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martes, 12 de mayo de 2015

Integrantes de la Orquesta Sinfónica Juvenil Don Bosco mostraron en WDC la cara positiva de la juventud salvadoreña

Tomado de La Voz de América
Jóvenes salvados por la música visitan Washington
La Orquesta Sinfónica y el Coro Juvenil Don Bosco está integrado por jóvenes salvadoreños en riesgo de las escuelas públicas en los sectores del país más afectados por la violencia.

Hace menos de cuatro años nació un proyecto que no encontró mejor forma para rescatar a los jóvenes en riesgo que a través de la música.
Fue así que gracias a la Fundación Salvadoreña Educación y Trabajo (Edytra) en cooperación con el Banco Mundial y el gobierno de Japón se dio vida a la Orquesta Sinfónica y el Coro Juvenil Don Bosco de El Salvador.
Este proyecto está orientado a prevenir la violencia juvenil en los barrios más afectados del país centroamericano.
La Orquesta Sinfónica Juvenil Don Bosco, es parte del sueño del padre José María Moratalla para compartir el arte en todas las esferas sociales del país.

“Este programa es muy beneficioso para estos muchachos porque lo primero que hace es quitarles tiempo libre. Luego con una capacitación integral se produce un mejoramiento en el rendimiento escolar y un cambio positivo de conducta”, explica uno de los fundadores y director de la orquesta y coro, Daniel Ernesto Ayala.
Como cuenta Ayala a la Voz de América, a través de esta iniciativa los niños y jóvenes descubren una pasión por el arte que los lleva a considerar la música como medio de vida.
Ayala también dijo que este proyecto ha permitido revalorar el arte entre la comunidad salvadoreña porque no solo está destinado a prevenir la violencia sino también a rescatar la identidad del pueblo.
Como parte del programa, La Orquesta Sinfónica y el Coro Juvenil Don Bosco cumplió uno de sus sueños al visitar la capital de Estados Unidos y ofrecer un recital en el Kennedy Center, escenario donde se presentan las mejores orquestas del mundo.
En esta oportunidad viajó a Washington solo una muestra representativa de 150 niños porque en total la orquesta está integrada por 200 miembros y el coro por 300 niños y jóvenes, entre los 8 y los 21 años.
“En total se benefician del programa en El Salvador más de 1.000 niños y jóvenes vulnerables porque no solo contamos con el proyecto musical sino también con otros de índole educativos, como nuestro instituto obrero empresarial donde estos jóvenes reciben entrenamiento y capacitación laboral”, finaliza Daniel Ernesto Ayala.
  

sábado, 4 de abril de 2015

Lee Kuan Yew el dictador que sacó a Singapur de la pobreza y lo convirtió en un país rico

Tomado de The Wall Street Journal

Lee Kuan Yew, padre fundador de Singapur y modelo de desarrollo para los países emergentes


