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sábado, 18 de junio de 2022

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: VICTIMAS

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

Es bastante común encontrar en nuestra cultura iberoamericana a personas que se hacen las víctimas y suelen sacar provecho de eso. Mediante el victimismo consiguen ganar la atención de los demás, evitan tomar decisiones, esperando a que otros resuelvan sus problemas. 

Al final consiguen aquello que esperan sin poner esfuerzo de su parte, y como si fuera poco, se sienten cuidadas y apoyadas. Esa victimización se convierte en una efectiva estrategia para querer evadir alguna tarea o rol que no les agrada. Claro, también podrá haber casos que no surgen de esa estrategia mencionada, sino que se trata personas que piensan que sus emociones vienen determinadas por las circunstancias de la vida y a ellos les ha tocado lo peor. 

Aunque simbólica, desde que nacemos, siendo bebés, utilizamos esta estrategia. Empiezan a llorar y no se detienen hasta que alguien llega a consolarlos. Una escena muy común, sobre todo en madres primerizas, es ver a abuelos u otros familiares intervenir debido a que el llanto del bebe "nos parte el alma". Y así se inicia la radiografía de aquel que se queja de todo, para evitar el ejecutar alguna tarea no deseada. 

Por lo general, estas personas tienden a exagerar lo negativo en detrimento de lo positivo. Eso les impide valorar las cosas buenas que les ocurren en su vida. Se preguntan: ¿Por qué a mí? Creen que el mundo está en su contra. Pero saben que eso tiene un beneficio: recibirán atención inmediata, gratificaciones no ganadas y el apoyo de alguien que se compadezca de nosotros. Siempre habrá un alma sensible, un corazón empático para ayudarnos. 

¡Con esta patología nos hacemos las víctimas para lograr nuestros objetivos. Es irónico que esto se de en una sociedad que desvirtúa a las verdaderas víctimas, ya que desde esa perspectiva y del lado contrario se puede acallar a víctimas verdaderas cuando se quejan o expresan una situación realmente importante. 

Eso ha generado una cultura del victimismo, que además puede resultar muy efectiva en ciertos momentos. Veamos recientemente el caso de las celebridades Jhonny Depp y Amber Heard. Ambos se quejaban de ser víctimas de calumnia y no victimarios. En este caso también se puede apreciar como las víctimas y /o victimarios tienden a repetir una y otra vez el patrón sin salir de una relación tóxica.

En todos los grupos suele haber siempre alguien que tiende a hacerse la víctima… y dentro de ese mismo grupo también lo hay quien está dispuesto a salir al rescate. Gente empática y de corazón abierto. Sin embargo, conviene ser prudente y no caer en el juego de la supuesta víctima. 

Cuando una persona pide ayuda a través de la manipulación a veces es preferible no ofrecer ayuda, reforzando la actitud de que consiga lo que se propone por sí misma y piense en cómo se sentirá cuando lo haga. 

Es difícil salir de ese círculo vicioso, puede darse el caso de que una persona entienda su parte en la situación y rectifique por sí misma. Lo ideal es buscar a un terapeuta capacitado, pues muchas veces vemos terapias que yo llamo “De compadres o comadres", ya que le dan la razón al consultante para no perder al cliente.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.

sábado, 9 de abril de 2022

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: LA SATURACION NOTICIOSA Y LA ANSIEDAD

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

Todos, absolutamente todos, en algún momento hemos tenido síntomas de ansiedad. Es normal. Ese estado de tensión o ansiedad anticipatoria es un principio básico de supervivencia y no es otra cosa que una respuesta natural que prepara el organismo y la mente para encarar cualquier situación difícil que se nos presente. 
El problema surge cuando esta tensión se convierte en algo permanente y sin una verdadera razón aparente. Es como un mecanismo activado que no podemos apagar. 

Todos los seres humanos padecemos de ansiedad, pero las personas con poca actividad, como las retiradas o sin trabajo por alguna razón la sufren más. Lo mismo ocurre con las que tienen exceso de trabajo, con las que manejan mucha información como un periodista o alguien que vive pendiente de las noticias. 

En menores de edad, los niños inquietos, asustadizos y consentidos la padecerán más, ya que su control emocional es más leve y no saben cómo manejarla, controlarla o expresarla ante alguien que les pueda ayudar. Su ansiedad se refleja en la conducta, el sueño, el retraimiento y el no querer compartir con otros, etc.

