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domingo, 12 de septiembre de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR. PANDEMIA : SU EFECTO EN LOS JOVENES

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

A la hora de reflejar en cifras la pandemia del Covid-19 se tienen en cuenta estadísticas como número de contagiados, de víctimas mortales, de recuperados y de personas vacunadas. Sin embargo hay otros datos quizás igual de importantes que quedan en un segundo o tercer plano.

Uno de ellos, sin duda, es el impacto psicológico que ha generado en la población, pero especialmente en los jóvenes. Si bien no aparece en los informes diarios de las cifras, hurgando un poco en sitios especializados es evidente que eso se ha traducido en cuadros de depresión que en muchos casos llegan hasta la autolesión o incluso el intento de suicidio.

  

Recordemos que la adolescencia es un periodo de tensión para todo joven, ya que se están produciendo cambios a nivel físico y anímico.

 

El adolescente es rebelde por naturaleza y no como simple postura, sino que es parte de cómo va cuestionando lo impuesto en su etapa anterior con sus propias valoraciones y adopción de conductas que en su mayoría formarán parte de su personalidad adulta. 

 

Por otro lado existe cierta nostalgia por dejar esa niñez que probablemente en la mayoría de los casos ha sido adecuada y placentera. En medio de esa etapa llena de conflictos irrumpe la pandemia para profundizar esa “crisis”.  

 

Primero se dio el confinamiento: un cambio muy drástico que les afectó sin encontrarse mínimamente prevenidos para el mismo. Por otro lado, meses después, el regreso a clases en forma parcial o segmentada, tampoco ayudó. Al contrario, eso fomentó aún más la exclusión. Pues seguro que al tratarse de grupos más pequeños, tenían que elegir aún más a quiénes añadían o excluían dentro de un ya limitado entorno, y con pocas probabilidades de prueba y error. 

 

Quizás por eso, una vez interiorizados en la problemática, nos impacta cómo se han incrementado los intentos de suicidio en los adolescentes durante la pandemia. Hay otro dato más llamativo: mientras que entre los hombres el incremento fue de apenas el 3.7%, en el caso de las mujeres subió al 51%. Cuatro de cada cinco adolescentes que llegaban a una unidad de emergencia con sospecha de intento de suicidio eran del sexo femenino.  

 

El COVID 19, sobre todo en tiempos de cuarentena, modificó los hábitos de muchos jóvenes y limitó su movilidad. 

 

Como consecuencia del encierro, los adolescentes se refugiaron en las redes sociales, las cuales utilizaron más que nunca, desde TikTok a Snapchat o Instagram. Y eso tiene un efecto negativo, particularmente entre las mujeres, quienes tienden a compararse con amigas -e incluso con desconocidas- de su misma edad. En ellas tienden a ver una “envidiable vida fabulosa” que nada tiene que ver con su “miserable” presente.  

 

El efecto puede ser peor si la pandemia incluyó la pérdida de trabajo de algunos de los integrantes de la familia o, todavía más grave, si alguno murió por esta enfermedad. 

 

Pues a la soledad, ansiedad y la frustración que ya provoca la adolescencia, se aunó la pandemia y  sus restricciones, con lo cual no han podido realizar un debido duelo lo que por supuesto que también afecta. En el mejor de los casos han podido externar ese pesar con mucho dolor y llanto, pero con el retraimiento de los jóvenes ante los adultos en esta etapa y si tienen pocas actividades con sus iguales con quienes podrían hacer más catarsis, ese desahogo será más difícil.

 

Al final, puede que en la mayoría de los casos terminen creando un duelo no resuelto. Esto podrá influir en las patologías esperadas a esa edad o, aún peor, en dificultades emocionales durante toda su vida adulta.


Es cierto que siempre ha habido un número alto conductas de autolesionarse en esta edad por lo explicado anteriormente, pero la pandemia ha impactado de manera abismal en nuestra forma de vida y de la cual, al ser global, no hay manera de escapar. Por lo tanto, lo mejor es saber cómo tratarlo.  

 

Idealmente esta depresión de los adolescentes debe tratarse con terapia de profesionales y en la mayoría de los casos complementado con algún tipo de medicación, que bien elegida y aplicada puede llevar a una resolución de los casos en forma pronta y satisfactoria. Desgraciadamente la mayoría de los médicos suelen usar dosis de fármacos poco adecuadas y casi siempre en exceso. 