 Por Chun Han Wong y P.R. Venkat

A diferencia de otros líderes surgidos en el Tercer Mundo tras la desaparición de los imperios coloniales europeos, Lee Kuan Yew Lee se caracterizó por una política pro-libre empresa, el énfasis en la eficiencia de la gestión, y el combate contra la corrupción administrativa. Los resultados están a la vista: Lee, quien dominó la política de Singapur durante más de medio siglo, transformó un remoto puerto del imperio británico en uno de los centros neurálgicos del comercio y las finanzas internacionales y en un modelo de desarrollo para los mercados emergentes de todo el mundo.
Lee, quien ejerció el cargo de primer ministro durante 31 años y lideró el tránsito de la ciudad-estado asiática a su independencia, falleció el pasdo lunes 23 de marzo a los 91 años.
Desde su elección como primer ministro en 1959, su objetivo central fue atraer inversiones extranjeras y lograr que compañías de primer nivel se radicaran en su país. En poco más de una generación, esta política transformó a Singapur en una de las economías más pudientes del mundo y catapultó el nivel de vida de sus habitantes a niveles superiores al de algunos países industrializados en poco más de una generación.
Otros países intentaron copiar su modelo, pero a menudo fracasaron por no poder controlar la corrupción, o porque gobernaban poblaciones demasiados grandes o con serios problemas sociales.
El modelo tuvo también su lado oscuro. Si bien Singapur alcanzó niveles de vida propios del mundo desarrollado, no adoptó plenamente la democracia liberal ni algunas de las libertadas que en la mayoría de las sociedades occidentales se dan por sentado.
Bajo la tutela de Lee, Singapur celebró elecciones con regularidad, pero una legislación que limita las libertades civiles impidió el desarrollo de una oposición poderosa. La agrupación política que él ayudó a fundar, el Partido de Acción Popular, ha ganado todos los comicios desde 1959, cuando Singapur se convirtió en autónomo, y casi siempre ha controlado la gran mayoría de los escaños en el Parlamento. Los medios occidentales criticaban lo que denominaban un Estado niñera y se burlaban de sus intentos por crear una sociedad ordenada mediante la imposición de reglas, incentivos y campañas publicitarias, incluyendo una famosa prohibición al uso de la goma de mascar que fue levemente relajada en 2004.
“No hay duda que Lee Kuan Yew ha tenido un rol extraordinario en el desarrollo económico de Singapur, pero éste tuvo un costo significativo en términos de derechos humanos”, dijo Phil Robertson, de Human Rights Watch. “Las restricciones a la libertad de expresión, la autocensura y la ficción de una democracia multipartidista son también parte del legado de Lee, que Singapur ahora tiene que dejar atrás”.
Lee respondía a estas críticas diciendo que la democracia de estilo occidental no es apropiada para todas las naciones, y que los países jóvenes deben alcanzar estabilidad política y desarrollo económico antes de adoptar las libertades que son habituales en Occidente.
T.J.S. George, autor de una biografía de Lee, dijo que para éste “los medios no importaban, siempre y cuando se alcanzaran los fines que deseaba. Administró Singapur como una empresa privada, pagando lo que consideró buenos dividendos a los accionistas”.
Cuando Lee asumió el poder, Singapur era un enclave comercial de economía inestable y una enorme disparidad de ingresos. El advirtió que la gran ventaja de su ciudad-puerto era que estaba ubicada en una de las rutas marítimas más importantes del mundo, y se dispuso a explotarla. Su estrategia fue convertir al país en líder global en determinados sectores, como puertos, transporte, construcción y compañías aéreas, empleando al Estado como inversionista y presionando a las empresas privadas locales para que compitieran en eficiencia con sus pares globales. Muchas de esas empresas, como Singapore Airlines y Singapore Telecommunications,  se convirtieron en altamente rentables.
En los años 60 y 70, mientras algunos de sus vecinos padecían turbulencias políticas y sociales, Lee creó zonas industriales y centros de formación para trabajadores, desarrolló una infraestructura de primer nivel y otorgó exenciones tributarias a sectores como la electrónica, orientando la economía nacional hacia la exportación.
Atraídas por la estabilidad del país, cientos de empresas occidentales establecieron allí sus sedes regionales. Hewlett-Packard Co.  Y General Electric Co. estuvieron entre los primeros inversionistas. El Producto Interno Bruto per cápita, que en 1965 se situaba en US$512, creció en los últimos años a más de US$56.000, un nivel similar al de Estados Unidos y superior a los de Japón y Alemania.
El gobierno transfirió a la población parte de la riqueza generada a través de subsidios a la vivienda y otros beneficios. En lugar de dar dinero directamente a los pobres y desempleados, el Estado construyó viviendas accesibles y alentó a los ciudadanos a comprar. Hoy, 90% de la población es dueña de su vivienda, una de las tasas más altas del mundo.
Influido en su juventud por ideas socialistas, Lee justificaba su política de mano dura por el hecho de que Singapur carecía de una gran población, vastos recursos naturales o extensas tierras de cultivo. Lo que tenía a su favor era una ubicación privilegiada en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo. Lo lógico era convertirlo en un centro global de comercio y atraer empresas, decía.
Lee encontró también inspiración en los ideales confucianos de autosuficiencia, ahorro y respeto por los mayores y el orden social.
Singapur declaró de siete días de duelo nacional, que culminarán con un funeral de Estado el 29 de marzo. 

sábado, 4 de octubre de 2014

Salvadoran community progress in DC, VA and MD

Taken from Tiempo Latino
Una Publicación de The Washington Post

Henry Bonilla (izq.) presidente de The Salvadoran American Chamber of Commerce premia al empresario Armando Mejía en una gala en 2013. Al centro, el empresario de la industria de la tecnología Charles Vela.  Foto de El Tiempo Latino 


DC area Salvadorans, once stuck in menial jobs, now becoming business owners


The region's Salvadoran community

By Pamela Constable-The Washington Post

Thirty years ago, Armando Mejia fled war-torn El Salvador and sneaked into the United States. He was 17, with a sixth-grade education and two dollars in his pocket. For the next two decades, he toiled in the kitchens of Washington-area restaurants, working his way up from dishwasher to chef.

Today Mejia, 49, owns three upscale Tex-Mex bistros in Northern Virginia, and a fourth in the District. A shrewd and genial host, he serves perfect frozen margaritas and supports local school sports. A fastidious boss, he insists that the bathrooms be cleaned three times a day. The strategy has won him a loyal and diverse customer base far from his roots.

