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martes, 31 de agosto de 2021

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR. TRANSICIONES FAMILIARES: LA ADOLESCENCIA

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos

No hay momento más difícil para los padres que el tiempo en que ven que sus hijos empiezan a independizarse. Obviamente, esto no significa dejar el hogar familiar -esa es otra etapa que llegará después- sino el comienzo de la complicada transición entre la niñez y la adolescencia.    

Como padres, por lo general nos resistimos a ese momento.

 

Es que nuestra vida se centra en el éxito de ellos y la mayoría de las veces no lo realizamos   hasta que ya inician el paso de la etapa prepuberal a la adolescencia, y ya entonces es un poco tarde para tratar de establecer límites consensuados y cierta madurez en la toma de decisiones. 

 

De los 10 años en adelante, los niños ya no escuchan solamente a los padres, si no que también siguen el ejemplo y la guía de sus iguales. 

 

Empiezan a ser más rebeldes y razonan menos, porque actúan más de acuerdo al grupo que les rodea. 

 

Se trata de una etapa de cambio permanente, cambios físicos, de humor, de gustos, de amistades.

 

Por eso es importante que desde que son pequeños los padres deben tratar que las decisiones sean consensuadas, aunque al final terminen por ser ellos, los padres; los que tendrán la última palabra.

 

Hay que tratar de hacerlos razonar y dejarles elegir frente a unas cuantas propuestas de nuestra parte. En la medida que se dialoga y comparte con ellos, es más fácil conocerlos.

 

Lo cual ocurre en esos momentos de la vida en común:  juegos,  comidas, al hacer las tareas, cuando se les lleva al colegio. Que son oportunidades para dialogar, exponer nuestros puntos de vista y conocer los de ellos, valorar  sus debilidades y flaquezas , su control de la frustración   de manera de poder tomar decisiones consensuadas que sabemos podrán ser llevadas a cabo y no metas imposibles. 

 

Sobrellevar esa transición es todo un reto, especialmente porque es la edad donde muchos hijos empiezan a cuestionar el modelo paterno. Cuando no se hace la transición de la forma explicada, los padres entran en pánico y reaccionan muchas veces con poco criterio y excesiva rigidez, algo que tampoco es bueno. 

 

Intenten no invadir su espacio y respetar su intimidad, ya que es bastante normal que quieran alejarse un poco.

 

La fórmula es el diálogo, pero con niños más rebeldes y a veces con otros problemas aparejados tanto en el nivel escolar como social, puede ser requerida la intervención de una persona neutral. En ese caso, debería ser alguien fuera del núcleo familiar.

 

Es clave apoyarse en profesionales bien experimentados y, en su defecto, en alguna figura de autoridad, aunque  no recomiendo que sea un representante religioso sino más bien una persona laica con valores.

 

En síntesis, alguien respetado tanto por los padres como por los hijos.  

 

En realidad, debemos confesar que nos cuesta mucho admitir los cambios -físicos, de gustos y de actitudes- en nuestros hijos. No estamos preparados a la idea que ellos son seres que pasarán por nuestras vidas, pero no son posesión nuestra: serán del mundo y harán su propio camino.  

 

En ese sentido, cuanto más se hayan criado en independencia y libertad -no confundir con libertinaje- , se sientan bien aceptados por los padres de acuerdo a los valores familiares compartidos, más cercanos serán que si  tratan de mantenerlos unidos solo en base a rigidez, disciplina y muchas veces dinero.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

sábado, 5 de junio de 2021

SALUD MENTAL, LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR. HIJOS NO DESEADOS : NO MAS

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos


Childfree. Esa es la palabra.

 

Está en el diccionario de Oxford desde el año 1913 y se refiere concretamente a aquellas parejas que deciden, por voluntad propia, no tener hijos. 

 

No obstante, el término navegó en el mar del ostracismo por casi sesenta años, hasta que en 1973 la revista Time lo revivió con un artículo.

 

Y pasaron otros cuarenta años para que la misma revista, en 2013, desarrollara ampliamente el tema y le dedicara la portada. Cada vez son más las parejas childfree, que en la traducción sería algo así como “libre de hijos”, casi del mismo modo que productos se promocionan como “sugar free” o “gluten free”.

 

Así como hay muchos matrimonios en el mundo que están impedidos de tener hijos por una cuestión de infertilidad e invierten miles de dólares en diversos métodos de fecundación, también están aquellos que siendo completamente aptos deciden no procrear. 