 

El adolescente aún no es adulto y no debe tratarse farmacológicamente de igual manera, es decir hay que aplicar dosis más bajas que sólo deben aumentar en caso que no logremos el resultado esperado.

 

Con mi práctica clínica puedo asegurar que suelen funcionar mejor con dosis bajas de fármacos además en la medida de lo posible, debemos evitar la polifarmacia. 

 

Si tiene dudas sobre si su hijo es víctima de la depresión, siempre hay manera de saberlo, por más que intenten ocultarlo: cambios bruscos de conductas, aislamiento, no alegrarse con cosas que antes les producían placer, aumento o pérdida de peso, problemas de sueño, conductas regresivas , ansiedad excesiva , autolesionarse, hablar de que la vida no vale la pena, regalar sus posesiones son síntomas bastante llamativos que no hay que dejar pasar.  Solo es cuestión de detectar cualquier anormalidad y actuar a tiempo.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

domingo, 31 de enero de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: COMO TE AFECTAN LOS RUIDOS NEGROS

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

En tiempos de Covid-19 es muy frecuente que cuando nos conectamos a la computadora para hacer teletrabajo o participamos de una teleconferencia nuestros oídos se vuelvan más sensibles y descubramos ciertos ruidos molestos que interfieren nuestra participación en plataformas como Zoom, Teams o Skype.

 


Sin duda que nos fastidiará si el vecino ha organizado una fiesta y tiene la música a todo dar, si el perro de al lado no deja de ladrar o si por la ventana se filtran los bocinazos que genera un enjambre de tránsito, pero hay otros ruidos, aparentemente imperceptibles, que pueden ser muy dañinos para la salud. 

 

Se les llama “ruidos negros”. Provienen principalmente de aires acondicionados, refrigeradoras y otros electrodomésticos que emiten infrasonidos a los que hay que prestarles atención. Son, como lo indica una investigación publicada en la revista International Journal of Occupational safety and Ergonomics, "frecuencias acústicas menores a 20 Hz que sentimos como ligeras vibraciones o percibimos como zumbidos, y cuya energía es absorbida por nuestro organismo".

 

Esto puede provocar desorientación, ansiedad, fatiga, pánico, alteraciones cardíacas, espasmos intestinales, náuseas, vómitos, ilusiones ópticas e incluso puede llegar hasta la pérdida de conocimiento.

 

La solución, por el momento, pasa por interesarse más en el tema y hacer conciencia. El mismo informe sugiere ciertas medidas arquitectónicas, como la ubicación estratégica de estos equipos de climatización y ventilación por ser emisores de infrasonidos y bajas frecuencias de sonido audible, de manera que afecten lo menos posible a los habitantes del hogar.  

Eso sí, los gobiernos deberían proponer regulaciones, especialmente en la anchura de los edificios y que sean menos permeables a los sonidos, pero también controlando mejor el tránsito e integrar vegetación que absorba los infrasonidos y reduzca la contaminación acústica.


Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

 

 

sábado, 6 de junio de 2020

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: FIEBRE DE LA CABAÑA, ADICCIONES QUE DEJARA EL CONFINAMIENTO


“Que el remedio no sea peor que la enfermedad”.

Esa frase, tan repetida en estos días, la utilizan aquellos que sostienen que el confinamiento y el cierre de la economía puede tener peores consecuencias que la propia pandemia.

“Si no nos mata el virus, nos matará el hambre”, afirman, urgiendo a que la vida comercial e industrial vuelva a su curso lo antes posible.

Es probable que sea una exageración y que la parálisis económica provocada por el COVID 19 no nos mate de hambre.

Lo que sí es más factible es que ese remedio que es la cuarentena obligatoria nos deje graves trastornos psicológicos.  

Además de exacerbar muchos problemas de conducta y alimentarios, por poner algunos ejemplos, también podría haber creado adicciones en las personas, como una forma de "evadirnos" o distraernos en el confinamiento.

La ludopatía es una de ellas, aunque ante el cierre de casinos solo quedó la opción de apuestas y juegos online.

No es un secreto que en varios países se disparó la venta de bebidas alcohólicas. En México se incrementó el consumo un 63%, principalmente de cerveza. En Rusia, las ventas de vodka en las mayores cadenas minoristas aumentaron un 31% mientras que el whisky y la cerveza escalaron un 47% y un 25%.

