domingo, 31 de julio de 2011

¿Cuál sería la única decisión que tomarías diferente?

Por Waldemar Serrano

Así fue como comencé el conversatorio que tuve con 45 hombres que están cumpliendo tiempo en una institución gubernamental de mínima custodia, en donde no solo se están rehabilitando de sus adicciones, sino que tienen una nueva oportunidad de vida.

Durante la actividad en donde la diversidad de edades –fluctuaban entre 18 a 45 años- era muy marcada, fue muy interesante observar la amplia gama de expresiones que tenían al llegar al salón. La importancia de estar allí no era para dar una charla mas, sino que deseábamos dejar una semilla en el terreno fértil de estos hombres, el cual estábamos seguro que tendría una cosecha con mayores posibilidades.

El silencio –el cual no es parte de su subcultura- estaba ausente del salón, los suspiros eran la orden del día, el ambiente se sentía cargado y se respiraba un consenso que entendían que éramos uno más como en el pasado, que venían a decirles lo que tienen que hacer.

Otros tenían su mirada fija a la ventana que estaba al costado del salón, otros aguantaban sus cabezas en la mesa, ya que era obvio que estaban obligados a estar allí y curiosamente la minoría estaban con libreta y lápiz en mano listos para hacer apuntes.

Inmediatamente la pregunta levantó a todo aquel que estaba aguantándose la cabeza, al que estaba mirando al horizonte y los que estaban en la primera fila, levantaron sus manos como si lo hubiésemos planificado.

Dentro del conversatorio que duro una hora y media, se pudo establecer una dinámica en donde el juicio no existía, escuchar al que estaba hablando era mandatorio –ya que así acordamos- y cada uno de los presentes estaban abiertos a compartir libremente.

Los primeros que tomaron las palabras fueron los adultos, aquellos que han sido reincidentes y que parecía que esta vez estaban entendiendo la importancia de la toma de decisión.

A su vez los más jóvenes, aunque sencillos en su vocabulario, dejaron saber que ahora entendían la importancia del famoso refrán “dime con quién andas y te diré quien eres” y como tiene una importancia mayor, ya que determinará al salir su sobrevivencia.

Al tomar la palabra uno que tenía una lágrima tatuada al lado izquierdo de su ojo, expresó que gracias a las malas decisiones que había tomado estaba allí, pero lo que si estaba aprendiendo era que cuando saliera iba a estar consciente de las decisiones diarias que estará tomando, ya que esas serían las que lo pudieran llevar a tener una nueva vida o volver a lo conocido.

Otros compartieron la soledad en la que se encuentran, ya que la confianza que sus familiares habían depositado en ellos había desaparecido, debido a las malas decisiones del pasado.

Las historias de cómo habían llegado allí y el porqué del uso de drogas en general fueron muy conmovedoras todas, que iban desde abuso infantil, abandono, hasta que era un mecanismo de sobrevivencia de la pobreza.

Lo que todos –incluyéndome- pudimos aprender del conversatorio, fue que gracias a las decisiones del pasado estábamos en donde estábamos en ese momento y que ahora todos estábamos claros que no importaba las decisiones del pasado, ese momento era un nuevo día para volver a empezar y escoger de nuevo.

Hoy les dejo el mismo reto que les deje a nuestra nueva familia extendida, no es importante el enfocarnos ¿cuál sería la única decisión que tomarías diferente?, sino es el estar conciente que nuestras decisiones diarias son las que nos pondrán en una mejor posición de la que estamos hoy.

Concluyo con esta frase “Enfoquémonos en nuestro camino, ya que al final del día, ese el único que nos debe de importar”.

Waldemar Serrano-Burgos, CEC, ACC es Life Coach Internacional Certificado, que trabaja en los mercados de Estados Unidos, Puerto Rico y República Dominicana. Sígalo en Twitter: wserranob o visite su página www.waldemarserrano.com

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