 

Una parte de las nuevas generaciones ha adoptado esta postura, argumentando razones varias: que el mundo está demasiado mal como para seguir sobre poblándolo, que no quieren ataduras o simplemente que prefieren adoptar. 

 

Hace un par de años, el tema volvió a cobrar relevancia cuando un muchacho de la India llamado Raphael Samuel, 27 años, intentó denunciar a sus padres por haberle engendrado sin consultarle, al mismo tiempo que anunciaba una campaña Stop Making Babies (Dejen de tener bebés), un movimiento antinatalista, cuyos defensores lamentan haber nacido. 

 

Samuel y sus seguidores no son los únicos que sostienen esta postura. Probablemente el máximo exponente de esta filosofía es el escritor sudafricano David Benatar, que en su libro Mejor no haber existido: El daño de venir al mundo (2017) explica que “mientras gente buena hace lo posible para evitar el sufrimiento de sus hijos, unos cuantos se han dado cuenta de que la única forma que garantiza prevenir todo sufrimiento de sus hijos es no traerlos al mundo en primer lugar”.

 

Además de la razón proteccionista, también pueden existir otros argumentos menos filosóficos y sí más prácticas.

 

Una pareja sin hijos generalmente disfruta más de viajar y hacer todas aquellas actividades que de otra forma se dificultan, incluso estudiar y obtener maestrías. Si de verdad hay amor, se mantendrán unidos de todos modos más allá de procrear o no. También es cierto que los hijos unen y ayudan a fortalecer una pareja. Por el contrario, cuando los hijos no representan un pegamento, la pareja se disuelve sin demasiadas consecuencias.   

   

“Haber sido arrojado a la existencia no es un beneficio, sino que siempre es un mal”, opina Benatar.

 

En cierto modo tiene razón: solo la certeza de la muerte ya es un dolor inevitable para todos los seres humanos. De sumar adeptos, esta corriente podría beneficiar a los niños que se encuentran en orfanatos, sobre aquellos miembros con intenciones de adoptar; y, por supuesto, al medio ambiente.

 

Sin embargo, bajar el índice de natalidad global no necesariamente representa un gran progreso en sí mismo, dependerá del caso. Es que desgraciadamente la natalidad baja más de forma proporcional a la educación, que también tiene relación con el poder adquisitivo de forma inversa.

 

Solo si se lograse reducir la natalidad exagerada en los estratos más desfavorecidos notaríamos la diferencia, y eso es bastante difícil. 

 

Según estudios, las parejas que han decidido no tener hijos tienen un nivel educativo mayor, más posibilidades de ser empleadas en trabajos medios y altos, viven en zona urbana, son menos religiosos, menos tradicionales y menos convencionales.

 

Y esto lo reafirma el economista David Foot, de la Universidad de Toronto, quien ha probado que cuanto mayor es el nivel educativo de una mujer, es menos probable que tenga hijos.

 

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

www.dramendozaburgos.com

 

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

 

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después. 

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

jueves, 31 de diciembre de 2020

Reflexiones sobre relaciones de pareja de largo plazo

 Por Luis Montes Brito

Cuando algunas personas, más jóvenes que yo, se enteran de que con mi esposa recientemente cumplimos 40 años de matrimonio, después de la acostumbrada felicitación, vienen un par de preguntas casi de rigor. ¿Cómo es posible durar tanto tiempo juntos? ¿Cómo se logra? Ese cuestionamiento me ha hecho reflexionar al respecto y entendiendo que cada pareja es distinta, desde mi óptica y experiencia comparto mi opinión con ustedes.

 

Hay que empezar diciendo que, aunque no lo parezca, aún en esta era digital y de satisfacción inmediata, hay muchísimas personas que disfrutan y sostienen largas relaciones de pareja. Son muchos más de lo que algunos se imaginan, basta observar con detalle a nuestro alrededor, en nuestros familiares, amigos, conocidos y compañeros de trabajo para comprobarlo. Lo que pasa es que hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece. Hay una tendencia a resaltar lo negativo que engañosamente hace parecer que lo más comentado es la norma. 

 

Segundo, cada persona es un mundo; cada pareja son dos mundos tratando de acoplarse. Lo cual quiere decir que no es una tarea fácil, que no hay una receta única para lograrlo, que mientras usted y su pareja se entiendan y estén felices, lo que opinen los demás es cuando menos irrelevante. 