España tiene números similares. Los que tenían dependencia a los narcóticos seguramente han sufrido la abstinencia a raíz de la escasez de muchas drogas en el mercado, como la heroína. Algunos, incluso, han hecho el paso forzado a la metadona.

Después de dos meses de encierro, uno de los trastornos más comunes es el llamado “Síndrome de la cabaña”. Se empezó a usar a principios del siglo XX, en Estados Unidos, en aquellas zonas donde debido a los largos inviernos, sus habitantes se veían obligados a pasar un extenso período sin salir de su casa.

Si bien realmente no es un término psicológico aceptado, ilustra el temor a salir a la calle después de un confinamiento mayor de 50 días. Se sentirá miedo, desconfianza, sobretodo estando aún latente el temor a ser contagiado con coronavirus.

Cuanto más amena haya sido la cuarentena, más difícil será volver a salir a la calle sin miedos ni prejuicios.

Algo que influye mucho es la actitud de cada uno, y dependiendo de cómo nos hayamos organizado, el confinamiento puede dejarnos hábitos muy beneficiosos. A partir de ahora podemos ser más higiénicos, más económicos, más seguidores de rutinas y más preparados académicamente, además de haber mejorado nuestras relaciones familiares. Pero también, en caso de afrontarla de manera negativa, se verá reflejado en el aumento de peso, el caos en las rutinas, el abandono físico, la falta del deseo de lucir bien, malas relaciones familiares, nuevas manías y obsesiones.

El COVID 19 nos puede cambiar. Una estancia tan grande entre cuatro paredes hará brotar todo aquello que el tiempo fuera del hogar mitigaba y pueden aparecer nuevos trastornos.

Si logramos “sobrevivir” a la cuarentena, probablemente nos volveremos más prácticos y resolveremos más cosas desde el hogar, una de las grandes enseñanzas que nos dejó la pandemia. Además, ya estaremos mejor organizados. Si somos padres de familia de niños pequeños ya estos habrán regresado a la escuela y solo eso será un gran respiro para trabajar mejor

Al final, la pandemia nos puede hacer más fuertes o más vulnerables, dependiendo de cómo cada ser vive esta experiencia tan atípica. Si sentimos que nos ha dejado de bajo estado, debemos buscar un terapeuta para ayudarnos. Difícilmente se nos olvidara, ni siquiera a los más pequeños.

Se ha vivido -y aún lo estamos- en una condición de inminente peligro y eso se clava en la memoria a menos que padezcan de una especie de “Belle indiferencia”, lo cual también es nocivo. Normalmente algo de prevención nos quedará y con ella deberemos vivir el resto de nuestros días.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.
Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

sábado, 23 de mayo de 2020

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: PROBLEMAS DE SALUD QUE AGRAVA LA CUARENTENA


Nada mejor para evitar el contagio del Coronavirus que la cuarentena.

El aislamiento, ya sea autoimpuesto u obligatorio, ha funcionado como método para contener la pandemia. Sin embargo, el confinamiento produce algunos daños colaterales que conviene mencionar.

Por ejemplo, todas las personas que ya tenían problemas de salud mental y otras conductas verán exacerbada su sintomatología por dos razones muy simples. Primero, por la imposibilidad de atender a sus consultas; y segundo, porque no podrán seguir tan fácilmente sus rutinas de alimentación, ejercicio y sueño, por nombrar algunas.

Lógicamente el encierro ha provocado múltiples efectos secundarios que atacan todos los ángulos de la salud integral, que llegan incluso al maltrato físico y psicológico.

Si comemos peor, si dormimos mal y si nos abandonamos al sedentarismo las consecuencias pueden ser graves.

El encierro, como si fuera poco, genera mucha agresividad y es producto de un estado de tensión, en algunos casos incertidumbre y también depresión, que no ha podido ser manejado correctamente.

En la cuarentena todas las actividades serán afectadas a menos que se haga un meticuloso horario y se respeten rutinas, igualmente no deja de ser difícil si no hay forma de variar un poco las mismas para evitar el aburrimiento.
Es complicado atenerse a una rutina cuando no existe forma de modificarla un poco.

Parece paradójico, pero el ser humano necesita variedad, del mismo modo que los animales.

La tensión o la ansiedad, o como quiera llamarse, es infinitamente superior durante el confinamiento y genera una extraña sensación de impotencia, ya que chocamos con la imposibilidad de manejar la situación a nuestro antojo.