Además, en niños o adolescentes puede haber dificultades para dormir menos o más apetito, inhibición o, por el contrario, actividad extrema y con poco sentido. 

Si bien no necesariamente depende de la edad, la pubertad o adolescencia es una época creadora de ansiedad debido a los cambios físicos y mentales. Es la búsqueda de su identidad la que lleva muchas veces a los adolescentes a ser agresivos, especialmente ante los mayores, en un intento de marcar su nuevo espacio y necesidades.

No se debe confundir ansiedad con ataque de pánico. El ataque de pánico es un momento de ansiedad profunda en el que puedes llegar a sentir que estás al borde del colapso, con las palpitaciones aceleradas y que te falta el aliento. Los síntomas alcanzan su punto máximo después de 10 minutos y suelen disminuir después de 30 minutos. La ansiedad, en cambio, es persistente y hay una desazón constante con cierta angustia.

El ataque de pánico se manifiesta a través de palpitaciones, sudoración, aumento de la tensión muscular y de la respiración, dolores físicos, dilatación de la pupila, temblores, inquietud, preocupación excesiva y desproporcionada. 

A veces se suele confundir los síntomas de un ataque de pánico, con la inminente sensación de un ataque cardiaco. Si lo que ha tenido es un ataque de pánico que le ha generado una sensación inminente de muerte como de un infarto, en Emergencias le dirán que no fue un amago de ataque cardiaco sino un problema ansioso, una crisis de ansiedad extrema.

En realidad, la ansiedad se considera una epidemia. No es para menos. Actualmente las formas de vida son tan aceleradas, con exigencias grandes y mucha competencia que la vuelven un peligro. 

Además, los medios de comunicación y las redes sociales nos bombardean con noticias de nuestro entorno y de todo el mundo en el instante que suceden, en la mayoría de los casos de forma gráfica, alarmista y amarillista. 

La ansiedad es, con diferencia, la condición psiquiátrica más común en Europa, con una prevalencia del 14%, siendo las mujeres, en la mayoría de las ocasiones, el grupo más afectado. Según la Organización Mundial de la Salud, 264 millones de personas sufren de ansiedad en todo el mundo.

A pesar de todo, la ansiedad se puede prevenir. Se recomienda hacer deporte, ejercitarse, llenar nuestra vida de actividades placenteras como caminar por un parque tranquilo o pasear. En fin, cualquier cosa que nos desenchufe de las preocupaciones diarias. También se recomienda ver menos noticias, hacer relajación y/o meditación.

Ante cualquier duda lo mejor es consultar a un profesional de la salud mental, pero por sobre todo centrándonos en el aquí y ahora sin observar tanto lo que ocurre en el mundo sino enfocarse en nuestra propia vida y bienestar.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.

sábado, 8 de mayo de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: PADRES QUE ODIAN

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

Es bastante común escuchar a hijos que odian a sus padres, y las razones pueden ser múltiples. Sin embargo, es difícil encontrar procesos inversos. 

Es decir, padres que odian a sus hijos. Difícil, pero no imposible… Por supuesto que se puede rechazar a un hijo y hay un abanico de posibles argumentos: nos recuerda a alguien no querido, pensamos que puede quitarnos el amor de pareja o porque verdaderamente ha incurrido en una falta grave, entre otros.

 

El sentimiento surge del amor entrelazado con la vergüenza por sentir esa emoción. “Este proceso tiene una base científica, ya que el amor y el odio comparten los mismos circuitos cerebrales”, explica en su libro el psicólogo británico Simon Baron-Cohen.

 

La intensidad y algunas razones probablemente dependerá de la edad de los hijos, pero la animadversión puede ser producto de una violación o de una relación romántica de la cual ya no deseamos ni acordarnos. Cuando ocurre que el odio puede ocasionar daño -incluso físico- en un hijo. “Amor y odio son dos emociones intensas que circulan en dirección contraria por la misma carretera”, agrega Baron-Cohen.

 

Un buen ejemplo de una relación tóxica entre madre e hija está muy bien representada en la reciente película Corre (Run), disponible en Netflix y entre las 10 más vistas en El Salvador en las últimas semanas.