 

Tercero, no existen personas perfectas por lo que tampoco lo es cualquier entidad que conformen. El solo hecho de la necesidad de firmar un contrato nupcial señalando derechos y obligaciones, contempla posibles disputas donde habrá que recurrir a un árbitro legal para dirimirlas. Hay una tendencia a pintar todo como “blanco o negro”, la verdad es que existen los tonos grises. Todos tenemos días buenos y días malos, épocas de felicidad y de tristeza, pienso que la variedad de situaciones son las que consolidan una relación. De manera tal que las relaciones de larga data duran no porque sean perfectas sino a pesar de sus imperfecciones. 

 

Casarse es una lotería, uno no sabe que premio obtiene hasta que convive a diario con su pareja. Todos los seres humanos tenemos virtudes y defectos, luces y sombras, lo importante es como las administramos y las compensamos ante nuestros seres queridos.

 

Hay cosas básicas que no pueden faltar en una relación de largo plazo. Dando por sentado que fue el amor el inicio de ésta, el respeto quizá es la más importante, ya que este es el principio y final de los sentimientos que se forjan. El respeto como hábito se transforma en cariño, admiración, agradecimiento, empatía, ilusión y finalmente en amor. La falta de respeto genera todo lo contrario: desengaño, decepción, resentimiento, egoísmo y finalmente desamor.

 

También es primordial tener una visión compartida. Si no ves el mundo de la misma forma que tu cónyuge, siempre existirá la tendencia a deslindarse, a diferenciarse. Una relación de pareja debe entenderse como una sociedad de crecimiento continuo, de apoyo mutuo, de compenetración, de sustituir el yo” por el “nosotros” y cuando hay hijos incluso hasta negarse ambos en función de estos.   

 

Es básico entender que el matrimonio no es una competencia entre sus miembros para definir quien está sobre el otro, más bien, es una dinámica de equipo para enfrentar juntos la vida y los retos que esta trae consigo. Es una sociedad de hombro a hombro, donde el egoísmo no tiene cabida.

 

Una relación de largo plazo es sinónimo de perseverancia, resiliencia, superación, empatía, capacidad de aceptar y decirse la verdad de la mejor manera, de amar, perdonar, comprender, saber escuchar, es entender que se trata de un proyecto de vida que se construye día a día, y que cada amanecer es un nuevo comienzo.

 

Finalmente, es requisito indispensable reír juntos, celebrar cada victoria por pequeña que sea, es mucho más que solo cobijarse con el esmalte de una religión, es predicar con el ejemplo, es tener esperanza en un futuro mejor y disfrutar juntos cada día como si fuera el último de nuestras vidas, para que cuando esa fatalidad llegue, no exista arrepentimiento.

sábado, 12 de septiembre de 2020

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: PAREJAS Y CONFLICTOS: "CUANDO EL AMOR NO BASTA "

Por Dra. Margarita Mendoza Burgos 

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Aunque las estadísticas puedan ser contradictorias, la sensación es que cada vez vemos más parejas que se separan o se divorcian.

Quizás todavía tengamos presente aquella suntuosa boda a la que fuimos invitados, pero de ese derroche de felicidad solo queda el recuerdo plasmado en un video o en las fotografías, porque ante la primera crisis seria el matrimonio no pudo resistir. Y el “hasta que la muerte los separe”, pronunciada por el sacerdote, se volvió volátil y endeble. 

 

Es cierto que no todos los conflictos de pareja terminan en separación, pero los nubarrones a lo largo de la vida conyugal son casi inevitables. En todo caso, será la madurez de la pareja lo que los mantenga a flote.

 

Según cifras recientes que publica la revista Time, en los años 70 y 80, el índice de divorcio en Estados Unidos llegaba hasta el 50% de los matrimonios, y en la actualidad ronda el 40%. Ahora nos divorciamos menos, pero probablemente sea porque muchas parejas ni siquiera llegan a casarse y prefieren la convivencia.

 

Una de las principales fuentes de conflictos radica en el poco conocimiento de uno y otro. Durante la época de noviazgo se procura “ocultar" los defectos y “potenciar” las virtudes de cada uno, pero así se proyectan falsas personalidades o actitudes.

 

En realidad, lo que están viendo es una versión mejorada, elaborada con mucho esfuerzo, pero insostenible en el tiempo. Tarde o temprano aparecerá la verdadera personalidad de cada uno y el otro puede sentirse engañado.

 

También es bastante común pretender corregir a la pareja hasta convertirlo en algo que no es. Esto va desde intentar cambiar problemas de alcohol o drogas, ser muy enamoradizo, que lea más… El ideal es aceptar a la pareja con sus más y sus menos, tal como es. 