Es, al fin de cuentas, una forma de encarcelamiento apenas aderezada con una pequeña dosis de libertad. Igual es una prisión: la jaula aunque sea de oro, no deja de ser una prisión. Así lo refleja en Gran Bretaña un artículo de la revista Lancet Psychiatry, donde los profesionales reclaman que se refuerce la vigilancia del impacto psicológico que genera la epidemia, que es mayor, según los sondeos, al propio miedo a caer enfermo con el virus.

No es necesario ser claustrofóbico por estos días para que el encierro nos genere stress, ya que se combina peligrosamente con otros factores. Si además se habita en un espacio pequeño, la pérdida de intimidad y de libertad pueden generar situaciones incómodas como roces de pareja, peleas entre padres e hijos, reproches y voces fuera de tono. En España, por ejemplo, el Ministerio de Igualdad, durante los primeros quince días de confinamiento, el teléfono gratuito de atención a las víctimas de violencia de género recibió un 18,21 % más de llamadas que en el mismo periodo del mes de febrero.

Además, el estar inmovilizados terminará por afectarnos aún más.

¿Y dónde dejamos el famoso "mente sana en cuerpo sano"? Aún aquellos que no se ejercitaban demasiado al menos tenían actividades como ir a hacer la compra o salir a hacer trámites que los volvían de cierta forma activos. La cuarentena y sus restricciones paralizaron todo, no solo nuestro humor.

La forma en que vivimos ha cambiado totalmente. O nos adaptamos o las consecuencias serán muy nocivas.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.
Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

domingo, 22 de marzo de 2020

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: CORONAVIRUS Y SALUD MENTAL


Cuando el nombre “coronavirus” empezó a ser algo más que un virus que se propagaba en China, se encendió la alerta roja a nivel global. “Nada sucederá”, fue la especulación de la mayoría del mundo. Se trataba, por supuesto, del período de negación, un paso inevitable dentro de un proceso natural para asimilar las crisis.

Sin embargo, cuando esa amenaza se convierte en realidad, como el caso de la pandemia actual, nos invade la ansiedad.
En cierto modo, eso nos empuja a tomar las medidas convenientes, como huir, neutralizar, afrontar o atacar, según la circunstancia lo requiera. Otros, sin embargo, se paralizan de la impotencia.

Como alguna vez escribí, los mecanismos ansiosos tienen dos componentes: físico y psíquico.

Los físicos aparecen ante un detonante, preparando el cuerpo para la situación de defensa ante el mismo. Pero en muchos casos la negación sigue al punto que somos capaces de ignorar las medidas e instrucciones que dan las autoridades en casos de crisis.

A pesar de que nos dicen que hay que quedarse en casa y evitar cualquier contacto humano, hacemos caso omiso, actuando irresponsablemente.

Por eso es importante obedecer las medidas y tener ciertas rutinas en casa para estar mas seguros y preservar nuestra integridad mental.

Cuando nos invade el miedo es cuando más obediente nos volvemos. Pero ese es el miedo sano, el que nos vuelve buenos ciudadanos y prudentes. En medio de la adversidad, somos capaces de sacar lo mejor de cada uno, nuestro lado más solidario: donamos, nos sensibilizamos por las historias ajenas, abrimos nuestros corazones. En este caso de la pandemia, especialmente colaboramos con los dos grupos más afectados: los ancianos y los inmunodeprimidos.

Pero también puede aflorar lo que llaman “el miedo tóxico”, ese que desborda nuestra ansiedad hasta llevarla a límites extremos. Es cuando, presas del pánico, somos capaces de ir a un supermercado y acabar con la existencia de alcohol en gel, comprar una tonelada de papel higiénico o llenar las alacenas de latas de atún “por si acaso se viene el fin del mundo”.

En todo caso, en crisis como las del coronavirus normalmente la fase del miedo suele ser breve, e inexorablemente conduce a una etapa de desesperanza. Es cuando la cifra de infectados y muertes calan psíquicamente en nuestra mente. Y de aquel “a mí no me va a tocar, esto sucede en China” pasamos al “de esta no me salvo, seré la próxima víctima...”

De esa desazón, sin embargo, tarde o temprano también se sale. Y cuando esto ocurre, normalmente el individuo emerge reforzado anímicamente.

Esto viene acompañado de una autoestima alta y nuevos hábitos. Entonces ayudamos a otros desde la serenidad y ya no desde el miedo. Al final, la crisis será una anécdota y un invalorable aprendizaje.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.