 

En dicha historia, una madre somete a todo tipo de daños físicos a una hija que va un poco más allá de la típica relación inestable entre padres e hijos. Pero la posibilidad de un daño está latente, sobre todo cuando es provocado por factores ajenos al hijo o sobre los cuales éste no tiene posibilidad de hacer nada. 

 

En algunas ocasiones el odio puede ser generado por una decepción. Es decir, el hijo no cumple las expectativas que se planteaban sus padres. Definitivamente en estos casos estará mezclado con una dosis de culpa, además de la vergüenza.  El progenitor puede sentir que no logró darle a su hijo herramientas para lograr lo que él o ellos esperaban de este hijo. Además, es probable que haya cargado en las espaldas de su hijo todo lo que él quiso y no pudo ser.  

 

La psicóloga estadounidense Susan Forward escribió un libro llamado 'Padres que odian' que describe algunos de sus comportamientos. 

 

Se trata de emociones bastante comunes de desagrado, que no se identifican con cierto  odio por la connotación tan negativa de esta emoción hacia un hijo, pero esto llevará a pleitos sin explicación o incluso a sabotear inconscientemente a este hijo.  “Creo que los padres también odian a sus hijos.

 

Lo que pasa es que no es lícito decirlo”, afirma la colombiana Pilar Quintana, autora de la novela La Perra, en la que trata con crudeza las frustraciones de la maternidad.

 

En algunos casos, los más extremos, ese odio hacia los hijos puede llegar al asesinato, algo que técnicamente se llama filicidio. 

 

Según un estudio de la revista Forensic Science International, cada año hay al menos 500 casos en los Estados Unidos. Casi el 72% de los niños que fueron asesinados por sus propios padres tenían 6 años o menos. Otro dato: el 41,7%% de los asesinos fueron mujeres, mientras en el 58,3% de los casos fueron hombres. Pero quizás lo que llama la atención es que apenas el 10% de las víctimas fueron asesinadas por sus padrastros o madrastras, por lo que el 90% de las víctimas fueron hijos e hijas biológicos de los asesinos. 

 

Por eso lo recomendable es un buen terapeuta que no tome partido sino que sea bien objetivo y pueda hacer entender estas emociones negativas o sea identificarlas para ir pasando luego a su mitigación.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.   

 

sábado, 4 de abril de 2020

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: EL HUMOR Y LA CAPACIDAD DE RESILIENCIA


Al mal tiempo, buena cara.

La crisis que ha provocado la pandemia del Coronavirus, en la mayoría de los casos acompañado de una cuarentena fastidiosa, se puede afrontar de varias maneras, pero la mejor es hacerla con humor.

La risa nos ayuda siempre en momentos de tensión, ya que libera endorfinas y cambia el esquema negativo de las situaciones que afrontamos, llevando dosis de esperanza, relajación y catarsis. Además, como si fuera poco, la risa disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

El humor tiene efectos terapéuticos comprobados.

Incluso en las consultas de Salud Mental, el terapeuta debe ser jovial y esperanzador, aunque no iluso ante las situaciones.

Con los niños, el juego saca en la acción los temores que pueden sentir. Por eso se recomienda utilizar los juguetes para recrear lo que ocurre y sacar adelante el espíritu de lucha y esperanza. Eso vale incluso para los ancianos: la esperanza está allí, solo falta que la saquemos.

Ahora que está de moda la palabra resiliencia, esa capacidad que tienen algunos seres humanos para adaptarse positivamente a las situaciones adversas, vale aclarar algo: entre las principales características de las personas resilientes está su sentido del humor.

Si alguien puede reírse de sí mismo y hacer bromas sobre la adversidad, sin dudas tendrá más facilidad para afrontar los problemas que alguien sin sentido del humor.

La clave es ver la realidad sin perder el buen humor, sin pretender usarlo como recurso para evadir la situación. Al contrario, nos ayuda a entenderla. Hay que ver el lado optimista de las cosas a través del humor, pero humor del bueno: ni grosero ni negro. Hasta nuestros errores, que todos cometemos, pueden verse desde el lado positivo y reírnos de ellos.

Sigmund Freud atribuyó a las carcajadas el poder de liberar al organismo de energía negativa. Por lo tanto, atrévase a contar chistes y a ser jovial en estas situaciones, a pesar de todo. Incluso compartir memes, si estos no salen de tono, puede ayudar a arrancar una sonrisa, y eso tiene un valor inmenso en estos tiempos duros.  