 

Otros aspectos que generan roces es la parte del manejo de los gastos, la monotonía, de cómo será la crianza de los hijos y a veces, incluso, si los tendrán o no.

 

Amparo Calandín, psicóloga española, cree que "una buena situación económica actúa como paliativo de muchos problemas”. Y lo fundamenta: “Si una pareja tiene posibilidad de pagar ayuda en casa, un buen colegio, disfrutar de unas buenas vacaciones, y solucionar el tema de la vivienda, todo será más fácil. También es cierto que si la relación entre los miembros no funciona, no hay dinero que lo arregle".

 

También influye si son de diferentes religiones. Aun en los aspectos que parezcan iguales, pueden terminar por aburrirse.

 

Hay una etapa de enamoramiento ciego, algo así como una “luna de miel”, en que todo parecerá perfecto… Pero ese efecto se va diluyendo. A menor edad y menos experiencia, mayor será la etapa de ceguera.

 

Un elemento que puede ocasionar conflictos constante son los celos, sobre todo en personas que los llevan al extremo y desconfían absolutamente de todo. Además, hay personas que eligen parejas muy atractivas y poco estables, pensando que en el camino cambiarán su forma de ser y aquellos cuyos celos no terminan aun cuando la pareja, vive una vida reclusiva.

 

La llegada de un bebé puede provocar un vuelco importante en la relación. En un principio podría parecer que mejora, pero si -y sólo si- al menos había un deseo de tener un hijo. De lo contrario, lo más probable es que se rompa totalmente la pareja.

 

No existe una pareja que no haya tenido conflictos, el tema es cómo los han superado.

 

A veces, un capítulo cerrado es un paso gigante a la maduración como pareja. En otras, sin embargo, es un antecedente que queda flotando y que no se resolverá a menos que hagamos algo drástico.

 

Esto tiene bastante que ver cuando esperamos demasiado de la relación o incluso cuando la idealizamos, a tal punto de pasar del amor al odio sin escalas.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

 

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 

 Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

 

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

 

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

 

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

sábado, 9 de mayo de 2020

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: CUANDO EL CORONAVIRUS NOS SEPARA

 

Encierro. Hastío. Temor. Incertidumbre.
Como si todos esos ingredientes no fueran suficientes en este tiempo de cuarentena prolongada, en algunos casos se le agrega otro elemento que puede resultar demoledor: que este confinamiento forzado sorprenda a una familia separada.

Es decir, por ejemplo, un padre o una madre que estaban de viaje por trabajo y ya no pudieron regresar a casa antes del cierre de las fronteras y la reducción del tráfico aéreo.

La pandemia del Covid19 ha dejado muchas historias como estas. O, lo que es peor, ambos padres en el exterior y los hijos a cargo de la abuela.   

Existe una gran sensación de frustración, miedo y temor a ser olvidados. Esa situación provoca una angustia por el bienestar de unos y otros, angustia de separación en los hijos y en los adultos, además de estrés postraumático.

Cuanto más abrupta es la separación, más difícil de asumir.

Cuando la separación es, como hoy, por una causa natural, se puede entender más que si es por un hecho de violencia.

En el caso de los niños, dependerá de su edad. Si los hijos son pequeños, la rutina más fácil, pero alrededor de los 6 años en adelante, y más si tenían cercanía con el padre que está alejado, pueden llegar a sentir cólera, gran ira, por algo que entienden, pero a medias.

En los adolescentes, si era el padre menos estricto, quizás deseen que regrese lo antes posible. Pero aún si se tratase de alguien exigente, igualmente se resentirá su falta.

Esta separación afecta a padres e hijos por igual, aunque seguramente los padres se sentirán más frustrados por tener mayor responsabilidad.

En el caso de padres separados o divorciados, la rutina de visitas puede verse alterada, sobre todo por las limitaciones de movilidad que impone la cuarentena en algunos lugares. Eso sí, probablemente estarán un poco más acostumbrados, pues de alguna manera la separación ha sido paulatina, pero igual sentirán y resentirán ese distanciamiento.

Peor aún es si la separación familiar involucra a algún adulto mayor, sin duda los más vulnerables en esta crisis del Coronavirus.

Ellos tendrán un gran miedo de ser abandonados, sobretodo si el hijo que está lejos es quien tiene una gran parte la responsabilidad de su cuidado y su sostén económico, por no hablar del aspecto sentimental. Por tratarse de los más proclives a sufrir consecuencias letales a raíz de la edad, toda expresión física de afecto, ya sea un beso o un abrazo, puede ser motivo de contagio.

