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sábado, 18 de febrero de 2017

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: CANSANCIO DE VIVIR



Dedicaba un espacio anterior a introducir la propuesta de Holanda de legalizar la eutanasia para personas que estén cansadas de vivir, aun cuando no estén físicamente enfermas. Parece que ya hemos ido aceptando un poco la idea de la eutanasia en el caso de enfermos terminales, pero suena escandaloso tener que aceptarlo también en el caso de personas que ni siquiera están enfermas, pero nos olvidamos de que el sufrimiento no es solo físico; el hecho de desear la muerte porque ya se está cansado de vivir, y ya no hay perspectivas de recuperación es suficiente argumento para diagnosticar una enfermedad psíquica irreversible y terminal. Nadie que no sufre desea morir.

¿Y cómo puede alguien estar tan cansado de vivir como para desear ya morir? Esa es una pregunta que no deberíamos hacerles a ellos, sino a nosotros mismos. ¿Qué estamos haciendo como sociedad para que haya cada vez más personas mayores agotadas y sin deseo de vivir? La respuesta es muy simple: hemos construido un mundo para los jóvenes (y no para todos), en el que los mayores no tienen cabida. En el mercado laboral solo tienen cabida los jóvenes; hemos aprendido a sobrevalorar el dinero, el sexo, el poder, la energía, la belleza, la brillantez, la rapidez, la habilidad, particularmente con las nuevas tecnologías… precisamente todo aquello que las personas mayores no pueden ofrecer. Y nos hemos acostumbrado a la cultura de “usar y tirar”; usamos lo que nos es útil, y lo marginamos o descartamos cuando ya no lo necesitamos o nos estorba.

La propia desestructuración y disfuncionalidad de las familias contribuye también a esa marginación. Construimos relaciones familiares y humanas en las que prima el placer, el consumismo y el status; y trabajamos y hacemos lo que sea para cumplir con ello, de modo que difícilmente podemos dedicar la atención adecuada ni siquiera a nuestros hijos. ¿Y nuestros mayores? Bueno, para ellos ya no queda nada de tiempo. ¿Es tan difícil entender por qué cada vez más personas mayores tienen la sensación de no tener cabida en la sociedad, y quieran escaparse de ella?

Todos dirán que entonces habría que cambiar todo eso… Pues sí, claro; de hecho, no había que haber construido un mundo así, pero eso es lo que hemos hecho; eso es lo que hay. Y no debemos mirar hacia afuera buscando a los culpables de haber hecho un mundo así. El mundo así lo hemos hecho cada uno de nosotros desde dentro de nuestras propias familias. La persona mayor cansada de vivir generalmente no se siente así porque ahora el mundo es así, sino porque su propia familia es así. La persona mayor que se siente aceptada e integrada en su familia o en su círculo íntimo no tiene deseo de morir.

Y de todos los que sienten algún remordimiento, o dicen que habría que cambiar todo eso, solo alguno hará algún intento, pero la gran mayoría solo lo dice y luego mirará para otro lado, y, llegado el momento hará un viaje a Holanda, para un familiar, o para uno mismo, como solemos hacer con los abortos. Creamos y permitimos el problema y luego nosotros mismos nos escandalizamos y prohibimos las soluciones que cada quien busca espontáneamente para solucionarlo. Pura hipocresía. Los holandeses son más francos, y por eso se les critica.

¿Y cómo puede alguien querer ayudar a morir a otra persona? Es una cuestión de conciencia. Habrá muchos que nunca lo harían porque no están de acuerdo, lo cual es muy respetable, o bien porque, aun estando de acuerdo, no tengan el valor de hacerlo, lo cual es muy comprensible. Quien lo hace debe tener una increíble empatía y valor, pero no creo que esté atentando contra nada ni contra nadie. Está simplemente ayudando a otra persona a cumplir su deseo, su último deseo, lo cual también es muy respetable. Los holandeses ya tienen la suerte de poder elegir entre las diferentes opciones respetables y comprensibles.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

sábado, 16 de abril de 2016

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: LA MONTAÑA RUSA


He dedicado ya varios blogs a la vida virtual que cada vez más personas viven en las redes sociales, en forma paralela a la vida real, y he destacado el peligro de no ser capaces de distinguir o separar la una de la otra, y de, incluso convertir la vida virtual en nuestra vida principal y marginar la vida real a la categoría de “vida paralela” que, ni modo, hay que sufrir y aguantar; a fin de cuentas, es la que nos suele dar problemas, mientras que en la vida virtual todo es alegría y felicidad, o, al menos, eso es lo único que se proyecta.