“Why do I like it here? Because it’s got the old ‘Cheers’ atmosphere,” said Mary Stites, an administrator at NASA who was chatting with a friend at the glittering bar in Mejia’s El Tio cafe in Gainesville, Va., one recent afternoon. “Armando treats everyone like family,” she said.  “And there are no sticky counters.”

In the four decades since a handful of refugees began a chain of illegal migration from El Salvador to Washington, the region’s Salvadoran community has swelled to more than 300,000.

Most entered the United States without authorization and stayed. Many are still undocumented, which has confined them to menial or informal work in construction, food industry or personal service.

But as the area’s largest immigrant community has evolved, so have its ambitions. An increasing number of Salvadorans have moved up from worker to boss. No longer dependent on the whims of crew chiefs and bus schedules, they are meeting payrolls and giving orders.

Since it was established in 2001 with 35 members and an office in Alexandria, Va., the Salvadoran American Chamber of Commerce has grown to more than 400 members, with headquarters two blocks from the White House. According to its officials, Salvadoran Americans own more than 4,000 businesses in the metropolitan region.

“We Salvadorans are very enterprising. We can pick up a rock, paint it and sell it,” said Elmer Arias, 50, a former chamber president, who recently retired from the restaurant business and devotes his time to development projects in El Salvador.


Most Salvadoran firms in the area are modest, family-run businesses in traditional immigrant niches such as construction and cleaning, or ethnic shops and eateries that cater to Hispanics. Many Salvadorans without legal status run small informal operations out of a couple of vans, working as nannies, package couriers and building remodelers.

But as a growing number become U.S. residents and citizens, mostly through the sponsorship of an employer or relative, Salvadorans are gaining access to bank loans, operating permits and the holy grail of immigrant business aspirations: government contracts.

Legal status also enables them to compete with older Hispanic groups, such as Puerto Ricans and Cubans, who mostly arrived by legal means and once dominated Hispanic businesses in the region.

A few local Salvadorans have reached the business stratosphere. Jose Barahona, 70, built a large office-cleaning company in Annandale and then made a fortune by opening franchises of the fast-food chain Pollo Campero. Charles Vela, a research engineer in Potomac, Md., came to the United States with an advanced education and founded a firm called Afilon that develops high-tech systems for federal agencies.

Still, they remain exceptions.

According to the Pew Research Center in the District, Salvadorans nationwide have a median income level of $20,000, about the same as Hispanics overall, but 23 percent live below the poverty level and only 7 percent of those older than 24 have a college degree. Sixty percent are foreign born, the highest of any Hispanic group.

Mark Lopez, a Pew official, said there are no economic statistics on Salvadorans in the D.C. area, but since they constitute the country’s second-largest Salvadoran community after Los Angeles, the national figures accurately reflect their status.

Henry Bonilla, the chamber president, said even the most driven Salvadorans continue to face daunting obstacles, including difficulties with English, lack of access to capital and prejudice against Hispanics. Even hard workers, he said, may not adapt to the responsibilities and tough choices of running a competitive business.

“There are a lot of people with excellent résumés, but sometimes our looks and names still hurt us,” Bonilla said. Part of the chamber’s role, he said, is to help members navigate the ropes and overcome the “negative public perceptions” of Salvadorans as gang members and social burdens.

Bonilla, 40, fled El Salvador at age 14. He got his first break while working at a Wendy’s restaurant. The firm gave him management training and helped pay his tuition at Strayer University. In 1995, he opened an office cleaning company, then expanded to applying for small business loans and government contracts. In the process, though, he became a different man.

“People think I had it easy, but it took 28 years of hard work,” Bonilla said. “For years I kept my phone by the bed and answered calls from clients at 2 a.m. You have to make sacrifices and be tough,” be added. “Family is important, but you can’t afford to be preferential. You have to hire the best-qualified person.”

Yet many successful Salvadorans said they initially relied on relatives or fellow refugees for shelter, work contacts and moral support. Arias said one of his first jobs was washing dishes in a Georgetown restaurant with another Salvadoran named Jose Caceres. “We took turns washing and stacking. We kept each other going,” Arias said with a laugh. Caceres eventually became a prominent supermarket owner in Woodbridge, Va.

By the same token, many successful Salvadorans said they felt a duty to help those who came after them. Some business owners hired many low-skilled fellow immigrants or sponsored skilled workers for U.S. residency; others have provided social or legal services to those who find themselves in trouble.

Fidel Anival Castro, 33, a lawyer in Wheaton, Md., came to the United States as a 4-year-old. His father worked at three low-wage jobs, with little time for the family. Castro floundered in school and said he felt “like I didn’t belong.” But as a teenager, he found comfort at a Catholic church at which priests urged him to go to college and law school. Last week he opened his own law office, which has one desk, two chairs and is still without carpeting.