La tecnología, esa que tanta veces nos aleja y nos distrae de los más cercanos, en circunstancias así puede ayudar enormemente. Aplicaciones como Skype, Zoom, Meet y Whatsapp hacen que las distancias sean cortas y menos dolorosas. Con los adultos mayores, sobre todo aquellos con dificultades para manejar un teléfono inteligente, hay que ser más didácticos y pacientes.

A diferencia de un viaje programado, donde el ausente tiene una fecha de regreso ya determinada, este confinamiento promete eternizarse y eso genera una lógica incertidumbre.

Se necesita de mucha resiliencia. Aún sufriendo, a veces uno puede aguantar distanciado de los seres queridos más de lo que uno cree, pero siempre y cuando exista la idea de que el distanciamiento es temporal. Si la separación es debida a algo más definitivo, obviamente se llevar peor.
Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

domingo, 14 de julio de 2019

La guerra El Salvador-Honduras de 1969 vista desde la mirada de un niño


Por Luis Montes Brito 
En algún lugar del territorio Hondureño conquistado por las tropas salvadoreñas. De izquierda a Derecha: Guardia Nacional no identificado, General José Alberto Medrano, Capitán Godinez, Capitán Aristides Napoleón Montes Bonilla
Empezaré este relato como lo haría un muy querido amigo….corría el año de 1969, el que esto escribe estaba por cumplir 7 de años de edad. Mi padre, Aristides Napoleón Montes Bonilla, militar salvadoreño de carrera, ostentaba en ese entonces el grado de capitán, el mejor grado como oficial según decía; el otro grado que más disfrutó en su vida militar fue el de Sargento.
Volviendo a 1969, hoy 50 años después escribo estas letras. No recuerdo exactamente si fue el primero de junio o julio de ese año cuando mi padre fue destacado específicamente a Citalá, ciudad salvadoreña fronteriza con Honduras, dentro de lo que el ejército salvadoreño denominó como  el Teatro de Operaciones Norte (TON), llamado así en referencia al norte de El Salvador, en el cual está ubicado el Departamento de Chalatenango.
Aunque la guerra entre ambas naciones hermanas fue declarada oficialmente durante 100 horas, los enfrentamientos y escaramuzas armadas no oficiales” se venían dando con anterioridad. Aprovecho para destacar que en esto de las fechas oficiales hay que leerlas con cuidado, igual pasó con el conflicto interno de El Salvador que oficialmente se reconocen 12 años, de 1980 a 1992, pero en este período no se toma en cuenta que la agresión comunista a través de emboscadas, secuestros y asesinatos data desde aproximadamente 1972, sin contar la preparación de las primeras células terroristas que se dio desde mucho antes.

Tengo marcado en mi memoria, que antes de ser enviado al frente de batalla mi padre se desempeñaba como Segundo Jefe de Comandancia de la Guardia Nacional, con sede en Cojutepeque, Departamento de Cuscatlán. El día que mi padre se marchó destacado hacia el TON, aprovechando la cercanía de nuestra casa con el cuartel central pasó unos minutos a despedirse de nosotros su familia, recuerdo que él iba transportándose en un Jeep identificado con los emblemas de la GN portando en sus placas el número 277, lo acompañaban el entonces Agente Ovidio Aguilar y el motorista de quien no recuerdo su nombre. Ver a mi padre con su uniforme de fatiga, su escuadra Browning 9 mm en su cinturón, su fusil G3, recientemente adquiridos por El Salvador, arneses, casco de acero y granadas en su pecho es una imagen que no se me borrará jamás. Junto a mi madre  y hermanos lo despedimos sin yo ser consciente a esa corta edad, de que esa pudo haber sido la última vez que viera con vida a mi padre.
Él se marchó con un semblante de incertidumbre por lo que le esperaba y por dejar a su familia, pero convencido de cumplir con su deber. Mi madre, Hermelinda Brito de Montes, en ese entonces madre de 3 varones, mis hermanos, Memo de 8 años, Napo de 5 y yo de casi 7, tenía 32 años de edad, ella quedó afligida pero también convencida del compromiso de guiar la casa y apoyar a mi padre con sus oraciones y dirigiendo el hogar.
Pasaron los días, en ese entonces las comunicaciones no eran como hoy, sin duda la historia futura marcará esa época como antes del uso del teléfono celular, por lo que sabíamos de mi padre por cartas y recados que enviaba cuando algún compañero muy ocasionalmente venía del frente de batalla al cuarte central.