       Capítulo aparte, dentro de este tema, merece el de los matrimonios y parejas, en general, que lo son solo porque lo son legalmente, porque viven en la misma casa, porque tienen hijos en común, o por diferentes razones que de algún modo les ligan el uno al otro, aun cuando ese lazo ya ni siquiera sea, en realidad, entre el uno y el otro, sino entre ambos como pareja establecida, y el resto del entorno social, de modo que el interés y el esfuerzo no se centra en la convivencia mutua de la pareja, sino en guardar apariencias y proyectar ante el entorno social una imagen de pareja perfecta que nada tiene que ver con la realidad.

       Pero bueno, esto es algo que ha existido siempre. Entonces, ¿Qué tiene que ver con la vida virtual, que es algo reciente? Pues sí, el matrimonio o pareja de “apariencias” ha existido siempre, particularmente en sectores sociales de medianos para arriba; y el hecho de vivir una vida hacia el exterior que no se corresponde con la real ya la convierte en una especie de vida virtual, porque no es real; es ficticia. Lo que pasa es que ahora asociamos el término “virtual” con aquello que no existe físicamente en la realidad, pero que la tecnología lo pone a nuestro alcance casi como si fuera real.

       La cuestión es que la adicción a la vida social virtual tiende a agravar el problema de las parejas de apariencia, que ya traen problemas serios internos, pues encuentran en la vida virtual moderna un modo de evasión permanente al alcance de la mano. Basta con apretar un botón y mirar una pantalla para pasar las veinticuatro horas del día sumido en esa vida virtual donde todo es alegría, fiesta, gozo y felicidad. Así que ¿Por qué sufrir permanentemente la realidad de esa relación insoportable? La consecuencia es que habiendo un refugio permanente en la vida virtual, la tendencia será a alojarse en él permanentemente, perdiendo toda posibilidad de trabajar por recuperar la relación de la vida real. Más aún; no solo la relación real se hará aún más inexistente, sino que en las redes sociales se tenderá, no ya solo a guardar las apariencias, como antes; sino a proyectar una imagen maravillosa de la misma, para estar a la altura y no quedarse atrás.

       Pero, lo que es peor, la adicción a la vida social virtual tiende a separar incluso a las parejas que han funcionado bien en la vida real. Y es por la misma razón. La convivencia en la vida real conlleva, inevitablemente conflictos inherentes a la misma. Una pareja que funciona bien no es por la inexistencia de conflictos, sino porque es capaz de manejarlos y resolverlos positivamente, y esa es la clave del éxito. Si no se tiene esto muy, pero muy claro, la tendencia será igualmente a refugiarse en la vida virtual cada vez que haya un conflicto, en vez de trabajar por resolverlo en la vida real, y a proyectar en esa vida virtual una imagen idílica que empieza a no corresponderse con la realidad.

A partir de ahí, poco a poco la distancia entre ambos se va haciendo más y más grande, y, sin darse cuenta, terminan convirtiéndose en dos seres que viven bajo el mismo techo, cada quien mirando todo el tiempo su propia pantalla, y sin que haya más interacción que la necesaria para tomarse una foto feliz y subirla a las redes, cada quien por su cuenta. Tal vez entonces se dan cuenta de la relación entre ellos ha muerto, y la única relación que sigue viva es la de cada quien con su pantalla.