“I know what my clients have been through, so I don’t judge them. I try to help them find a way to climb out, like I did,” said Castro, who represents many Central Americans facing minor criminal or immigration charges. “I feel like I am doing God’s work.”

Mejia never did get past the sixth grade, but his outgoing personality, business instinct and close-knit family helped him build El Tio into a chain of lively bistros that specialize in Latino cuisine but cater to an ethnically and socially diverse clientele, from defense contractors to football fans.

Latinos mostly go out to celebrate birthdays and special occasions. Americans go out to dinner all the time,” Mejia said. Among his most popular draws are beer discounts during National Football League games and margarita specials on Thirsty Thursdays. His outlets employ 125 people and take in about $55,000 a month. In December, the Salvadoran chamber honored him as business owner of the year.

On Thursday night, the El Tio in Gainesville was packed and noisy with laughter, music and TV sports talk. Mejia never stopped smiling as he moved among the tables, checking on orders and greeting regulars. Customers of all descriptions declared that the spot was their favorite hangout.

“We don’t advertise, but we make everyone feel welcome. People come by word of mouth,” Mejia said. As he surveyed the convivial scene, he grew reflective. “I crossed the river with my backpack like everyone else, but I was always a dreamer,” he said. “If you work hard and stay honest, this is still the best country in the world to build your dreams.” 

domingo, 6 de julio de 2014

Reconocimiento mundial a brillante participación de Costa Rica en Brasil. Keylor Navas héroe tico

 Tomado de BBC Mundo
 Brasil 2014: Costa Rica, aunque eliminada, hizo historia

Si hubo una revelación en el Mundial de Brasil 2014, fue la selección de Costa Rica. Y aunque sucumbió a los penales en los cuartos de final frente a Holanda, se va del torneo con la frente en alto y con una envidiable lista de hazañas estadísticas.

Para empezar, se mantuvo invicta durante todo el Mundial: el 14 de junio ganó 3-1 a Uruguay, el 20 de junio ganó 1-0 a Italia y el 24 de junio empató 0-0 con Inglaterra.

Es decir, durante la primera fase del torneo sólo tuvo un gol en contra y no perdió ningún partido, de paso que en los tres se enfrentó con ex campeones mundiales, que quedaron eliminados en el "grupo de la muerte".


En comparación, a Brasil, Alemania, Colombia y Francia les metieron dos goles, y a Holanda, Argentina y Suiza, tres. Sólo Bélgica recibió también un gol en contra.Costa Rica terminó esa fase como primero de su grupo D, con siete puntos.

Ni siquiera su partido de cuartos de final, frente al ex subcampeón Holanda, lo perdió; después de los 90 minutos reglamentarios y el tiempo adicional de 30, quedó empatado sin goles y sólo se definió en penales, cuando perdió por 4-3.

Un arquero de lujo


Costa Rica sólo perdió con penales contra Holanda.

El portero Keylor Navas, realmente jugó heroicamente este último encuentro, atajando todos los ataques de los jugadores holandeses.

Artífice de ese récord de goles frustrados de los equipos rivales, Navas fue elegido mejor jugador del partido ante Holanda, un título que recibió dos veces previamente en este mismo Mundial.


En declaraciones a la prensa después del partido, Navas dijo sobre la posibilidad de ser nombrado mejor portero del Mundial: "Dios quiera, sería un sueño hecho realidad. Pero no hay que hacerse ilusiones, hay que esperar que ese momento llegue. Entonces, estaré muy orgulloso".

Pero no sólo Navas se va con la frente en alto: Christian Gamboa, Johnny Acosta, Giancarlo González, Michael Umaña, Junior Díaz, Yeltsin Tejeda, Celso Borges, Bryan Ruiz, Joel Campbell, Christian Bolaños, así como los reemplazos Marco Ureña, José Miguel Cubero y Dave Myrie y el entrenador colombiano Jorge Luis Pinto, pueden sentirse orgullosos del desempeño de su selección.


De todos ellos, el periódico costarricense La Nación destaca que Borges encabeza la lista como el jugador con más kilómetros del Mundial.


