martes, 15 de junio de 2010

El odio y los odiadores

Tomado de El Diario de Hoy

El día de ayer recibí un correo de uno de mis lectores que me decía lo siguiente: "Comparto con usted un excelente artículo publicado este día en El Diario de Hoy ( de El Salvador). Pienso que actualmente el odio es una pandemia más extendida que la diábetes y que la misma obesidad. Creo que fuera bueno difundir el artículo "

Después de leer el artículo escrito por el Dr. Luis Fernandez Cuervo pienso que la persona que me envió el correo tiene toda la razón y con mucho gusto lo comparto con ustedes.


Por Luis Fernández Cuervo *
Domingo, 13 de Junio de 2010

"Tal y como las he conocido, las personas llenas de odio tienen permanentemente el sentimiento de que han sido engañadas, es un sentimiento indestructible, profundamente desproporcionado respecto de la realidad. Estas personas parecen querer ser estimadas, respetadas y amadas sin límite, parecen atormentarse sin cesar por el doloroso descubrimiento de que los demás son de una ingratitud y de una injusticia imperdonables, pues no sólo no les manifiestan el respeto y el amor que se les debería(...) "



Quieren convertirse en el centro del mundo y se encuentran frustrados e indignados por el hecho de que el mundo ni les acepte ni les reconozca como tales, ni les preste atención alguna e incluso se burle de ellos".

Buscando otro tema muy distinto, fui a encontrar en uno de mis archivos un largo y profundo artículo de Vaclav Havel sobre una pasión importante y destructiva: el odio. No pude por menos de leerlo porque vivimos en una sociedad donde son bastantes las gentes poseídas por un odio, contra personas o instituciones, tan intenso que terminan descargándolo en algún tipo de delito destructivo, incluyendo el asesinato.

Todos los columnistas que firmamos nuestros escritos, incluyendo la dirección de nuestro buzón en Internet, corremos el riesgo de recibir e-mails rezumando un odio largo en insultos y escaso o nulo en razones.

En mi correspondencia con mis lectores, esos ataques cibernéticos, afortunadamente, son poco frecuentes. Pero cuando recibo alguno, el primer movimiento de fastidio o de cólera enseguida es sustituido por la tristeza. Es la evidencia de estar ante una muestra de alguien que lleva una vida poco feliz y que está poseído por una fuerza negativa que, tarde o temprano, se volverá contra él, destruyendo lo mejor de su vida. Pienso que son otros columnistas los que padecen más abundantemente la desgracia de esos ataques. A ellos, a esos sufridos colegas, les dedico algunos de los certeros análisis que el insigne escritor, y primer Presidente de la República Checa, hace del odio.

El estudio de Havel es largo y al ser publicado en el número 9 de la revista Atlántida, ya desaparecida, si alguno de los columnistas está interesado en el artículo completo, puede pedírmelo por un correo y con gusto se lo enviaré.

"Todos somos, sin duda --dice Havel-- observadores inquietos de este fenómeno que intentamos reflejar desde fuera. Esto vale también para mí: entre los numerosos defectos de mi carácter, no se encontrará, curiosamente, la capacidad de odiar. Voy, por lo tanto, a presentar esta reflexión sobre el odio en calidad de observador, un tanto desconcertado e inquieto".

"Su odio me parece traducir siempre una gran aspiración insatisfecha, una voluntad incumplida e irrealizable, una ambición desesperada. Se trata de una fuerza interior radicalmente activa que habita en la persona, la sujeta, la arrastra hacia algún lugar y la supera".

"Tal y como las he conocido, las personas llenas de odio tienen permanentemente el sentimiento de que han sido engañadas, es un sentimiento indestructible, profundamente desproporcionado respecto de la realidad. Estas personas parecen querer ser estimadas, respetadas y amadas sin límite, parecen atormentarse sin cesar por el doloroso descubrimiento de que los demás son de una ingratitud y de una injusticia imperdonables, pues no sólo no les manifiestan el respeto y el amor que se les debería(...) Quieren convertirse en el centro del mundo y se encuentran frustrados e indignados por el hecho de que el mundo ni les acepte ni les reconozca como tales, ni les preste atención alguna e incluso se burle de ellos".

El tipo de odio individual que analiza Havel se ajusta muy bien a estos odiadores de Internet, que suelen ser de tipo ideológico, por lo que puede cambiar el columnista que recibe esos ataques ya que se odia, más que a esa persona, a las ideas que sostienen. A este respecto Havel dice: "He podido notar que todas las personas que odian acusaban a su prójimo de maldad --y, a través de éstos, al mundo entero--, siendo así que su propia maldad está animada por el sentimiento de que la mala gente y el malvado mundo niegan lo que les pertenece legítimamente".

También pienso que es muy clarificador lo que Havel dice del odio colectivo: "no hay diferencia entre el odio individual y colectivo; quien detesta a un individuo está prácticamente siempre llevado a sucumbir al odio colectivo --religioso, ideológico, doctrinal, social, nacional, o de cualquier otro tipo-- es una especie de embudo que termina por absorber a todos aquellos con la inclinación al odio individual".

Y el odiador profundo será después capaz de "tragar dentro de su embudo a un número ilimitado de personas que, en un principio, no manifestaban ninguna capacidad para el odio. Se trata de personas pequeñas y débiles, de espíritus perezosos, incapaces de pensar de forma independiente y, por lo tanto, proclives a sucumbir a la sugerente influencia de aquellos que odian. La fuerza de atracción del odio colectivo --infinitamente más peligrosa que el odio que siente un individuo a otro-- se enraíza en varias de sus aparentes ventajas". Vaclav Havel señala las principales:

1.- La liberación del sentimiento de soledad, debilidad y olvido.
2.- La subestima propia adquiere estima y valía dentro de la comunidad de odiadores.
3.- La responsabilidad y riesgo del odio individual queda protegida, escondida y justificada dentro el odio colectivo.

Y Havel sentencia: "El que odia es, en el fondo, un desgraciado que nunca podrá ser feliz por completo". Yo pienso lo mismo.

*Dr. en Medicina y columnista de El Diario de Hoy. luchofcuervo@gmail.com

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