Baile, cante, juegue con sus hijos, con las mascotas, lea, vea comedias, siga en redes sociales cuentas divertidas… Todo sirve. Póngase al frente al espejo y trate de reír a carcajadas hasta que estas salgan de verdad. A una crisis, entre otras cosas, se la enfrenta con la mejor disposición.

El envejecer o las crisis  no deben ser motivo de perder el humor. Muévase, ría y piense que mañana hará un día mejor. La risa es contagiosa, y también mucho más benévola que cualquier virus.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

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sábado, 23 de noviembre de 2019

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: HIJOS SATURNO


Por Dra. Margarita Mendoza Burgos


El Museo del Prado, uno de los más visitados de Madrid, tiene varias joyas artísticas. Una de ellas, sin duda, es el cuadro de Goya titulado “Saturno devorando a su hijo”.

En ese impactante óleo, un clásico del expresionismo, puede verse al dios Saturno comerse vivo a su hijo en un acto de canibalismo atroz.

Por estos días, el término Saturno vuelve a estar de moda, aunque esta vez es a la inversa: se utiliza para describir a los hijos que matan a los padres.

Se les llama Hijos Saturno  -en referencia a ese cuadro- y son básicamente aquellos que no velan por sus padres de forma adecuada.

Más bien son los que desean obtener todo lo económico posible de ellos, pero sin importarles el estado de salud ni el deterioro de los mismos. Por lo general terminan asesinando a sus padres para poseer sus bienes.

La forma de matar va desde un asesinato directo, muchas veces con un arma, hasta acabar con la vida de un padre a través del abandono total en el caso de una persona incapaz de cuidarse a sí misma. Bastará con no alimentarlo apropiadamente, aislarlo o inmovilizarlo para conducirlo lentamente a la muerte.  

Solo un hijo con pocos valores y mucha ambición podría ser capaz de eso. Pero los hay, y a montones, como se podrá comprobar en la vida real. Se trata de hijos que no soportan la espera de una herencia o, peor aún, de no tenerla nunca. Ni siquiera existe un interés afectivo a los padres.

Generalmente hay rasgos de sociopatía o psicopatía en ello, es decir que no tienen empatía por nadie, ni siquiera por sus progenitores. Aquí también pueden influir vicios como drogas, sexualidad promiscua y problemas de juego.

Unos de los casos más emblemáticos, sobre todo en los años Noventa, ocurrió en Estados Unidos y tuvo como protagonistas a los hermanos Lyle y Erik Menéndez, quienes mataron a sus padres para cobrar la herencia. José Menéndez, una de las víctimas, era un millonario productor de cine que vivía con ellos en una mansión de Beverly Hills. La historia se hizo película y el caso fue muy comentado.

Podríamos pensar que este fenómeno es relativamente nuevo y atribuírselo a que vivimos en un mundo cada vez más materialista. Sin embargo, siempre han existido seres así a lo largo de la historia, gente desapegada, insensible e inescrupulosa. Capaz de hacer lo que sea por una herencia o por hacer desaparecer “mágicamente” un obstáculo doméstico con un acto criminal.

En muchos casos, el problema empieza con las mismísimas víctimas: los padres. Estos a veces no son capaces de aceptar que sus retoños no van por el buen camino y sobre todo fueron muy permisivos a la hora de educarlos. Daban todo lo que los hijos querían sin enseñar lo que cuesta obtener las cosas. Eso, sumado a un proceso psicológico anormal, puede engendrar un Hijo Saturno.

Si bien no es algo nuevo, sí se está dando con más frecuencia. Esto llevó a que la Universidad de Valencia analizara una muestra de 33 casos de hijos que habían matado a su padre o madre desde el año 2000 hasta el 2017.

Conclusión: “el perfil del parricida según los datos obtenidos es el de un hombre con una edad media de 27 años. Sus conductas pueden verse agravadas por la ingesta o consumo de sustancias a causa de sus efectos, pero no constituyen un factor determinante. El joven suele proceder de una familia estructurada y convive con la víctima. Suele cometer el crimen en el domicilio familiar empleando un arma blanca”.
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Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

domingo, 23 de junio de 2019

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: ANSIEDAD PROCESO POSITIVO HACIA LO NEGATIVO


Por Dra. Margarita Mendoza Burgos
Siempre se asocia la ansiedad a lo negativo y no es así: Se trata de un mecanismo defensivo, una alarma que salta ante situaciones consideradas amenazantes. Es normal y ayuda al rendimiento y la capacidad de anticipación y respuesta. En cierto modo nos empuja a tomar las medidas convenientes, como huir, neutralizar, afrontar o atacar, según la circunstancia lo requiera. 