Nunca antes Costa Rica había llegado tan lejos y Brasil 2014 quedará para siempre en su recuerdo, como un anticipo de aún mejores tiempos. 

domingo, 30 de marzo de 2014

Primera mujer en correr una maratón hace 47 años fue agredida por atreverse. Hoy sigue recibiendo recibe homenajes

Tomado de ABC
 Corredora sufrió agresiones de organizadores por atreverse a correr



La americana corrió en Boston en 1967 y plantó cara a la organización, que entonces prohibía participar a las mujeres
Kathrine Switzer es una leyenda viva del mundo del deporte, famosa por una hazaña en blanco y negro de la que se hablará para siempre. En 1967, se convirtió en la primera mujer en completar un maratón cuando estaba prohibido que participasen las chicas. Fue en la mítica prueba de Boston y Switzer ha recibido este domingo uncálido homenaje en Palma de Mallorca.

Switzer se inscribió en el de Boston como KV Switzer y recibió el dorsal 261, con el que cubrió el recorrido en 4 horas y 20 minutos. Tenía 22 años y se enfrentó a la organización hasta el punto de plantar cara al director del maratón de Boston, que pretendió expulsarla a empujones cuando se percató de que era una mujer.
 
Con la ayuda de su novio, que la protegió hasta la línea de meta, conservó el dorsal y se convirtió en la primera mujer en terminar oficialmente el maratón más antiguo de los Estados Unidos. Harry Trask, un fotógrafo del Boston Traveler, captó la secuencia y esas imágenes se han convertido en un símbolo de la lucha por la igualdad.


Y este domingo, en Palma de Mallorca, más de 700 corredoras tomaron la salida en este primera edición del 261 WM, celebrada en recuerdo de la hazaña de Switzer. La castellonense Beatriz Molina, con un tiempo de 2 horas, 57 minutos y 29 segundos, fue la ganadora. Bajo la pancarta de llegada esperaba Kathrine Switzer

domingo, 23 de marzo de 2014

Padre de náufrago salvadoreño sueña salir de pobreza con la historia de su hijo

Tomado de El País


El silencio del náufrago

 

EL PAÍS visita al pescador salvadoreño que afirma que pasó 13 meses a la deriva en el Pacífico


Algunos piensan que Alvarenga es un embustero, aunque él parece indiferente a todo


Su padre sueña con salir de pobre vendiendo la historia de su hijo: "Es una chibolita de oro"