       La vida es una montaña rusa; y la vida de pareja no es una excepción (la vida real, me refiero). Hay bajadas porque hay subidas; y hay subidas porque hay bajadas. Si en la montaña rusa asumimos la subida para poder disfrutar la bajada, ¿Por qué nos cuesta tanto hacerlo en la vida real? Encima aparece la vida virtual en la que, aparentemente, todo es bajada, y pocos ven que al final de la bajada solo está el suelo.


Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 

sábado, 26 de marzo de 2016

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: APRENDER DE LOS ERRORES



Esto es algo que suena bonito, y que todos hemos escuchado infinidad de veces, pero que no tan fácilmente llevamos a la práctica, y menos aún en esta vida moderna en que el error está tan mal visto y tan penalizado, porque viene a ser sinónimo de fracaso. Si de los errores se aprende, y si equivocarse es de humanos, y todos somos humanos, ¿Por qué están los errores tan mal vistos? Pues por esa mentalidad tan cortoplacista que impera últimamente. Siempre se buscan resultados, éxitos inmediatos, como si éstos fueran posibles por arte de magia; y un error, desde ese punto de vista, supone un fracaso.

El resultado de todo ello es muy negativo desde varios puntos de vista. En primer lugar porque tratar el error como un fracaso, de algún modo le da una connotación negativa definitiva, de forma que no deja mucho espacio para el análisis, la rectificación, la continuidad, y el crecimiento, sino que más bien pone un punto y aparte en la situación o en el individuo, y los margina. También porque genera en el individuo una tensión y una caída en su autoestima, al sentirse responsable de un fracaso. El individuo pierde el estímulo por analizar el error para aprender de él.

En tercer lugar, porque nos hace cada vez más falsos e hipócritas. Si nos cuesta reconocer un simple error, reconocer un fracaso resulta inaceptable, por lo que nuestros esfuerzos irán dirigidos más a enmascarar el supuesto fracaso que a corregir el error, y, sobre todo, que a aprender de él, porque ¿Cómo vamos a aprender de algo que no queremos ver? Más aún, en ese intento por enmascararlo, alteraremos situaciones paralelas, culparemos a otros, y generaremos enredadas situaciones que concentrarán nuestra atención y la de otros más que otras cosas mucho más importantes, con lo que no solo no avanzaremos por no aprender de los errores, sino por dedicar nuestro esfuerzo a taparlos.

En una sociedad en la que está tan de moda presumir de excelencia, el resultado de todo ello es que gran parte de los individuos de esta sociedad son perpetuos mediocres disfrazados de excelencia. Resulta sorprendente que en una sociedad con tanta excelencia haya tantas cosas que funcionen tan mal. Analizar si el problema está en la cultura social que condiciona a sus individuos, o está dentro de ellos mismos, que son los que forman la sociedad y su cultura, es entrar en un círculo vicioso indescifrable.

Sin embargo, es necesario romperlo y salir de él con la conciencia de que error no es fracaso; al contrario, error es oportunidad de aprender a través de su análisis; error es experiencia acumulada. Y aprendizaje y experiencia forman parte del camino al éxito. El error es parte del éxito. Nadie que conozca el éxito puede decir que no ha cometido errores; al contrario, desde la tranquilidad de su posición de éxito más fácilmente reconocen que en su camino ha habido multitud de errores; errores que fueron asumidos y que se convirtieron en lecciones de lo que no debían hacer. 
Es necesario eliminar la injerencia externa en el juicio de un error, de la misma forma que el niño que aprende a caminar lo hace de forma natural después de caerse y golpearse al menos unas cuantas veces sin que nadie le juzgue de inútil y fracasado por ello; al contrario, se le alienta a seguir intentándolo. Pero claro, equivocarse y aprender de los errores es un proceso que toma un tiempo, y que frecuentemente requiere de una inversión, y ello no encaja bien en la visión actual del resultado inmediato con la mínima inversión, que se ha convertido en el objetivo de esta sociedad. Más pronto que tarde nos daremos cuenta de que la penalización y condena del error es, precisamente, el mayor error que se puede cometer.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.  

viernes, 25 de marzo de 2016

Hoy 25 de marzo se celebra el Día Mundial del Niño por Nacer

Por Compartiendo mi opinión
Hoy 25 de marzo se celebra el Día Mundial del Niño por Nacer. La fecha fue elegida para ser celebrado del Día del Niño por Nacer ya que en la comunidad católica entre el 25 de marzo y el 25 de diciembre ocurren los nueves meses para el nacimiento del Niño Jesús y tiene lugar la Anunciación a la Virgen María. 

