener su actividad en el más estricto secreto, lo que dificulta tener datos específicos, sobre todo en Latinoamérica. En Europa, en cambio, los escorts están dispuestos a contar más sobre su profesión y confiesan que se puede ganar muy buen dinero. Hay muchos que solo aceptan ser acompañantes de una mujer mientras que otros solo lo hacen con gais.
Las plataformas digitales han transformado la manera en que opera esta industria. Las redes sociales y las aplicaciones de citas, ampliamente utilizadas por el público joven, han facilitado contactos que en otro contexto requerían intermediarios o espacios físicos de encuentro. Sin embargo, la prostitución masculina parece recurrir con mayor frecuencia a canales más discretos: avisos clasificados en línea, páginas especializadas y el contacto directo a través de redes de conocidos. Por supuesto, también hay agencias que reclutan escorts y que facilitan un encuentro íntimo.
Esta digitalización también ha traído consigo fenómenos colaterales. La figura del estafador que simula ser un hombre atractivo, solvente y disponible emocionalmente para extraer dinero a mujeres vulnerables es, según las expertas, un ejemplo extremo de cómo se explotan las mismas necesidades afectivas y sexuales que alimentan la demanda legítima.
El modelo del llamado Sugar Daddy —hombre mayor y adinerado que mantiene económicamente a una pareja joven— tiene su correlato femenino en crecimiento: la Sugar Mommy. Esta figura emerge hoy con mayor naturalidad en una sociedad que, de a poco, reconoce que las mujeres también pueden desear, proveer y establecer relaciones de intercambio en términos que antes se reservaban exclusivamente a los hombres.
Lo que este fenómeno evidencia, en último término, es que la sexualidad humana es más compleja, más diversa y más igualitaria de lo que los prejuicios históricos han querido admitir. Visibilizar la prostitución masculina no implica promoverla, sino entenderla como parte de una realidad social que merece su análisis.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
www.dramendozaburgos.com
Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infanto-juvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.
Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.
Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.
Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.
La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.
Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.
Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.