Por Pablo de Llano

Algunos piensan que José Salvador Alvarenga es un embustero. Su padre sueña con que su historia los saque de pobres. Él, mientras tanto, se come una manzana. 
–¿Te apetece ir a Chiapas?
–Sí.
En las últimas semanas, el pescador de tiburones ha contado que su compañero de viaje se murió más o menos a los tres meses después de naufragar. Se llamaba Ezequiel Córdoba Ríos y tenía 22 años, quince menos que él. El psiquiatra que atiende a Alvarenga desde que lo trajeron a El Salvador dice que cuando les empezó a contar la historia no quería abordar ese tema. “Él mismo sabía que lo acusaban de habérselo comido. Y decía que cómo se iba a comer al compañero si tenía peces”. El doctor Ángel Fredi Sermeño, del hospital público San Rafael, dice que según el relato del náufrago su compañero intentó comer los peces crudos pero los vomitaba, y que ese fue su mayor trauma, ver que fallece poco a poco hasta que muere y le toca tirarlo al mar. Para el viernes 14 de marzo Alvarenga tenía programado un viaje con sus padres para ir a ver a la madre del difunto a la costa de Chiapas, donde él trabajó durante más de una década. Los billetes de avión de ida y vuelta de San Salvador a México DF y de ahí a Chiapas se los pagó una empresa de gasolineras. Alvarenga va mordiendo el cuerpo de la manzana. Las mondas las deja en una servilleta.
–¿Qué te gustaba de Chiapas?
–La pesca.
–¿Es lo que más te gusta, pescar?
–Sí.
–Pero ahora le tienes miedo al mar.
–Un poco.
–¿Cuántos tiburones pescaste en Chiapas?
–Toneladas.
–Cómo.
–A golpes con un leño, en la cabeza.
Hace un rato estaba comiéndose una ensalada. Fue uno de los pocos momentos en que dijo más de dos frases seguidas. Explicaba que siempre le ha gustado cazar animales con una honda. “Conejos, pájaros, de todo. Con la hondilla. En México a las hondillas les llaman resorteras. E iguanas”; “garrobos”, tradujo su mujer, que está sentada con él en la mesa del patio cubierto de la vivienda. Cuando lo trajeron a El Salvador después de encontrarlo en un atolón de las Islas Marshall, Areli Barrera llevaba ocho años sin ver al padre de su hija Fátima, una adolescente que está junto a ellos sin decir nada. Alvarenga muerde un rábano y cuenta cómo se caza una iguana. “Están en las ramas. De cerca les sueltas una piedra. Son muy mansas”. Después se comió un tomate. Luego llegó su padre, le cogió del plato una rodaja de pepino y se volvió a la sala, donde se estaba discutiendo desde hacía más de una hora sobre cómo aprovechar la historia de Alvarenga, sin que Alvarenga, en el patio, colocado de espaldas a ellos, les prestase ninguna atención.
En la sala estaban sus padres, su “apoderado”, un voluminoso abogado que fue amigo suyo desde pequeño, y una abogada de la capital, San Salvador, que había venido a la costa, al pueblo del náufrago, a Garita Palmera a pedir en nombre de los cuatro hermanos que tiene en Maryland que a ella también le dejen ir viendo los papeles que van haciendo, cosa que al apoderado le disgustó. De la sala llegaban palabras sueltas como “contactos”, “amigos”, “Shakira”, “ministro”, “remesa”, “mentira”, “dinero”, “fondo”, “cuenta” o “Salvador”. Pero ahora mismo son las cuatro menos veinte de la tarde y Alvarenga se sigue comiendo una manzana mientras ellos continúan hablando en la sala del potencial económico de un naufragio.
–¿Has estado en México DF?
–Sí. No me gustó.
–¿Qué viste?
–Cosas, edificios, más gente.
Dado que ha dicho que no va a contar nada de su supuesta deriva de 13 meses en el océano Pacífico, la entrevista se va centrando en cualquier otra cosa, aunque Alvarenga, que parece parco, o quién sabe si estará atascado por la experiencia que dice que pasó, tampoco hace ningún esfuerzo por conversar de otras cosas.
Lo de no hablar del naufragio lo dejó claro su padre al principio, hace un par de horas, cuando al lado de su hijo se le explicó en el patio trasero, un terreno polvoso de árboles y de aves sueltas, que había un gran interés por conocer los detalles del asunto pero sin pagar nada a cambio. Don Ricardo dijo: “La historia de él no se puede regalar. Es una chibolita de oro”. Su hijo no decía nada, apenas ratificaba con gestos que tampoco le parecía bien hablar sin cobrar. Su padre lo miró con una sonrisa ansiosa bajo su bigotillo, como un pirata de cuento que entreabre un cofre de piedras preciosas. “Él es un oro ahorita”. Don Ricardo va en chancletas. Sus pies están resecos y arrugados. La uña del dedo gordo derecho la tiene partida de un golpe que se dio con la honda cazando iguanas. Siempre ha trabajado en el campo, y dice que aquí no hay manera de vivir bien, ni con la pesca ni con la agricultura. “Sembramos por no estar solo durmiendo”. Y que por eso “no tiene cuenta” regalar la historia de su hijo, encima de lo que tuvo que pasar para sobrevivir. “Con dinero fuéramos felices”, dijo. Por el patio andaban pegados dos polluelos blancos de aspecto extraño. Con mucho plumaje, como bolas de nieve, y con una cresta en la cabeza parecida a la del Pájaro Loco. Es una raza que se trajeron de Guatemala, cuya frontera está a unos 15 kilómetros de aquí. Después del diálogo del patio trasero es cuando Alvarenga pasa al patio interior, se sienta en la mesa con su mujer y con su hija y de tanto en tanto va respondiendo algo sobre cualquier otra cosa que no sea el naufragio.

José Salvador Alvarenga, el 3 de febrero de 2014, cuatro días después de aparecer en las Islas Marshall.