El principal objetivo del Día del Niño por Nacer se encuentra en la protección de los niños de todo el mundo que todavía no han nacido. Se pretende promover una cultura de vida y de salud para todas las personas del mundo además de intentar reducir los índices de mortalidad infantil y materna. 

El Salvador es el primer país en el que se decretó esta celebración en el año 1993, bajo en nombre de "Día del Derecho a Nacer". Así lo proclamó la Asamblea Legislativa gracias a los esfuerzos del movimiento Pro Vida, especialmente a la propuesta de la “Fundación Si a la Vida”.

sábado, 19 de marzo de 2016

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: LOS LIBROS DE SUPERACION PERSONAL


Los libros de crecimiento y superación personal están de moda desde hace ya algún tiempo. Se han publicado miles de ellos. Digo yo que en todo este tiempo deberían haber servido de algo, y haber provocado la superación en suficientes personas como para que la sociedad de hoy día sea un poquito mejor que la de principio de siglo. Sin embargo, me temo que tal cosa no ha sucedido. ¿Por qué?

Hay varias explicaciones. La principal es que los consumidores de libros de superación personal son, en gran parte, personas que buscan salida a algún tipo de crisis, y personas que buscan la fórmula del éxito. Sin embargo, los primeros suelen buscar como quien busca una receta de cocina para cocinar algo diferente porque ya se aburrió de comer de todo. Y los segundos buscan fórmulas que les den la combinación de variables que conducen al éxito y la felicidad.

Incluso, la mayoría de este tipo de libros son puramente comerciales, y están escritos con esa orientación, es decir, no pensando en lo que el lector necesita, sino pensando en lo que el lector busca y espera leer. Así, partiendo de que existe un error en lo que el lector busca, el error es correspondido por los autores. El resultado es que muchos de estos libros son una colección de recetas de vida, ecuaciones y experiencias personales que no tan fácilmente se aplican a la situación individual de cada quien; y que cada quien, a su vez, hace muy poco esfuerzo por adaptarlas a su propia situación.

Y es que, en realidad, formas de entender y alcanzar la superación hay miles de millones; tantas como personas en el mundo, y los ingredientes básicos son solo unos cuantos, pocos. Y no están exclusivamente en estos libros; están en la sabiduría humana desde que el hombre es hombre, y nadie los descubre en estos libros porque todos los conocemos desde que somos niños, aunque algunos solo los conozcan de oídas. Me refiero al esfuerzo, la visión, la planificación, la constancia, la disciplina, etc.

Habiendo pocos ingredientes básicos, lo que hace que haya tantas formas diferentes de superación son las circunstancias personales de cada quien. De ahí que el conocimiento y el análisis de dichas circunstancias es una parte muy importante, y eso es algo que solo uno mismo, tal vez con ayuda del entorno íntimo, puede hacer, pero no nos lo puede enseñar un libro. Y ahí es donde muchas personas fallan; asumen que están en una posición en la que no están, asumen recursos que no tienen, o desestiman los que sí tienen, no conocen bien sus talentos, que casi todas las personas tienen alguno, y tampoco conocen bien sus debilidades y lo que éstas pueden condicionarles en su perspectiva.

Por otro lado, los libros nos hablan mucho de lo que nos debe impulsar a crecer, pero nos hablan poco de lo que nos frena en ese crecimiento, a parte de las circunstancias personales desfavorables; me refiero fundamentalmente al miedo y la envidia. El miedo puede ser debido a algún fracaso previo, o, precisamente, al desconocimiento del terreno que pisamos, o bien a haber formado parte de nuestro proceso de desarrollo desde la niñez o adolescencia, de modo que se ha hecho crónico, y no tan fácilmente va a desaparecer.

