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domingo, 20 de septiembre de 2015

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: MATERNIDAD DESESTRUCTURADA


Pese a todo lo comentado en anteriores blogs, la razón principal por la que no son muchas las familias que llegan a constituirse formal, estructurada y funcionalmente sigue siendo la misma que ha sido tradicionalmente, y es la precocidad y la irracionalidad con que sucede la maternidad. Es demasiado común que este inicio suceda en la adolescencia, cuando, normalmente, no hay ninguna preparación para construir una familia, ni siquiera para ejercer la maternidad con seriedad y responsabilidad.

Es demasiado común también que dicha maternidad se ejerza en soledad o con ayuda de algún familiar, pero sin la presencia ni la ayuda de un padre responsable. Y es demasiado común también que esta situación no sea una circunstancia accidental, sino que se repita una segunda vez, una tercera… con hombres diferentes, de modo que cuando la mujer llega a los veintitantos años, y debería ir alcanzando la madurez suficiente para iniciar una familia estructurada, en realidad lleva ya consigo una familia, a veces incluso numerosa, que ha ido creciendo sin la más mínima planificación ni estructura.

Aún así, frecuentemente la mujer conserva la ilusión y la esperanza de encontrar un hombre que “la honre”, pero en esas condiciones, el que aparezca un hombre dispuesto a hacerse cargo de la situación, a dar estructura y hacer que funcione la familia, es una posibilidad bastante lejana. Y lo peor es que la mujer, en su ilusión y deseo de que eso suceda, creerá ver a ese príncipe azul en cualquier hombre que se acerque a ella. La consecuencia probable de ello es que sufrirá un nuevo desengaño, y una nueva maternidad… y de nuevo sola.

En definitiva, lo que en el fondo desearían y sería conveniente para el desarrollo de los hijos, termina convirtiéndose poco menos que en un imposible porque en principio se toman decisiones equivocadas, y posteriormente se siguen tomando decisiones equivocadas creyendo, o queriendo creer que se toma una decisión correcta. ¿Y por qué se toman tantas decisiones equivocadas y pareciera que nunca se aprende? Este es un tema bastante complejo de analizar. Las primeras decisiones equivocadas, en la adolescencia, suelen suceder como consecuencia de falta de educación, particularmente educación de la sexualidad, unida frecuentemente a la circunstancia de que a esa edad ya ha abandonado la escuela, o bien no ven futuro ni estímulo en la escuela ni en nada en particular, perdiendo el sentido a la vida demasiado temprano, y viendo la maternidad como una salida para llenar ese vacío.

¿Y cuál es la causa de esa falta de educación y de estímulo vital? Normalmente es la ausencia de padres, o padres que son capaces de ejercer como tales. Ellos, porque muchas veces no existen o no están; otras veces porque están, pero su labor es nefasta, o, lo que es peor, son abusadores de sus hijas o hijastras. Las madres porque no están capacitadas para ejercer una adecuada labor educadora, o porque, aunque están ahí, a penas pueden pasar tiempo con sus hijas por tener que pasar demasiado tiempo ausentes para poder mantenerlas, porque, a su vez, ellas probablemente también fueron protagonistas de la misma historia quince o veinte años antes. Como vemos, se trata de condiciones auto repetitivas en sí mismas, generación tras generación.

       Después que haber tomado las primeras decisiones equivocadas, las demás decisiones equivocadas que siguen tomando muchas mujeres en esa dinámica de maternidad repetitiva desestructurada tienen en alguna medida también las mismas causas de falta de otro aliciente vital, y, en gran medida, lo ya comentado anteriormente, son consecuencia de la ilusión o la esperanza de encontrar al hombre que se haga cargo de la situación, y que termina en desengaño.
Otras veces también la mujer pretende, mediante ello, asegurarse una pensión alimenticia. A fin de cuentas, la cultura machista enseña a los hombres a ser cazadores, y las mujeres saben bien cuál es el cebo. Todo ello hace que la nueva generación crezca falta de apoyo, de estímulo y de oportunidades educativas y de todo tipo, con lo que el patrón tenderá a repetirse en la siguiente generación. Por eso es que nuestros países siempre parecen estar estancados, ni para atrás ni para adelante; inmersos en el mundo occidental, mirando de cerca a los países del primer mundo, pero permanentemente anclados en el tercero.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.


Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

sábado, 31 de enero de 2015

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: PREPARANDOSE PARA LA ADOLESCENCIA



       

Muchos padres tienen serios problemas con sus hijos al llegar éstos a la edad de la adolescencia. Desde el punto de vista opuesto, los propios adolescentes dirían que son ellos los que tienen problemas con sus padres. De una u otra forma, tiende a producirse un distanciamiento basado en la falta de entendimiento mutuo y deterioro de la comunicación. No les falta razón a los padres al quejarse de la dificultad de entendimiento con sus hijos adolescentes, pero tampoco les falta razón a éstos cuando se quejan de que sus padres no saben entenderles, porque... ¿Realmente estamos los padres preparados para entender esta etapa, tan complicada como inevitable?.

       Siempre pretendemos que sean ellos los que cambien; para hacer más sencilla nuestra labor, supongo. Pero ellos difícilmente van a cambiar, precisamente porque son adolescentes. ¿Por qué será que nos resulta tan difícil entenderlo, si nosotros mismos también pasamos esa etapa hace algún tiempo?. Podemos verlo desde el punto de vista práctico. En primer lugar, los adultos somos nosotros; no ellos. Los padres somos nosotros; no ellos. Entonces nos corresponde a nosotros crear soluciones. Segundo, nosotros somos adultos y fuimos adolescentes, y podemos entender ambos puntos de vista. Ellos solo son adolescentes; aún no han sido adultos, y difícilmente pueden ponerse en nuestros zapatos. Tercero, si permitimos el distanciamiento, los grandes perjudicados serán ellos, pero ellos no son nuestros enemigos; son nuestros hijos, y por tanto, nosotros somos igualmente perjudicados.

       Muchos padres reconocen que es cierto que ellos también fueron adolescentes, y ahora, como adultos, comprenden los riesgos a los que estuvieron expuestos y que entonces quizás no eran capaces de reconocer, y no quieren que sus hijos corran los mismos riesgos. De acuerdo, muy lógico. Pero el problema es la forma en que frecuentemente manejamos la situación, casi reprimiéndoles su adolescencia. ¿No sería más sencillo dejarles ser adolescentes y educarles sobre los riesgos existentes y sobre la naturaleza del proceso biológico y psicológico de la adolescencia? Se sorprenderían de cómo es capaz de comportarse un adolescente educado en estos aspectos.

       Sí, pero ¿Cómo hacerlo? Bueno, este es el primer paso, aceptar que, por lo general, no estamos bien preparados para ser padres, y menos aún, padres de adolescentes. No es para sentirse culpable, porque nunca tuvimos oportunidad de aprender, y además, quizás asumíamos que el talento para ser buenos padres es instintivo, o que los hijos se educan solos, quizás porque así nos tocó a nosotros mismos. Luego nos damos cuenta de que los hijos nacen sin manual de instrucciones. 
Pero eliminar la culpa no elimina el problema. De alguna manera tenemos que aprender. Ese talento para ser buenos padres es como otros talentos; es instintivo en parte, y en parte se desarrolla. Y aún la parte instintiva es notable en algunas personas, pero no tanto en otras. Pero estar preparado no significa solamente conocer qué es lo que podemos esperar en ellos, sino también qué es lo que se espera de nosotros como padres, para que esta etapa transcurra con normalidad y cumpla su objetivo de convertir un niño o niña en una persona adulta. Comenzar temprano, antes de que llegue, es la mejor forma de prepararse para la adolescencia.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.  

sábado, 20 de septiembre de 2014

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: LA REBELDIA DEL ADOLESCENTE


  
     A los padres nos parece que los adolescentes son incoherentes, que no tienen criterio, que rechazan todo lo que les decimos, que no saben lo que quieren, y que se dejan llevar por cualquier moda o por cualquier cosa que diga o haga cualquier extraño antes que por nosotros, que somos los que realmente nos preocupamos por ellos. La adolescencia es la etapa en que el niño aprende a ser adulto. Psicológicamente se está produciendo un lento proceso en que la persona pasa de pensar y actuar según los criterios y valores de sus padres, a pensar y actuar por sí mismo, según los suyos propios.

       ¿Los suyos propios? ¿Cuáles, si no los tiene? Ahí empieza el problema, la situación de crisis, que no es en realidad con los padres, sino consigo mismos. Durante esta etapa se produce una intensa búsqueda de criterios y valores y los buscan fuera del hogar, porque los del hogar son ya conocidos y, aunque ofrecen una seguridad, son los de los padres, no los de uno mismo. No significa necesariamente que los rechace; simplemente necesita conocer otros, aunque para ello tenga que olvidarse provisionalmente de ellos. Es la típica rebeldía de esta edad. De este modo, el entorno social se abre como un escaparate lleno de posibilidades; de oportunidades, de intrascendencias, y también de riesgos, donde el adolescente va a buscar sus criterios y valores.