–¿Cómo eran las personas que te encontraron?
–No me acuerdo.
El intermediario de la visita fue su abogado. Para ir a Garita Palmera, Benedicto Perlera esperó a mediodía en una gasolinera que está a una hora de camino desde la capital. Estaba dentro de un cochecito de autoescuela con su esposa y con otros comiéndose una bandeja de pollo. Se presentó como “abogado y empresario”. Al cabo de un rato de recorrido hacia la costa contará que también ha sido militar, y que pasó un tiempo en Estados Unidos en la Escuela de las Américas especializándose en manejo de obuses. Según lo que Perlera dice que le ha relatado su amigo Alvarenga, las personas que se lo encontraron en el atolón Ebon de las Islas Marshall eran aborígenes. “Al principio tuvo terror al ver a gente negra, porque no hablaban en su idioma y él no entendía nada, pero lo llevaron con el jefe y lo tuvieron acostado tres días, y lo cuidaban allí los negros”. Perlera dice que antes de eso el náufrago se encontró en la playa con un montón de culebras de mar y que tuvo que subirse a un poste para que no le picaran.
La versión que recogió en las propias Islas Marshall la agencia France Presse es menos exótica –pero no tanto–: Alvarenga llega a Ebon en calzoncillos y con el cabello y la barba muy crecidos. “Consiguió arrastrar su embarcación a nado hacia la orilla”, dice a la agencia la alcaldesa del atolón. El náufrago se duerme en la arena. Lo despierta el canto de los gallos. Al lado hay otra isla separada por un brazo de mar en la que hay solo dos habitantes que lo ven desde allí gritando en una lengua incomprensible y agitando los brazos con un cuchillo en la mano. Cuando se acercan, él acaba por soltar el cuchillo y se desmorona en la playa. Los dos habitantes le preparan unas tortitas. Uno de ellos se va a la isla principal a avisar del hallazgo y la alcaldesa forma un gabinete de crisis compuesto por el jefe de sanidad, el comandante de policía y la única residente extranjera del atolón, una estudiante noruega de antropología. Van a ver a Alvarenga y le llevan cocos y plátanos. Resulta que el hijo de la alcaldesa había aprendido algo de español viendo una serie de dibujos animados y gracias a eso consiguen comunicarse con él. Hasta aquí la versión de France Presse. Lo del hijo de la alcaldesa coincide con lo que cuenta en una hamburguesería de San Salvador el psiquiatra del náufrago, el doctor Sermeño, con la diferencia de que él no habla de un hijo sino de una hija –“una niña que medio le entendía el español”– y que no menciona la serie de dibujos. Su paciente ha dicho que el 17 de noviembre de 2012 salió de la costa de Chiapas a pescar tiburones con su compañero y que una tormenta les averió el motor. El 30 de enero pasado se lo encontraron solo a más de 10.000 kilómetros de distancia. La historia parece increíble. Tanto como que en las primeras fotos que le sacaron tuviese unos cachetes impropios de un naufragio de esa duración. Pero de momento no hay ninguna explicación alternativa de cómo pudo aparecer en una playa de Micronesia un pescador salvadoreño semidesnudo con una lancha artesanal de siete metros de eslora y de matrícula mexicana. En cualquier caso, de camino a Garita Palmera, el abogado dice que los que dudan es porque tienen “una envidia insalubre”. Según Perlera, la gente no es capaz de creerlo porque no sabe hasta dónde llega “el coraje” que te enseña la vida en la costa. Cuenta que desde niños él y Alvarenga se ganaban la vida pescando, que el tiburón se pesca “con una tiradera de 500 anzuelos y 100 boyas” y que el tiburón blanco es capaz de sentir “el chuquillo” del que va en la lancha. “El chuquillo es como el sudor, lo que vos desprendés; el peste lo siente el tiburón y te detecta a vos”. Dice que si haces bulla el tiburón ataca, y que su amigo, por el contrario, se acostaba en silencio y los tiburones blancos le pasaban alrededor. Ya casi llegando al pueblo se atraviesa un puente sobre un río en el que apenas se ve el agua, porque toda la superficie está verde, llena de nenúfares.
–Este es el río del Chino –indica Benedicto Perlera–. Acá hay lagartos a morir. Y ese verdín se llama ninfa, es un monte que se cría encima del agua y echa una flor rosadita y moradita bella para el jardín.
En El Salvador es temporada seca. Desde la carretera se ven caballos y vacas flacos. Poco después del río está el campo de fútbol del San Gerardo, el equipo en el que José Salvador Alvarenga –conocido por los demás como Chele Cirilo o El gusano de queso– jugaba de defensa cuando era joven. Al llegar a su casa, la primera que está presente es su madre, María Julia Alvarenga. Dice que tiene 54 años y que nació en esta misma casa. La vivienda está al borde de una pista sin asfaltar, en una finca de un propietario de tierras para el que trabajaban y que antes de morirse les dijo que se podían quedar allí. Cuando ella se pone a recordar lo que cultivaban, maíz, cacahuetes, aparece su hijo con el pelo recién duchado, saluda sin expresión y se echa en una silla de plástico.
–¿Qué tal estás de salud?
–Un poco bien. Me duele el cuerpo, los pies.
–¿Un poco bien es bien o mal?
–Entre bien y mal.
Eso es todo, para empezar. Por el pasillo de entrada al patio interior de la casa aparece un anciano de pelo blanco y llena el silencio con emoción evangélica.
–Este es el hijo por el que tanto sufrías –le dice a la madre–, ¡bendito y alabado sea el nombre de Dios!
–Amén, hermano, amén –responde ella con menos brío.