Llegó el 14 de Julio, para el mundo esa fecha significa el aniversario de la Toma de la Bastilla en Francia, en mi casa era y todavía es, la celebración del día del cumpleaños de mi mamá. Ese día mi padre iba a hacer hasta lo imposible por escuchar la voz de mi madre y darle al menos por teléfono las felicitaciones del caso. Me recuerdo que ya estando mi padre destacado envió un mensaje a mi madre instruyéndola para que nos refugiáramos donde mi abuela, quien dicho sea de paso no disponía de teléfono en su casa, razón por lo cual el día de su cumpleaños llegó a mi madre un citatorio de ANTEL (la compañía nacional de telecomunicaciones), como se acostumbraba en esa época, indicándole que en esa oficina pública recibiría una llamada a las 5 de la tarde.
Durante esa llamada, mi padre además de la felicitación, en clave previamente acordada con mi madre, le dijo que  partir de ese día no volvería a tener contacto y que nos refugiáramos temprano. Me acuerdo que dentro de las provisiones tomadas era acopiar agua, comida, candelas y dormir bajo la cama por algún bombardeo y evitar las esquirlas y materiales cortantes o contundentes que se desprenden con las ondas sonoras emitidas por las explosiones. 
Pasaron los 4 días más largos de nuestras vidas, supimos que mi padre participó en la toma de Nueva Ocotepeque, regresaron las primeras tropas con el cese oficial del conflicto pero mi padre no regresaba.

Recuerdo que mi aflicción era doble porque yo lo que más quería y pedía en mis oraciones, con toda la Fe y la fuerza de un niño, poder celebrar mi cumpleaños con mi padre, la fecha de mi cumpleaños es el 31 de Julio. Dios escuchó mis oraciones y recuerdo que mi padre regresó victorioso e ileso del conflicto el 30 de Julio de 1969, justo un día antes de mi cumpleaños. El más feliz de mi vida.

Mi padre tuvo una destacada participación en la guerra con Honduras, razón por la cual junto a varios oficiales y elementos de tropa de la Guardia Nacional fue condecorado. Me recuerdo que en ese cuerpo militar fueron 3 los capitanes condecorados, siendo ellos: mi Capitán Rogelio Peña; mi capitán Guillermo Roeder Escobar y mi héroe favorito mi Capitán Aristides Napoleón Montes Bonilla. Entre los tenientes condecorados entre otros están Mi Teniente Domingo Monterrosa Barrios, mi Teniente Roberto Dabuisson Arrieta y entre los Subtenientes, mi Teniente Nelson Rivas. 
Con el tiempo supe que mi padre tuvo una importante y delicada  misión en la toma de Nueva Ocotepeque, según la historia Militar en el TON se dispusieron 3 flancos. El flanco Derecho comandado por mi General José Alberto Medrano, quien partió con tropas de la Guardia Nacional desde San Fernando, Chalatenango; el flanco Central comandado por mi Coronel Mario de J. Velásquez, conocido como el Diablo, quien partió desde San Ignacio, Chalatenango al mando de tropas de la Primera Brigada de Infantería; el flanco izquierdo con mi padre al mando, en ese entonces Capitán Aristides Napoleón Montes, quien comandó tropas de la Guardia Nacional partiendo desde Citalá, para realizar una maniobra envolvente y atacar desde la retaguardia a las tropas Hondureñas y evitar que estas recibieran apoyo de otros destacamentos hondureños.

La guerra no solo marca de por vida a los combatientes, marca también a sus familias y a aquellos que se ven involucrados voluntaria o involuntariamente. Los efectos de una guerra no terminan cuando callan los fusiles ni tampoco se limitan a eventos relacionados con los campos de batalla, en muchos aspectos sus consecuencias son irreversibles.
Debo confesar que como herencia de ese episodio de mi vida,  cada vez que veo un video donde se proyecta la inmensa emoción de un niño que ve regresar a su padre de combate no lo resisto, me emociono y lloro. Solo aquellos que hemos visto partir a nuestros padres hacia una guerra y hemos tenido la alegría de verlo regresar podrán entender este sentimiento que te marca para toda tu existencia. Loor y Gloria a nuestros héroes que defendieron la Patria en la Guerra contra Honduras en 1969. Mi respeto a los combatientes hondureños que desde su óptica hicieron lo propio por la suya.