Richard Lazarus, célebre psicólogo estadounidense, definía a la ansiedad como “un fenómeno que se da en todas las personas y que, bajo condiciones normales, mejora el rendimiento y la adaptación al medio social, laboral, o académico. Tiene la importante función de movilizarnos frente a situaciones amenazantes”. 

En todo caso, el problema viene cuando nos obstaculiza algún deseo o emprendimiento que conlleve el factor riesgo. Esto porque el ser humano desea lo que no tiene, y quiere conservar lo que tiene. 

Estos mecanismos ansiosos tienen dos componentes: físico y psíquico. Los físicos, aparecen ante un detonante, preparando el cuerpo para la situación de defensa ante el mismo. 

Proveniente del latín anxietas, la palabra ansiedad significa congoja o aflicción. Es un estado de malestar psicofísico caracterizado por una sensación de inquietud, intranquilidad, inseguridad o desasosiego ante lo que se vivencia como una amenaza inminente y de causa indefinida. 

En caso que el detonante actúe demasiado a menudo, el organismo empieza a repetir el efecto ansiedad sin necesidad del estímulo de forma aparente. Puede aparecer ante pequeños detalles o anticipaciones a la causa matriz. Deja de ser adaptativo y empieza a reproducirse como una forma de tensión constante o stress. Precisamente cuando la tensión es constante pueden iniciarse cuadros de problemas relacionados con esta, ya sea a nivel psíquico y/o con manifestaciones físicas. Ya hay una especialidad médica propia de esta relación y es la medicina psicosomática. 

Obtener un diagnóstico apropiado puede ser complicado 

Lo más evidente aparece en la parte física y por los tabúes de la enfermedad mental hace que quienes los padecen no les agrade que les expliquen que su sintomatología física esté derivada de un problema psíquico y les den referencia para un psicólogo y, peor aun, un psiquiatra. 

En lo físico, algunos síntomas son: problemas de garganta, reacciones del hígado, reacciones cutáneas, actividad del bazo, sudor frío y enrojecimiento de mejillas. 

La medicina psicosomática es una referencia alternativa y que es bien aceptada. Sin embargo no existen muchos especialistas en este ramo y lo más común es, en el mejor de los casos, que se les envíe a un profesional con conocimientos de esta especialidad. 

La ansiedad no es algo que se adquiere como una infección, aunque podría aumentarse si alguien de autoridad o que representa algo importante para nosotros la padece en el hogar o el entorno. 

Hay crisis de ansiedad que son permanentes y otras por períodos. Depende del sujeto y los componentes disparadores o causas de la ansiedad.. Hay sujetos en los cuales permanece una ansiedad perenne llegando a constituir problemas del rango de los trastornos de ansiedad y otros que las proyecta en algún objeto y/o circunstancia especifica , como las fobias. 

Ayudar a una persona con ansiedad no siempre es fácil. Los familiares y amigos de las personas que sufren problemas de ansiedad se encuentran ante una situación que, en muchas ocasiones, no saben cómo manejar y pueden llegar a sentirse frustrados o cansados. Al paciente se le debe tratar con manos de seda y también con firmeza, es decir no hacerle sentir como víctima o enfermo pero a la vez proporcionarle amor y seguridad. Es fundamental participar en el afrontamiento de miedos e incertidumbres y también ayudar a cambiar de foco la atención puesta sobre las preocupaciones. 

Recientemente el Instituto de Métricas y Evaluación de la Salud de la Universidad de Washington (IHME) realizó un estudio que deja datos escalofriantes: El trastorno mental más común en los países de la Unión Europea es el trastorno de ansiedad, el que sufren 25 millones de personas (el 5,4% de la población). Este fenómeno se nota, además, en edades cada vez más tempranas. En síntesis, una alarma que suena cada vez más fuerte, aunque muchos no quieran escucharla.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.