       Muchas veces los padres tratamos de oponernos, aunque sea sutilmente. Nos resistimos a pensar que descarten lo que se les ha dado, lo conocido que funciona, para buscar en lo desconocido y arriesgado. Y cuanta más resistencia ponemos, más se agrava la situación. No terminamos de entender que lo que necesitan no son cosas nuevas, sino simplemente decidir por sí mismos qué es lo que quieren, como pensar y cómo actuar.

       Este proceso de búsqueda es necesario y natural, y para ello necesitan probar diferentes opciones; por eso se dejan llevar tanto por las modas, y por eso hoy les gusta una cosa y mañana otra. El que los padres nos opongamos a ello solamente les va a fomentar el rechazo a los valores del hogar. Nuestra actitud debe ser de comprensión, de apoyo y de vigilancia a los riesgos. Ellos, en el fondo, se sienten enormemente inseguros ante lo desconocido, y confusos y angustiados porque nada de lo que prueban les satisface en forma durable; pero esto es normal.

No les digamos “esto está bien o mal”, no les demos sermones, al contrario; sigámosles la corriente a ver dónde nos llevan, siempre vigilantes. Provoquemos la reflexión en ellos; aprovechando cualquier tema de actualidad, o cualquier noticia en televisión, planteémosles cuestiones relacionadas con sus experiencias y descubrimientos, evitando siempre el sesgo sobre lo que está bien y lo que está mal. Hagamos de caso que no existe “lo que está bien y lo que está mal”, hagamos contrapunto poniéndonos incluso, aparentemente, contra nuestros propios valores y dejemos que ellos reflexionen y saquen sus conclusiones. Tomará un poquito de tiempo, tropezarán alguna vez, inevitablemente, como todo aquel que empieza algo nuevo sin experiencia, pero poco a poco irán madurando y encontrando su lugar.


Comprobaremos que los criterios que van tomando empiezan a parecerse a lo que nosotros queríamos; aunque no siempre, y cuando eso sea así, reflexionemos nosotros mismos. Unas veces nos daremos cuenta de que sus criterios diferentes no son ni mejores ni peores que los nuestros; simplemente diferentes. Y algunas otras veces también nos daremos cuenta de que los criterios equivocados eran los nuestros, y habremos aprendido algo de ellos. Hay dos cosas muy importantes en este proceso, que no pierdan la confianza en nosotros, y que sean ellos mismos quienes saquen sus conclusiones. Si en el hogar había valores consistentes, al final del proceso, con nuestro apoyo, terminarán descubriendo por sí mismos que casi todo lo que buscaban fuera, estaba en casa. De eso se trata el reto.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 



sábado, 26 de octubre de 2013

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: SOBREPROTECCION



       La sobreprotección es uno de los criterios equivocados más comunes en la crianza y educación de los hijos. Sobreprotección a los hijos es evitar que vayan asumiendo los deberes, libertades y/o responsabilidades propias de su fase de desarrollo, con la intención de que tengan una vida más fácil, cómoda, feliz, y exenta de riesgo. La consecuencia de ello es que el niño o la niña no aprende a desenvolverse con normalidad en las circunstancias habituales y cotidianas, las cuales tendrá que afrontar necesariamente el día de mañana.

      Muchas veces, además, en los padres hay una segunda intención que se mueve en la frontera de lo consciente y lo subconsciente, y es la comodidad que les supone eximir de riesgos a los hijos al no tener que estar pendientes ni preocuparse por los mismos. Esto es más frecuente en la adolescencia. En algunos casos hay una tercera intención, cual es la de sabotear el natural proceso hacia la independencia del hijo por existir algún tipo de dependencia patológica de él, de modo que se le hace anormalmente dependiente para tenerlo siempre cerca.

       El hijo siente, en principio, seguridad y comodidad con estas situaciones; y las acepta en forma consciente; pero inconscientemente se está iniciando un proceso de tácita rebeldía y de pérdida de autoestima. Ello es debido a la sensación de infravaloración por la falta de reconocimiento por parte de los padres, así como de las crecientes capacidades y necesidad de autonomía que se experimenta a lo largo del desarrollo.

