viernes, 28 de enero de 2011

La Glock es el arma preferida por los estadounidenses

Tomado de El Mercurio

El Arma austríaca es una de las más vendidas a particulares y la más usada por los departamentos de policía:


La historia de éxito y sangre de la Glock

Convertida en mito por Hollywood, resalta por su facilidad de uso, bajo peso y su veloz y alta capacidad de descarga. Algo que comprobaron los autores de las masacres de Tucson y Virginia Tech.

Por Jean Palou Egoaguirre

Bruce Willis fue uno de los que impulsaron la leyenda. En Duro de Matar II, el inmortal héroe de acción John McClane mantiene un diálogo con un policía de aeropuerto en el que habla de una Glock 7 como una "pistola de porcelana hecha en Alemania, que no se ve en tus detectores de rayos X y que cuesta más de lo que ganas en un mes".

No importa que en realidad el arma a la que se refería haya sido una Glock 17, que su origen sea austríaco, que se consiga por sólo US$ 499 en Walmart o que en verdad esté hecha a base de un plástico: el mito de la "pistola de porcelana" persiste hasta hoy, y el aura exótica y sexy que le dio Hollywood -también ha aparecido en Miami Vice y Bourne Ultimatum, entre decenas de otras películas- ha posicionado a las Glock como las semiautomáticas más usadas tanto por los cuerpos de policía como por los particulares en Estados Unidos... incluyendo a los autores de varias matanzas.

A nadie sorprendió que Jared Lee Loughner, quien este mes mató en Tucson a seis personas e hirió a 14, entre éstos a la congresista Gabrielle Giffords, haya utilizado en su masacre una Glock 19, a la que se puede -y así lo hizo- insertar un cargador extendido de hasta 33 balas que se disparan en segundos. Ese mismo modelo ya fue usado en 2007 por Cho Seung-Hui en Virginia Tech, donde mató a 32, mientras que una Glock 17 fue la percutida por Bryan Uyesugi para asesinar a 17 personas en Honolulu en 1999 y también por Steven Kazmierczac para disparar contra 21 en la Universidad de Northern Illinois en 2008.

Para bien o para mal, se trata de "la pistola de EE.UU.", como la definió la revista Businessweek, que destacó que es el arma que usa el FBI, la DEA y el 65% de los policías del país, incluyendo los de Nueva York, y que tiene una de las mayores participaciones en el mercado de US$ 1.000 millones de las pistolas.

Revolucionaria

Las Glock aterrizaron a mediados de los 80 en EE.UU., un país que hasta entonces tenía una predilección por revólveres como los Colt o los Smith & Wesson. Diseñada en Austria por Gaston Glock, quien buscaba una pistola ligera para reemplazar la Walther P-38 que usaba el ejército de su país, revolucionó la industria al cambiar algunas piezas metálicas por polímero duro, haciéndolas 86% más livianas. Él mismo probó la pistola usando sólo su mano zurda.

"Las Glock están bien diseñadas, son simples, certeras y muy confiables. Son fáciles de mantener y reparar, y fueron las primeras de esta nueva generación con empuñadura de polímero", explica Lance Stell, autor de "Gun Control: For and Agains".

Aunque en principio en EE.UU. no gustó su diseño -¿dónde estaba el brillo metálico?-, se hizo popular entre las unidades de policía, que antes necesitaban recargar varias veces sus armas, pero que con la Glock 17 tenían hasta 18 tiros seguidos asegurados. "Cuando está en riesgo tu vida, seas policía o civil, no te quieres quedar sin munición", señala Joseph Olson, experto de la Hamline University, quien resalta además su "facilidad para disparar".

Ya antes que el hip-hop la usara en sus letras, la Glock tuvo una enorme publicidad cuando en 1986 activistas a favor del control de armas denunciaron que la pistola era una amenaza porque supuestamente podía traspasar los detectores de metal, ya que era de plástico. Incluso hubo una audiencia en el Congreso, pero se demostró que esto era falso, y finalmente tuvo el efecto contrario: todos los fanáticos de las armas quisieron la "pistola de plástico" de la que tanto se hablaba. Glock, por otra parte, comenzó a sacar modelos más pequeños, diseñados para el bolsillo y que se promocionaban como "una opción perfecta para las mujeres".

Hoy el modelo más vendido es la Glock 19, la que usó Loughner y que en el catálogo se presenta como una pistola "comparable en tamaño y peso (595 gramos) con los revólveres calibre .38", pero "más poderosa, con un mayor poder de fuego y mucho más fácil de disparar rápido". Aunque Glock no divulga cifras de sus ventas, informó que el primer cuarto de 2010 éstas aumentaron en 71%, y según Bloomberg, al día siguiente de la masacre en Tucson se vendieron 60% más de Glocks en Arizona y 8 mil más en todo el país.

En reacción a posibles regulaciones, uno de los artículos más vendidos estas últimas semanas han sido los polémicos cargadores de 33 balas para las Glock. De hecho, la congresista demócrata Carolyn McCarthy anunció un proyecto para prohibir cargadores de alta capacidad; se trata de revivir una ley que firmó en 1994 Bill Clinton que vedaba la venta a civiles de armas de asalto y que establecía un límite de 10 municiones a los cargadores, la cual expiró en 2004.

Sin embargo, analistas creen que hoy es estéril hablar de regulación en un país donde se suele decir que "no hay que culpar al arma, sino a quien tira del gatillo". "Si EE.UU. fuera racional sobre el tema, habríamos actuado hace años", dice William Vizzard, de la California State University. "Hemos permitido que crecieran las armas en la población por tanto tiempo, que sería difícil poner la situación bajo control ahora. Todas las culturas tienen su idiosincrasia: las armas es la nuestra".

Esto lo reflejaba la misma Giffords, quien -paradójicamente- era una orgullosa dueña de una Glock 17. "Soy muy buena disparando", dijo en una ocasión la congresista, cual John McClane en Duro de Matar.

44% de los estadounidenses

dice que deberían hacerse más estrictas las leyes para la compra de armas de fuego. En 1990 era el 78% y en 1995 el 62%.

14 millones de armas de fuego

se vendieron en EE.UU. en 2009, según una estimación de la National Instant Criminal Background.

270 millones de armas de fuego poseen los ciudadanos particulares en EE.UU. Esto es, 85 de cada 100 personas, el mayor porcentaje del mundo.

Obama, callado

Es un lío en el que no quiere meterse. Aparte de las condolencias por la matanza de Arizona, el Presidente Barack Obama no ha dicho nada sobre alguna legislación para regular la posesión de armas, pese a que cuando juró en el cargo muchos estadounidenses corrieron a comprar pistolas, creyendo que aumentarían los controles.

"No lo hace porque el Congreso se opone abrumadoramente a cualquier prohibición en el tema de armas", asegura David Kopel, analista del Cato Institute y autor de varios libros sobre el control de armas, quien dice que Obama está de manos atadas si quiere ser reelecto.

"Hoy los políticos están advertidos de que restringir la Segunda Enmienda de la Constitución (que garantiza el derecho a tener armas) puede llevarlos a la derrota en la próxima elección. El ex Presidente Bill Clinton ha dicho que la veda a las armas de asalto fue la razón por la que perdió el control de la Cámara Baja en 1994, y esa fue la razón también por la que Al Gore fue derrotado por poco en cinco estados clave en 2000", señala.

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