Alvarenga y su madre, María Julia, en el patio de su casa. / JÉSSICA ORELLANA
El anciano dice algo más sobre Jehová y sobre los brazos de Dios y se queda sentado al lado del náufrago. Entonces la madre explica que se hizo cristiana hace dos años. Pertenece a la Iglesia del Príncipe de la Paz. Antes de eso nunca iba a la iglesia.
El anciano retoma su mensaje.
–Yo he llorado y he orado desde que lo vi en los canales de la televisión. Esto que Dios ha hecho es maravilloso.
–Grandísimo, hermano –le dice ella.
En la entrada de casa tienen una tienda de abastos. Doña Julia dice que se enteró de lo de su hijo por una llamada de teléfono, y que luego vio la noticia en la televisión. No dice más que eso, nada de lo que sintió o de cómo reaccionó. En vez de eso le grita una orden a sus nietas: “¡Vayan a despachar, niñas!”. La señora tiene nueve hijos. Hacía ocho años que no tenían noticia de José Salvador.
–¿Le ha preguntado por qué no la llamaba?
–Porque perdió el número de teléfono, dice, y se le olvidó todo.
A las cuatro y cuarto de la tarde, después de la ensalada y de la manzana, Alvarenga se levanta, abre la nevera otra vez, saca un táper y se sirve un plato de ceviche. Tiene un mentón fuerte, con el labio de abajo algo más adelante que el de arriba, la nariz chata, el cuello como un tronco y la cabeza cuadrada. Lleva el pelo corto pero se ha dejado atrás un mechón largo sin cortar para que le sirva de recuerdo del mar. Él pidió que le dejasen el mechón cuando le cortaron el pelo en el hospital de las islas Marshall.
–¿Te lo cortó un hombre o una mujer?
–Era un maricón.
–¿Y cómo lo sabes?
–Porque hablaba como una mujer.
Su psiquiatra lo define como “una persona sencilla”. Al llegar al hospital San Rafael lo metieron en cuidados intensivos, y a los dos días lo pasaron a un cuarto privado donde le hicieron un examen mental. Le diagnosticaron estrés postraumático. Trastornos de sueño. Episodios de “reexperiencia”: recordar despierto lo vivido, soñarlo durmiendo. Talasofobia, que significa miedo al mar. Sermeño dice que el hospital se dividió entre los escépticos y los que lo consideraron un héroe nacional. El doctor piensa que no miente. “Cuando alguien le pregunta, él dice que no le importa si le creen o no. No es una persona empecinada en que le crean”. Menciona el antecedente de unos pescadores mexicanos que aparecieron en 2006 en las islas Marshall después de nueve meses de naufragio, y un análisis que ha hecho la Universidad de Hawái sobre el caso de Alvarenga cuya valoración es que la duración de su deriva y la relación entre el punto de partida y el punto final son consistentes con las pautas de circulación de las corrientes y de los vientos en esta franja del Pacífico.
El doctor Sermeño, que sigue tratándolo desde que salió del hospital, dice que esta historia solo puede ser “cierta o muy fantástica”, y que después de haber estudiado a su paciente ha llegado a la conclusión de que es una historia “demasiado fantástica para que él se la haya podido inventar”. Cinco semanas después de su aparición, Alvarenga está rechoncho y tiene barriga. En las primeras fotos estaba más fino pero no esquelético, como se asume que se debe quedar uno después de pasarse más de un año perdido en el mar sin provisiones. El doctor objeta que la desnutrición también puede causar acumulación de líquidos. El náufrago tampoco tenía la piel quemada. Dice su psiquiatra que la tenía “amarillenta”, y que él les contó que se protegía del sol dentro de la hielera que tenía para guardar tiburones. Lo que más le sorprendió a los médicos es que no tuviera escorbuto por falta de vitaminas, pero se conoce que comiendo animales crudos se puede paliar esa carencia. Alvarenga ha contado que se alimentó de aves, tortugas y pescados que cazaba en el mar. En la sangre traía una infección de parásitos. El doctor cree que si hubiese pasado unas semanas más sin tratamiento, eso lo habría matado de un fallo multiorgánico.
Esta tarde, Alvarenga viste una camisa azul y un pantalón pirata, de esos que llegan hasta la espinilla. Lleva chancletas y tiene los tobillos deformes de tan hinchados. En la sala todavía no han dejado de discutir. “Seremos brutos, pero podemos entender”, se oye a la madre. Dentro de unas semanas, en el Congreso salvadoreño se votará una iniciativa para concederle una distinción a su hijo. El impulsor de la idea, el diputado Guillermo Gallegos, dice que tiene “certeza” de que la historia es verdad. La única duda que alberga es la clase de honor que le corresponde. “Tenemos hijo meritísimo, héroe salvadoreño y notable salvadoreño. Aún lo estoy evaluando”. Sobre las cuatro y media, uno de los pollos blancos reaparece por el patio cubierto y se pone a picotear una hoja de verdura que está tirada junto a la nevera. El náufrago pone la vista en el pollo. “De todo come”, dice, y luego se levanta para ponerse otro plato de ceviche.