La envidia… bueno, eso es otra cosa. Es un mal endémico en nuestra cultura latina, y es la principal responsable de que siempre estemos igual, ni para atrás ni para adelante. La envidia tiende a frenarnos cuando es de los demás a nosotros, por razones obvias, pero nos frena mucho más aún cuando es de nosotros hacia los demás, porque la envidia no estimula en absoluto el crecimiento personal para subir al nivel de las personas envidiadas, sino que, por el contrario, tiende a obstaculizar y derribar el crecimiento de las otras personas para que caigan a nuestro pobre nivel.
El éxito pocas veces llega de repente y sorpresivamente, que es como la mayoría de las personas lo imagina y lo sueña; por eso difícilmente les llega. Y cuando llega de repente, lo más probable es que también se vaya de repente. En general, en la inmensa mayoría de los casos, el éxito no llega, sino que se consigue, y no sucede de repente.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.  

sábado, 6 de febrero de 2016

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: LOS NI NI´s



 Recientemente leía una estadística que cifraba en más de 20 millones la cantidad de NI NIS en Latino América. Para los que no estén familiarizados con este término de nueva acuñación, se ha dado en llamar NI NI´s a aquellos jóvenes que Ni estudian NI trabajan; en otras palabras, que están al margen del mercado laboral, bien sea real o potencialmente, ya que la condición de estudiante se considera como fase de preparación para acceder al mercado laboral.

No conozco bien los criterios considerados para ofrecer esta estadística, pero aun siendo muy alta, dista bastante de la realidad, de la misma manera que dista muchísimo de la realidad la estadística de personas desempleadas que se nos ofrece oficialmente (pero si incluso la cantidad de mareros es mayor que esa). Probablemente en uno y otro caso se consideran personas empleadas a personas del mercado laboral informal que ofrecen algún servicio tan innecesario como intrascendente, y a quienes damos alguna propina más por temor que por gratitud, como los “cuidacarros”, por poner un ejemplo.

No deben ser incluidos en el “Ni trabaja” a las personas que están activamente en la búsqueda de empleo, ni a las que realizan las tareas domésticas de su casa, puesto que esta es una labor necesaria que requiere una dedicación, y que está considerado como trabajo por la OIT. Más bien, el “Ni estudia ni trabaja” se refiere a aquellos jóvenes que no hacen ni lo uno ni lo otro, y que, además, no muestran estímulo o iniciativa alguna por ello; en otras palabras, que no saben qué hacer con su vida, ni les importa mucho.

El problema de los NI NI´s va mucho más allá de la situación de parasitismo en la que viven y en la que tienden a perpetuarse. Hay una serie de consideraciones que les van a arrastrar, probablemente, hacia caminos poco sanos. En primer lugar está el cómo disponer del tiempo libre, que es todo. Las probabilidades de que antes o después tiendan a ocupar su tiempo en actividades nocivas son altas, entre otras cosas, porque las actividades nocivas surten el aliciente que necesitan y que falta en su vida.

Por otro lado, en casa serán objeto de críticas y reproches, y, además, su baja autoestima por la situación que viven, les hará sentirse en inferioridad respecto a los otros miembros del hogar, y tenderán a evitar la compañía familiar. Por todo ello, tenderán a casi no pasar tiempo en casa, y a pasar mucho tiempo en la calle, donde coincidirán con otros jóvenes en similar situación. Es fácil suponer que los riesgos de caer en drogadicción o en pandillas es alto.