       Poco a poco, y especialmente al llegar la adolescencia, se va dando cuenta de que la mayoría de sus compañeros manejan con solvencia y seguridad en si mismos ciertas situaciones ante las que él siente un temor cada vez mayor. En este punto, y aunque aún no es capaz de encontrar una explicación, y mucho menos una solución, ya es plenamente consciente de su inseguridad y deficiencias, por lo que su autoestima desciende aún más. Si la situación persiste a lo largo de la adolescencia, un día será un adulto con problemas de difícil solución.
 
       La felicidad en la niñez no consiste en tener una vida fácil, sino plenitud afectiva, capacidad para superar los crecientes retos de todo tipo que se presentan, y conciencia del éxito real (no ficticio) en dicha tarea. La misión de los padres no es sólo criar hijos felices, sino también formar futuros adultos felices.

       La niñez y la adolescencia son procesos evolutivos continuos en los que la persona constantemente descubre cosas nuevas y se enfrenta a nuevos retos. Algunos de estos retos no están exentos de ciertos riesgos que es necesario asumir, porque precisamente el hecho de afrontarlos y superarlos es lo que hace madurar a la persona, y le proporciona autoestima e independencia. No significa ello que deban asumirse los riesgos de una forma irresponsable; al contrario. La correcta interpretación de esos riesgos y la adecuada educación previa a tener que asumirlos, es lo que los va a reducir a la mínima expresión.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.  

sábado, 10 de agosto de 2013

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: EL PÁNICO EN NIÑOS Y ADOLESCENTES



       El pánico es un problema común y tratable. Los niños y adolescentes con trastorno de pánico sufren periodos inesperados y repetidos de intenso terror, acompañados de otros síntomas como palpitaciones rápidas y falta de aliento. Estos periodos se llaman “ataques de pánico” y suelen durar unos minutos, aunque algunas veces pueden durar horas.  Los ataques de pánico se presentan sin dar aviso. Los síntomas incluyen:



1.           Terror intenso. (Un presentimiento de que algo terrible esta por ocurrir).
2.           Palpitaciones rápidas del corazón, taquicardia, mareos o vértigos.
3.           Falta de aliento o sensación de sofoco.
4.           Temblores o sacudidas.
5.           Una sensación de irrealidad.
6.           Miedo de morir, de perder el control o de volverse loco.

       El trastorno de pánico frecuentemente comienza en la adolescencia aunque puede comenzar durante la niñez. Si no se diagnóstica y se trata oportunamente, sus complicaciones pueden ser devastadoras, ya que pueden interferir con las relaciones sociales, el trabajo escolar y el desarrollo normal del niño o adolescente. 

       Los niños y adolescentes que padecen del trastorno de pánico pueden comenzar a sentirse ansiosos la mayor parte del tiempo por el temor a que les suceda uno de estos ataques repentinos, por lo cual pueden negarse a ir a la escuela o a separarse de sus padres, por ejemplo. En los casos más severos pueden temer a salir de la casa. Algunos pueden incluso desarrollar una depresión mayor, y correr el riesgo de un comportamiento suicida.

       Tratando de reducir la ansiedad, algunos adolescentes con desorden de pánico tienden a usar alcohol o drogas. Este trastorno es muy difícil de diagnosticar. Ello puede ocasionar muchas visitas a médicos y muchas pruebas médicas caras, innecesarias, e incluso potencialmente dolorosas. Los niños y adolescentes que presentan síntomas de ataques de pánico deben de ser evaluados primero por su pediatra. Si no se encuentra una enfermedad o condición física que cause los síntomas, se debe de llevar al niño a un psiquiatra para que le haga una evaluación extensa.

       Hay varios tipos de tratamientos que son eficaces. Hay medicamentos específicos que pueden parar los ataques de pánico. La psicoterapia puede también ayudar al niño y a la familia a aprender formas de reducir el estrés o los conflictos que pueden causar un ataque de pánico. Con técnicas que se enseñan en la “psicoterapia cognoscitiva”, el niño pueden también aprender nuevas formas de controlar la ansiedad o los ataques de pánico cuando estos ocurren. Muchos niños y adolescentes con trastorno de pánico responden bien a la combinación de medicamentos y psicoterapia. Además, el tratamiento oportuno puede prevenir otras complicaciones, tales como la agorafobia, la depresión y el abuso de sustancias.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.