Pero la cuestión es, sobre todo, buscar la causa del problema para tratar de resolverlo desde ahí, porque una vez que la situación de NI NI se hace crónica, es cada vez más difícil activar el estímulo del joven para orientar su vida sana y productivamente. Tanto familia como sociedad tendemos a culpabilizar al joven por esa situación; sin embargo, difícilmente hacemos una reflexión sobre nuestra propia culpa como familia o como sociedad. Como sociedad cabe preguntarse si se ofrece suficientes oportunidades de capacitación y de empleo digno a los jóvenes. Seguramente la respuesta es que no.
Y, por otro lado, como familia, hemos de preguntarnos cómo orientamos la vida de nuestros hijos desde que son pequeños, porque esa, a fin de cuentas, es labor de padres y madres. La respuesta, en la mayoría de los casos, es que no hay ningún tipo de orientación, de plan, de proyecto o de estímulo para nuestros hijos en su desarrollo. Los hijos van creciendo a como dé lugar, por sí solos; y si algo se tuerce, tendemos a maltratarlos, o simplemente a rezar para que se enderecen. No sabemos hacer otra cosa. ¿Cómo esperamos que cuando tienen quince o veinte años tengan un estímulo que nunca les hemos dado? Nuestros hijos no son lo que son; son lo que los padres hacemos de ellos.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos
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Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

 Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.

Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro. 



sábado, 7 de marzo de 2015

SALUD MENTAL LA MEJOR HERENCIA FAMILIAR: DERECHO A LA VIDA Y A LA MUERTE



            Me pasa con el tema de la eutanasia lo mismo que con otros igualmente polémicos y con posiciones radicalmente enfrentadas, y es que no me siento identificada en absoluto con quienes proclaman argumentos subjetivos desde posiciones radicales, tanto a favor como en contra, pero tengo la sensación de identificarme con una mayoría silenciosa en el medio, cuya conciencia no acepta manejar con frivolidad ciertos temas, pero al mismo tiempo reacciona internamente, aunque no se atreva a manifestarlo, a las sutiles manipulaciones que tradicionalmente han utilizado sectores ultraconservadores en la defensa de la vida, y que rayan en lo contradictorio.

       El tema es enormemente complejo como para ser analizado en corto espacio, pero haré alguna reflexión. En mi opinión todo el problema gira en torno a dos cuestiones fundamentales: Cuáles son las condiciones de vida que se cuestionan; y quién es el dueño de la vida, es decir, quién tiene derecho a decidir. Empecemos por la segunda. En sociedades con marcada fe religiosa parece bastante atrevido pensar algo diferente a que Dios sea el dueño de la vida, y que, por tanto, nadie puede decidir sobre la misma. Contradictoriamente, algunos de los que defienden esto abogan por la pena de muerte, y hasta la aplican por su mano a escondidas.

       En cualquier caso, la creencia de que Dios es el dueño de la vida es defendible solo desde un punto de vista religioso, y, como he dicho tantas veces, la fe religiosa es algo opcional, personal e individual que puede ser compartido o no, pero no puede servir de base al derecho civil. Entonces, civilmente, ¿Quién es el dueño de la vida? Será difícil, si no imposible, encontrar alguna alusión explícita a este tema en cualquier constitución de cualquier país. Lo que sí hacen todas las constituciones es reconocer el derecho a la vida, lo que viene a significar que nadie tiene derecho a quitar la vida a otra persona, o, lo que es lo mismo implícitamente, que la vida le pertenece a cada quien.

       Por tanto, civilmente cada persona es dueña de su vida, y es su opción personal transferir esa propiedad a Dios en función de sus creencias, y en tal caso ello aplica para uno mismo; no para los demás. Pero si la vida pertenece a uno mismo, ¿por qué no se acepta el suicidio? La constitución defiende el derecho a la vida, pero no la obligación de vivir. Sin embargo, lo natural es el deseo de vivir; cuando uno no es capaz de decidir por sí mismo, tiene sentido que otros lo hagan asumiendo que el deseo de uno es vivir. Incluso en un intento de suicidio de una persona sana, cabe asumir que el deseo de quitarse la vida es anómalo, temporal y circunstancial, y que es posible recuperar el deseo de vivir.

Sin embargo, cuando conscientemente una persona desea morir porque su sufrimiento es más fuerte que su deseo de vivir, y la situación es objetivamente irreversible, solo puede ser comprensible oponerse a su voluntad en forma personal por objeción de conciencia, pero negarle su voluntad desde el punto de vista civil parece contradecirse con el reconocimiento implícito de cada persona es dueña de su vida. Más parece que somos los demás los dueños de su vida al decidir sobre ella en contra de su voluntad.

       Y en este punto entra en juego la otra cuestión fundamental que motiva el debate, es decir, las condiciones de vida que provocan el deseo de no seguir luchando por vivir. Siempre he defendido la vida entendiéndola con un mínimo de dignidad. Cuando por la situación de sufrimiento la vida ya no es vida y la posibilidad de recuperación es nula, me parece perfectamente entendible el deseo de no seguir viviendo. Incluso, viéndolo desde el punto de vista religioso, tratar de prolongar artificialmente la vida de alguien a quien Dios ya está llamando a su lado, parece contradictorio y una falta de respeto a Dios, y a la persona por prolongarle inútilmente el sufrimiento.
Yo no veo la vida como un valor absoluto. Si la vida pertenece a cada quien, el valor de la vida es relativo al valor que cada quien dé a su vida. Con la misma naturalidad con que se reconoce el derecho a la vida debería reconocerse también el derecho a la muerte digna. Sin embargo, hacemos mucho más esfuerzo para ofrecer una muerte indigna que para ofrecer una vida digna a la sociedad. Se reconoce el derecho a vivir por el simple hecho de nacer, pese a que no es uno mismo quien ha decidido nacer, y sin embargo, no se reconoce el derecho a morir aun cuando sea uno mismo, dueño de su vida, quien decida que ya no desea vivir.

Acerca de la Dra. Mendoza Burgos

Titulaciones en Psiquiatría General y Psicología Médica, Psiquiatría infantojuvenil, y Terapia de familia, obtenidas en la Universidad Complutense de Madrid, España.

Mi actividad profesional, desde 1,993, en El Salvador, se ha enfocado en dos direcciones fundamentales: una es el ejercicio de la profesión en mi clínica privada; y la segunda es la colaboración con los diferentes medios de comunicación nacionales, y en ocasiones también internacionales, con objeto de extender la conciencia de la necesidad de salud mental, y de apartarla de su tradicional estigma.

Fui la primera Psiquiatra infanto-juvenil y Terapeuta familiar acreditada en ejercer dichas especialidades en El Salvador.

Ocasionalmente he colaborado también con otras instituciones en sus programas, entre ellas, Ayúdame a Vivir, Ministerio de Educación, Hospital Benjamín Bloom, o Universidad de El Salvador. He sido también acreditada por la embajada de U.S.A. en El Salvador para la atención a su personal. Todo ello me hizo acreedora en 2007, de un Diploma de reconocimiento especial otorgado por la Honorable Asamblea Legislativa de El Salvador, por la labor realizada en el campo de la salud mental. Desde 2008 resido en Florida, Estados Unidos, donde compatibilizo mi actividad profesional con otras actividades.

La tecnología actual me ha permitido establecer métodos como video conferencia y teleconferencia, doy consulta a distancia a pacientes en diferentes partes del mundo, lo cual brinda la comodidad para mantener su terapia regularmente aunque esté de viaje. De igual manera permite a aquellos pacientes que viven en ciudades donde los servicios de terapeuta son demasiado altos acceder a ellos. Todo dentro de un ambiente de absoluta privacidad.

Trato de orientar cada vez más mi profesión hacia la prevención, y dentro de ello, a la asesoría sobre relaciones familiares y dirección y educación de los hijos, porque después de tantos años de experiencia profesional estoy cada vez más convencida de que el desenvolvimiento que cada persona tiene a lo largo de su vida está muy fuertemente condicionado por la educación que recibió y el ambiente que vivió en su familia de origen, desde que nació, hasta que se hizo adulto o se independizó, e incluso después.


Estoy absolutamente convencida del rol fundamental que juega la familia en lo que cada persona es o va a ser en el futuro.